Mujeres de gran significación en tiempos idos

…un escritor puede crear una novela imperecedera, en tanto que otros especialistas pueden hacer lo mismo en el manantial de la relaciones de género.

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Efer Arocha

Aludimos a aquéllas que rompen el marco tradicional de determinada época, y por eso trascienden en lo temporal llegando hasta nosotros. En el nuevo mundo hay variados ejemplos que van desde el vituperio al reconocimiento, caso de la Malinche, traductora de Hernán Cortés y con quien tuvo un hijo. Una parte de los mexicanos de ayer y de hoy, la consideran traidora y por ende merecedora de todos los adjetivos denigrantes en los distintos idiomas que habla la población mexicana. Por el contrario, otros la valoran por sus capacidades intelectuales, con predominio de intelectuales y artistas extranjeros; iniciando porque hablaba todos los idiomas de las distintas tribus de su territorio contabilizadas en dos dígitos; consecuencialmente, era la traductora del mundo del comercio tribal; hecho que le permitió aprender de manera sorprendente en pocos días el español, lengua del que llegó como extraño, un aparecido del Mar-océano, recibido con todas las atenciones porque se le valoró como un visitante; dentro del marco anotado, es lógico su actitud, en tanto que mujer intelectual. Sobre el amor con el traducido, es hasta hoy, una fuente inexplotada por el material único que contiene; un escritor puede crear una novela imperecedera, en tanto que otros especialistas pueden hacer lo mismo en el manantial de la relaciones de género. Un filósofo tiene para indagar la fenomenología de la alteridad, empezando por el efecto en el ser femenino de los ojos azul pizarra. Qué tema  surge de ella, al representar el primer acto de mestizaje entre un foráneo y una terrígena, torrente del cual surge la mayoría de la población de América Latina.

La Malinche (detalle del fresco «Tlaxcala a través de los tiempos y su aportación a lo Mexicano» de Desiderio Hernández Xochitiotzin, realizado entre 1957 y 1995).
Retrato de Martín Cortés, ilustración del Breve compendio de la sphera y de la arte de navegar, Sevilla, 1556. Biblioteca Nacional de España

En el cacicazgo de los indígenas tainos gobernaba una mujer, poseedora de las cualidades femeninas entre ellas la curiosidad; el espacio de sus dominios se ubicaba al sur de la isla de Quisqueia, para mayor exactitud fue lo que Colón bautizó como La Española, y ahora nosotros conocemos como Haití y república Dominicana. De nombre poético; ella misma era cantante en las fiestas colectivas, llamándola flor de oro, que en lengua taina traduce Anacaona. Nació Xaragua en 1474,  se enamora del guerrero Caonabo con quien tiene una hija nombrada Higuenamota. Era en nuestro calendario un 12 de octubre de 1492, cuando de súpito aparecieron unos seres jamás vistos por sus ojos  y bellamente ataviados. Los miraba y tocaba por todas partes  para descubrirlos, seguido autoriza a las demás mujeres a hacer lo mismo. Los hombres los rodearon en posición de combate con flechas listas a matar. Los foráneos sorprendidos permanecían inmóviles sin dar la menor señal de agresividad; Anacaona ordenó darles bebidas y comida. A los días siguientes los hombres les construyeron viviendas similares a las del poblado. Colón partió dejando a 39 de sus compañeros. Los aparecidos se dieron a la tarea de violar las mujeres y cometer otras tropelías para apoderarse del metal relumbrante. La cacica que sabía perfectamente para qué sirve el poder, organizó un asalto y los eliminó a todos. Cuando el almirante regresó el 28 de noviembre encontró lo que él llamaba el fuerte de la navidad destruido en compañía de 39 esqueletos porque sus carnes la habían devorado las aves carroñeras y las hormigas carnívoras.  Se comenta que las tropas invasoras  sufrían trastornos mentales, veían a Anacaona volando y echando llamas por el trasero entre combate y combate.  Ella muere en una masacre ordenada por el gobernador  Nicolás de Ovando; nos lo cuenta un gravado atribuido a Joos van Winghe que fue publicado en 1598, en la relación de la destrucción de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas, ferviente defensor de los aborígenes. Se especula, unos dicen que fue colgada, mientras otras versiones sostienen que la pasaron por la hoguera por su rango de poder. Su muerte no es clara, ni el cómo, ni el dónde, en lo temporal pudo  haber sucedido entre 1503 a 1505. Los tainos fueron vencidos y exterminados, más por las enfermedades que trajeron sus enemigos, que por los arcabuces.  Su sobrino, Guaorocuya,  por esas ironías de lo contingente, nos cuenta en su testimonio Diego Méndez  fue a parar en manos de un cura doctrinero, Bartolomé de las Casas, antes anotado, quien le cambió el nombre por Enriquillo y luego lo convirtió  al cristianismo. En sentido inverso, su nieta, Mencia, se fue para Cuba a unirse a la resistencia de los indígenas Hatuey.  Su líder Hatuey fue capturado en combate y ejecutado por órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar, se ignora el fin de Mencia.

