Junior Jesús, un héroe africano
Homenaje a Jerry Rawlings

Que el cielo te sea ligero, JJ.

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No soy un experto en economía ni en derecho. Pero soy un experto en trabajar con el estómago vacío preguntándose cuándo y de dónde vendrá la próxima comida. Sé lo que se siente al acostarse con dolor de cabeza por falta de comida en el estómago”.

Jerry Rawlings, 1979

Jerry Rawlings, ex presidente de Ghana, murió el jueves 12 de noviembre en el Hospital Universitario Korle Bu de Accra, donde había sido hospitalizado una semana antes por complicaciones debidas a un contagio de CoVid-19. Tenía 73 años. Con “Junior Jesús”, su apodo popular formado a partir de sus nombres de pila -Jerry John-, desaparece el último gran líder panafricanista, heredero de Nkrumah, hermano de lucha de Thomas Sankara, compañero de Fidel Castro y Daniel Ortega. De todos los políticos que he podido conocer, él seguirá siendo el que más me ha impresionado en el plano humano. Testimonio.

JJ y Madiba

Estábamos a principios de 1993. Rawlings, tras haber instaurado el multipartidismo, acababa de ser elegido primer Presidente de la IV República de Ghana. Me recibió en el palacio presidencial de Accra, en el Castillo de Osu, el antiguo Fuerte Christiansborg construido por los dano-noruegos en el siglo XVII para almacenar marfil, oro y esclavos antes de enviarlos a Europa y las Américas. El ocupante del palacio tenía mucho que hacer. En el dormitorio, la cama presidencial de tres metros de ancho, en la que no dormía – prefería una estrecha cama de campamento militar – estaba cubierta con electrodomésticos que sólo él podía reparar. Me llevó al baño para mostrarme el daño después de que vimos el telediario, seguido por el pronóstico del tiempo, cuyo espectáculo lo había hecho blanquearse de ira. La meteoróloga había presentado su informe delante de un mapa de Ghana que era un lío incomprensible. Mirando el mapa, creí entender el problema. El mapa estaba cubierto con una hoja de plástico transparente en la que la Señora Meteo anotaba las indicaciones del día -lluvias, sol, temperaturas – usando marcadores borrables. Al no tener más marcadores delebles, había usado marcadores indelebles, cubriendo las indicaciones del día anterior cada día con el tipex y poniendo las nuevas indicaciones encima del tipex. El resultado después de unos días era un cuadro digno de la más desarreglada figuración libre. Le expliqué mi interpretación a JJ, quien respondió: “Durante el período revolucionario (después de su segundo golpe de Estado en 1981) los trabajadores crearon consejos revolucionarios, una especie de soviets, en todas las empresas. La única empresa que no lo hizo fue la televisión nacional”.

JJ y TomSank

Ghana a principios de los años 1990 era en última instancia a la imagen caótica del  mapa meteorológico: todo un desastre  y sólo JJ había logrado frenar el caos en el que se había hundido el país desde 1966, cuando un grupo de militares había derrocado al Padre de la Nación, Kwame Nkrumah. La Gold Coast (Costa de Oro), convertida en  Ghana independiente, tenía tres riquezas: el cacao, el oro y los humanos. Los militares golpistas habían llevado a cabo una depredación sin límites después de privatizar las empresas públicas creadas por Nkrumah. La corrupción batía todos los récords.

Rawlings había lanzado una operación radical de limpieza de los establos, apoyándose en la movilización popular, pero pronto  tuvo que ceder ante una evidencia: los ghaneses no querían el socialismo. Por lo tanto, rápidamente tomó el camino de Canossa, aceptando el Programa de Ajuste Estructural del Banco Mundial, que entre otras cosas implicaba, continuar las privatizaciones. Un ejemplo: la Black Star Line, la compañía de navegación creada por Nkrumah, retomando el nombre del proyecto abortado de Marcus Garvey, el fundador del movimiento rastafariano, que, después de la Primera Guerra Mundial, había lanzado un movimiento para traer de retorno a África a los afroamericanos. La compañía era propietaria de veinte cargueros, que fueron vendidos como parte del PAS; cuando el último carguero emprendió su viaje de Takoradi a Londres para ser entregado a sus nuevos propietarios, una parte de la antigua tripulación ghanesa se escondió en la bodega, convirtiéndose así en stowaways, polizones.