Los indios taínos agasajan a la reina Anacaona en un grabado de 1851 para la edición española de la obra Vida y viajes de Cristóbal Colón
La masacre de la reina Anacaona y sus súbditos. Probablemente grabado de Joos van Winghe, publicado en 1598 en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas.

Huatypán, mujer de grandes aciertos en la tarea de gobernar en la ranchería de los Yacones, puesto que hacía uso del poder en condición de cacica, además, con una cualidad poco común en el sexo femenino, igualmente en el masculino, de temperamento recio, acompañado de temple para las decisiones militares,  tenaz y aguerrida en el combate; escribió por su valor y aciertos en la guerra, una selecta página de la historia  en defensa de los suyos y contra el machismo de todos los tiempos, puesto que el foráneo se negó hablar con ella por ser mujer, un tal Pedro de Añosco, capitán preferido del ya poderoso gobernador  de Popayán, Sebastián Moyano, y que ahora llaman Belalcázar; en su misión Añasco, funda con los valores arquitecturales peninsulares, el poblado de Guacayo en 1538, a donde cita de manera pacífica entre comillas, para negociar tributos que se debía pagar al excelentísimo rey de España,  a Guacayo asistirían representantes de otros pueblos: pijaos, nasas, timanas, aviramas,  pinaos, guanacas y algunos aún hoy no establecidos. Al pagar tributos se acepta de hecho la dominación de otro que es más poderoso, dentro de la envoltura tributaria se esconde un plan estratégico del apoderamiento del sur continental incluyendo Quito y Lima de un lado, y por el otro, llegar a Cartagena. Hay varias versiones de la muerte de Buiponga, el hijo de Huatypán, la más plausible es la negación de añasco antes mencionada. Ella para cumplir en el momento envió a su hijo, mientras se preparaba para desobedecer, puesto que no pagaría ni un cobre a un venido de ninguna parte. El muchacho no habló ni una sola palabra en la reunión, asunto que el español consideró una verdadera ofensa, cuando terminaron en mensaje de escarmiento para los asistentes y pueblo en general, lo hizo atar a un árbol y lo quemó vivo. Su madre enardecida prepara la venganza, para ello organiza un poderoso ejército de 13 mil combatientes; que no obstante de la traición cometida por el cacique Pigoanza, quien le informara a Añosco de los planes miltares a quien los españoles le decían la Gaitana; justo es decir, que otros caciques eran muy amigos de los invasores. Luego de duros enfrentamientos en la batalla de Aquirgá liquidó las tropas adversarias y capturó a su comandante; atado de pies y manos, en constante vejación lo paseó por cuanta ranchería existía, en una de ellas le sacó con su flecha un ojo, dejándolo tuerto, luego en otro poblado de la misma manera le sacó el otro, ante los clamores del cura que le pedía que no le hiciera eso al prisionero, ella le ripostó, por qué no hizo lo mismo cuando estaban asando a mi hijo. El prisionero ciego caminaba por entre barrizales halado de un lazo lo seguía exhibiendo hasta cuando murió. Ella personalmente quemó el cadáver, con las cenizas se tejen historias fantásticas. Lo cierto es que tropas frescas, son enviadas una y otra vez, por los gobernadores de turno en Popayán; entre los que se cuentan  Caballero y Góngora, y Juan de Ampudia. Una a una, las tropas realistas fueron rechazadas o aniquiladas, por la táctica y estrategia militar de Huatypán. Hoy  ignoramos como terminó sus días, esta mujer sin igual en la historia de la liberación de los pueblos del nuevo mundo.

Huatypán, cacique Yalcón, la heroína indígena que los colonizadores llamaron Gaitana
Safo «La Poetisa», (siglo I d.c.) Pintura mural. Autor desconocido. Nápoles, Museo Arqueológico Nacional.

En la antigüedad sin duda, debieron existir mujeres muy poderosas, de las cuales no tenemos el menor registro. Otras se perennizaron en tanto que seres femeninos en la trama del relato religioso en el plano mitológico sobreviviendo hasta nosotros. También las hay destacándose en las distintas actividades de la sociedad: poesía, filosofía, ciencia y otras. En el campo poético en el siglo VII al V, antes de nuestro calendario, encontramos a Safo brillando entre lo más granado de la poesía, incluidos sus paisanos: los poetas líricos Alcée y Pitacos; fue émulo del famoso poeta Etisicoro. Se involucró en una ruptura social; Safo era triba pública o lesbi como dicen los escolares. Además, fundó una escuela y tuvo un significativo grupo de seguidoras que alteraban la paz social, no por sus concepciones eróticas, sino por sus conceptos filosóficos. Para entenderlo hay que ubicarse en la época, eran los tiempos de los grandes debates de la escuela Jónica, a quienes debemos hoy el método científico de la investigación, como fueron Tales, Anaximenes, Diógenes de Apolonia, Heráclito, todos ellos atomistas intuitivos.

También había mecanicistas como Anaximandro, Anexágoras, Archilao y Empedocles. Safo y su grupo hicieron una mezcla entre erotismo y filosofía, no en el plano del pensar, sino en la práctica; motivo por el que fue exiliada en el 595, como consta en la crónica de un pedazo de mármol de Paros, conservado en la actualidad en Oxford. En la ciencia y particularmente en lo educativo, un tanto más reciente, encontramos a Hipatia. Matemática y profesora de la materia en la biblioteca de Alejandría. Por ello hoy considerada la fundadora de la universidad.

Detalle identificado con Hipatia en La escuela de Atenas de Rafael Sanzio.

En lo político hay mujeres que con influencia semidirecta, como es el caso de la popular Berenice que contribuyó al ascenso al poder de maridos y familiares. Nació en Roma, hija de Agripa, casada con Marcus Alexander, luego con Herodes, posteriormente con Marcus Antonius Polermo II, amante de Titus, hijo del Emperador Vespasiano. Todas estas uniones tenían el objetivo del ascenso político acompañado de riquezas. Siendo muy joven se hizo cargo de la propaganda política de su padre, tarea que desempeñó a favor de su hermano en sus correrías políticas. En Beirut hay una placa de la época en latín donde se le reconoce benefactora al ornato de la ciudad. En Siria romana y en Atenas fue una agitadora a favor del imperio; en reconocimiento obtuvo un alto cargo. En Judea le salvó la vida al procurador Gesius Florus.

Agripina la Menor (Agripina la Joven)

La memoria guarda de manera distinta a dos mujeres que han ejercido en forma personal el poder político; una directamente y otra con cierta discreción. Agripina la Joven y Cleopatra. La primera lo ejercía con cierto velo, bástenos con citar que en las sesiones decisivas del senado romano, se ubicaba detrás de las cortinas oyendo y mirando hasta los gestos de los purpurados, para luego darle la orden a un mensajero en la dirección que debía votarse. Ella era la que elegía y dirigía realmente al emperador. Su poder se centraba en el plano militar de su escolta personal impenetrable e insobornable. Nadie se atrevía a desobedecerla, al menos que quisiera morir. Como ser poderoso disfrutó de todos los placeres de su época, llevaba una vida espléndida que la opacaba hacia el mirar exterior con un tejido de aparente austeridad para los ojos del público. Lo más suntuoso que los romanos veían en sus calles era su carroza sobre la cual se tejen leyendas; en cambio, dejaba filtrar algunos aspectos de su higiene personal. Se decía que se cubría con una gama de ungüentos, aceites, pomadas y todo lo que se conocía para embellecer el cuerpo; de lo que hay plena prueba es sobre sus famosos baños en tina con leche de burra, en los viajes continuos por el imperio, hacía desplazar doscientos asinus distribuyéndolas de a cincuenta en cada jornada, donde pernoctaba para ordeñarlas y así poder cumplir con el rito diario de la asepsia corporal. En el manejo del imperio, sus decisiones políticas son un espacio completamente ocultado; sin embargo, podemos afirmar que muchos de sus actos administrativos fortalecieron el imperio. Sobre esta mujer se teje una leyenda negra que va más allá de sus actos censurables.