Era justamente un drama de inmigrantes clandestinos el que me traía a Accra. El 9 de noviembre de 1992, Kingsley Ofosu, un joven de 22 años de Takoradi, saltó del carguero MC Ruby en un muelle de Le Havre, en Francia, y contó su historia a los policías que lo habían recogido. Era el único superviviente de un grupo de nueve polizones, ocho ghaneses y un camerunés, que fueron masacrados frente a las costas portuguesa por la tripulación postsoviética del carguero con bandera de conveniencia, que se había llenado con habas de cacao en el puerto de Takoradi, donde Kingsley y sus compañeros eran estibadores. En París, tan pronto como nos enteramos de la noticia por el telediario del domingo por la noche, nos pusimos en marcha:  lanzamos un llamamiento, “¡Hombres al mar!”, exigiendo que la justicia francesa incaute el carguero y acuse no sólo a la tripulación, sino también al armador. El dueño no era cualquier persona: se llamaba Vlassov, vivía en Montecarlo y descendía de una familia que había huido de Rusia después de la Revolución de 1917. Se había apoderado de parte de la flota ex-soviética, comprando barcos baratos y contratando tripulaciones a través de una agencia de negreros de Odessa. A los marineros ex soviéticos se les pagaba 200 dólares al mes, mientras que a un marinero noruego, alemán o usamericano se le pagaba 4.000 dólares, a un marinero filipino 1.500 dólares y a un ghanés 900 dólares.

Los muertos de hambre de la tripulación del MC Ruby – ucranianos, georgianos, abjasios -, al descubrir a los jóvenes ghaneses en el fondo de la bodega, les habían robado todo el dinero que tenían – no mucho, pero para ellos era una fortuna: Kingsley había decidido intentar la aventura con sus compañeros después de haber ganado en la lotería el equivalente a 300 €  -, habían recuperado la carabina del comandante y habían ejecutado a 8 de los 9 polizones, tirándolos por la borda. Kingsley  logró  escapar  y esconderse bajo los sacos de habas de cacao. Para nosotros, que éramos activos en la solidaridad con los migrantes, este asunto iba a ser una oportunidad de oro para exponer públicamente las trágicas consecuencias de la liberalización del mundo, desde la antigua URSS hasta África. Y la presencia de un sobreviviente iba a permitir darle un rostro y un nombre a las víctimas. Anteriormente en el Canadá y Grecia se habían celebrado algunos juicios de marinos acusados de arrojar polizones por la borda, pero las víctimas habían permanecido en el anonimato y, por lo tanto, no habían sido representadas por las partes civiles. Esta vez, las familias de las víctimas iban a poder emprender acciones legales. Había que organizar la cosa.

Para hacerlo, tenía que ir a Ghana. Inmediatamente dicho, inmediatamente hecho. Me pongo en contacto con JJ Rawlings por una amiga, me encuentro en Accra, en el Castillo de Osu. El coloso que me recibe es un hombre muy apuesto, caluroso y bromista. Como yo, él fuma. Como se me acabó mi tabaco, me ofrece un cartón de Benson & Hedges, cuyo precio prohibitivo en el Ghana estructuralmente ajustado reservaba el consumo para los happy few (privilegiados).  Le cuento toda la historia, desplegando el llamamiento que lanzamos en París, seguido de 300 firmas, recogidas en una reunión en el Palacio de la Mutualité el 10 de noviembre. Mientras hablo, JJ está haciendo llamadas. Habla especialmente con el Ministro de la Movilización Popular (¡auténtico!). “Chief”, me dice (nunca me han llamado “jefe”), “pasado mañana podrás reunirte con las familias de las víctimas en Takoradi”. Y pasamos del salón al comedor, donde nos sirven tilapia, el pez más consumido del mundo, el mismo que Cristo habría multiplicado. Mientras que el delicado blanquito que soy  separa cuidadosamente la arista del pescado, mi teniente hornea la suya y la mastica con deleite, explicándome: « El resto de nosotros masticamos todo, incluso los huesos de pollo”.

Dos días más tarde, como prometido, me reúno con las familias de las víctimas en Takoradi, incluyendo a la joven esposa embarazada de Kingsley, que entregan sus constituciones como partes civiles. La única familia ausente será la del primer inmigrante clandestino, un camerunés embarcado en Douala, al que no pudimos identificar, a pesar de nuestra búsqueda in situ. Simplemente seguirá siendo “Joseph”. Durante la expedición a Takoradi, hablé en una reunión con 200 estibadores, organizada por el sindicato de marineros y estibadores. Todos los presentes estaban motivados y conscientes de lo que estaba en juego. En ese momento, había al menos un polizón en cada carguero que iba de África Occidental a Europa. El secretario general del sindicato me contó que pasaba el año recorriendo los puertos del mundo tratando de encontrar trabajo para los marineros ghaneses. Estos estaban llegando a niveles de salarios similares a los de los filipinos, pero el colapso de la URSS rompió el mercado, y los armadores preferieron contratar a cuatro marineros ex soviéticos por el precio de un filipino o un ghanés. Como resultado, la mitad de los 3.500 miembros del sindicato ghanés estaban desempleados. Durante nuestra reunión, JJ me había contado que durante una visita a Cabo Verde, el presidente Aristides Pereira le dijo: “Oye, JJ, ya que vas a volver en tu avión, ¿no podrías recoger a cuatro polizones ghaneses que están varados aquí, desembarcados de un carguero?” Lo que hizo Rawlings, por supuesto.