Cleopatra

Cleopatra fue una figura histórica de primer rango en el plano político; hecho hoy prácticamente desconocido, porque hasta ahora predomina la versión de sus detractores y los intereses de sus vencedores, que como todos los vencedores de siempre, distorsionan la verdad para afirmarse en el poder y acrecentar su gloria. Sobre el personaje lo único que sabemos es la apreciación de historiadores que no obstante de ser algunos bastante objetivos, como es el caso de Claudio Josefo que ignoró prácticamente todo lo que con ella se relaciona; un ejemplo de esto son los diez años de permanencias y visitas a Roma, cuando era la amante de César, lapso del cual no sabemos absolutamente nada; sin embargo, Josefo en la guerra civil, entre Marco Antonio y Octavio, se parcializa cuando hace aparecer a Marco Antonio enemigo furibundo de Roma, apreciación que no es otra cosa distinta al eco de la propaganda que hace Augusto de su enemigo. De la misma manera procedió Suetonio, Apiano y Plutarco, ignoraron otros hechos importantes como fue los tres años de ausencia de Marco Antonio entre el 40 y el 37. En la política hacen presencia apólogos recalcitrantes y Cleopatra no estuvo exenta de ellos, expresión de la ideología agustiniana, aquí debe tenerse en cuenta que Augusto no es otro distinto al mismo Octavio; luego de ascender al poder absoluto, fue el peor enemigo que tuvo Cleopatra y causante de su muerte. Entre los apólogos de Augusto se encuentra los enemigos acérrimos directos de Cleopatra: los poetas Propercio y Lucarno, junto a éstos los historiadores Flavio Eutrofe, Lucio Claudio Casio y Tito Livio. Durante los veintiún años de su gobierno, en la capital imperial, Roma, y en todo el imperio, ella tuvo distintos momentos de auge y descenso en el plano de la popularidad; los republicanos fueron siempre sus enemigos centrales, con justa razón, ella era militante ferviente del partido noble que agrupaba al patriciado. No obstante, un sector del patriciado,  siempre la rechazó y conspiraron de manera constante, éstos acuñaron las siguientes denigraciones: peligrosa, enemiga de Roma, mujer perversa, ambiciosa, extranjera, bárbara e inculta. “Esto último hace sonreír”. Sus conocimientos intelectuales sorprendían a todos los patricios que la trataron y todos esquivaban ahondar en temas de cultura, puesto que ella era griega. Señalaremos apenas que dominaba diferentes idiomas: griego, arameo, medo, etíope, egipcio, hebreo y latín.

Tanto el lugar de nacimiento, al igual que su juventud son inciertos, inclusive su ascendencia. Hay una mayoría que es de la hipótesis, que su padre fue Tolomeo XII; sin embargo, Estrabón sostiene que Tolomeo XII sólo tuvo una hija, Berenice IV, mujer de armas tomar y de ambiciones y de vuelos políticos. Anti-imperialista, decidió preparar un golpe de estado contra su propio progenitor y lo derrocó, esto obligó que en el 55 Roma enviara un ejército para restituirlo en el poder y luego él se convirtió en un dictador sanguinario, persiguiendo con saña a sus opositores hasta liquidarlos, entre los cuales se incluye su propia hija. Otra hipótesis viable y bastante propagada es que Cleopatra fue una hija ilegítima del soberano. Lo que puede afirmarse es que ella era de sangre légida. Como es conocido y aceptado los macedonios gobernaban en Egipto desde el siglo IV. Su fenotipia es completamente griega, basta con mirar la serie de retratos escultóricos hechos de su cuerpo y rostro que han dado origen a uno de los grandes mitos de la belleza y sobre la cual nos referiremos más adelante.