Yo había hecho dos propuestas a los ghaneses: con Rawlings, había hablado de la creación por el presidente Aristide en Haití del “Décimo Departamento”, un ministerio encargado de los emigrantes, un ejemplo seguido por el Malí posrevolucionario en 1991. Con uno o dos millones de emigrados para una población de 15 millones de ghaneses, un tal ministerio habría tenido mucho que hacer. Los ghaneses todavía recordaban la expulsión de cientos de miles de ellos por parte de Nigeria en 1983, que sólo sirvió para profundizar la debacle económica del país. Al secretario del sindicato le sugerí que considerara la posibilidad de crear una cooperativa para poner en marcha una línea de transbordadores que transportaran pasajeros, vehículos y mercancías entre Ghana y los principales puertos de África occidental.

Mis dos propuestas habían seducido a mis interlocutores, pero nunca se materializaron. Sólo un ejemplo para que se hagan una idea de la situación de ese momento: el Ministerio de Asuntos Exteriores en Accra estaba alojado en un edificio de diez pisos cuyos ascensores estaban fuera de servicio y disponía en total de una sola línea telefónica.

La familia Rawlings

Todo el mundo en Ghana tenía una historia de clandestinos para contarme. Conocí a un sobreviviente. Él y su compañero de odisea habían sido tirados por la borda por el comandante de un carguero japonés en la costa de Sierra Leona. El carguero transportaba troncos de árbol, y el comandante había demostrado una gran alma, lanzando a los dos chicos al océano con un tronco de árbol, permitiéndoles regresar a la costa sanos y salvos. En total, los dos chicos se habían embarcado con una botella de agua. No tenían ni idea del destino del buque, de la duración del viaje y del puerto en el que podrían desembarcar en Europa . A mi pregunta: “¿Pero qué os habéis dicho al embarcar?” y el chico tuvo esta maravillosa respuesta: “Nos dijimos : ‘we’ll manage it’ ( ‘lo manejaremos’). Un funcionario que pasaba por allí durante nuestra conversación, al oír esta respuesta, exclamó: “¡Ay, qué magnifica nuestra juventud!”

El juicio del MC Ruby tuvo lugar en la Corte Penal de Ruan en diciembre de 1995, en plena  huelga contra la reforma de la Seguridad Social proyectada por Alain Juppé. El armador no había sido acusado. El Sindicato Internacional de la Gente de Mar, cuya sede había visitado en Londres a mi regreso de Ghana, no había querido constituirse en parte civil, aunque habría tenido buenas razones para hacerlo, por dos motivos: las víctimas eran estibadores y los acusados eran marineros, cuyo acto empañaba la imagen de la gente de mar. El Tribunal rechazó la constitución del Estado de Ghana como parte civil. El Estado ghanés pagó a la abogada francesa de las partes civiles, representadas en el juicio por un padre y un tío de víctimas. A los acusados se les dieron penas máximas. 25 años más tarde, Kingsley Ofosu sigue esperando el pago de los daños y perjuicios decididos por el Tribunal y continúa con sus acrobacias para salir de la precariedad.

Los ghaneses son acróbatas natos. El que fue el presidente durante 20 años pudo sobrevivir durante 33 años a su hermano Thomas Sankara por esta razón: era un as de la acrobacia aérea. Que continúe sus loopings en el cielo en el que creía. Este ferviente católico me había contado la preparación de su primer golpe de Estado del 15 de mayo de 1979: “Nana, mi esposa, estaba embarazada de nuestra segunda hija, Yaa Asantewaa. Como tenía drepanocitosis, todo parto era arriesgado. Así que le dirigí una oración al Señor: “Señor, si el parto va bien, paso a la acción”. Mis deseos fueron escuchados”.

Que el cielo te sea ligero, JJ.

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Original: Junior Jesus, un héros africain
Hommage à Jerry Rawlings

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 15 de noviembre de 2020

Traductions disponibles : English