El nombre de Cleopatra significa en griego “gloria del padre”, seis légidas que la antecedieron usaron el nombre, ella fue Cleopatra VII. Su memoria está llena de sucesos para el placer de un biógrafo riguroso y para historiadores puntuales. Sin embargo, ¿quién fue realmente Cleopatra despojada del mito y la leyenda? Para elucidar este punto hay que partir del hecho objetivo de que los tolomeos gobernaron por siglos en un territorio inmenso de riqueza incalculable y con un poder militar apenas superado por Roma. Realidad compleja que exigía manejar el poder por dirigentes políticos audaces por fuera de lo común. Cleopatra ascendió al poder dirigiendo una muchedumbre sublevada y apoyada por los generales. De inmediato emprendió reformas que la hicieron popular y la proyectaron en el tiempo, medidas que no eran fáciles porque lesionaban intereses de sectores que hacían parte de la dinastía en algunos casos, y en otros a aliados temporales o permanentes. El resultado de las primeras medidas de gobierno fue el aumento creciente de la prosperidad de Egipto, particularmente en el sector de la agricultura, éxito que se transformó en su contra porque convirtió al reino en la despensa ineludible de Roma, sobre todo en materia de cereales encabezados por el trigo. Los romanos habían tenido entre sus proyectos la anexión pura y simple de la codiciada región. La prosperidad de la administración de Cleopatra no sólo la consideraron como un botín, sino como un peligro que amenazaba la existencia del imperio. La soberana estaba consciente de las intenciones de Roma por informaciones directas y por informes secretos de sus espías. Un peligro de esa naturaleza exige a un gobernante poseer cualidades excepcionales en las áreas diplomáticas, políticas, militares, dotes de estadista y especialmente una inteligencia en el plano estratégico y táctico. Tomaremos un solo ejemplo de esta situación, el ataque realizado por Tolomeo XIII, hermano y marido de Cleopatra, contra las tropas romanas comandadas por Julio César en octubre del 48. En la batalla salió vencedor César pereciendo Tolomeo ahogado. El vencedor se tomó de inmediato Alejandría. Sostener que la belleza de la soberana cautivó y derrotó al general en batallas horizontales, es reducir la historia a la imaginación del apareamiento. Los romanos fueron un pueblo pragmático, agreguemos la pragmática militar y sumemos la de un guerrero vencedor, que tenía a su disposición la vencida y hacer con ella su voluntad, incluida la de convertirla en esclava.

La modernidad ha hecho de ella un mito a través de lo banal y muy particularmente mediante el cine la han convertido en una diva de farándula, esterotipo sustentado en verdades o mentiras aisladas. Como la frase de Blas Pascal “si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta, toda la fase de la tierra hubiera cambiado”. Como es conocido los griegos profesaban un culto por este apéndice.

Publicaremos un retrato-escultura  donde se puede apreciarse, el que a nuestro juicio puede ser el más fidedigno del personaje, vemos una nariz que encaja de manera impecable con la concepción griega, además, es la plena expresión de la nariz anquila. La estilización del cuerpo obedece a la idealización de determinados parámetros de alargamiento, delgadez y estatura de la mujer, como puede analizarse en el relieve del templo Hator donde está con su hijo Cesarión, pero apenas este modelo, es un modelo más del ideal egipcio.

Uno de los elementos decisivos corresponde a su vida y muerte que es verdaderamente una tragedia griega, que ha servido de cantera a las distintas fuentes del arte como inspiración. En el teatro, en 1574 Etienne Jodelle, montó la tragedia Cleopatra Cautiva, en el mismo sentido, 1592, Nicolas de Montreux, montó otra obra. La ópera, la música y el cine han hecho otro tanto desde entonces.

Luego de la batalla de Actium, el 2 de septiembre del 31, donde Octavio salió vencedor, Marco Antonio y Cleopatra se refugiaron en Alejandría. Era el 1 de agosto del 30, cuando Octavio entró en Alejandría y capturó a Cleopatra para llevarla encadenada a Roma y exhibirla en la vía pública. Ella con un pretexto de cambiarse la ropa entró a su aposento y se suicidó.

La muerte de Cleopatra (1874), de Jean André Rixens, expuesto en el museo Des Augustins, de Toulouse

Efer Arocha para La Pluma, 11 de noviembre de 2020

Editado por María Piedad Ossaba

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