En búsqueda de otro subsuelo de la patria capaz de sublevarse
Pistas para debatir el nuevo sujeto político del cambio, a 75 años del 17 de Octubre de 1945

Resumiendo, muchas cosas han cambiado desde la última ofensiva popular del pueblo argentino, pero la sentencia del Che permanece incólume: “El presente es de lucha, el futuro es nuestro”.-

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“¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera – en el sentido marxista del término – tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?”

Fidel Castro Ruz

De sujetos sociales a sujetos políticos

Desde que el fantasma de la última utopía global dejó de recorrer el mundo, hay un debate recurrente instalado en el seno de la militancia anticapitalista: Es el que viene indagando cuál ha de ser el nuevo sujeto social del cambio en el Siglo XXI, bajo la sospecha de que ya no es el que protagonizó las luchas más importantes del siglo pasado. 

A los efectos de establecer una mirada común, digamos en primera instancia que el de sujeto es un concepto acuñado por la Filosofía moderna, según la cual este  sería un individuo con discernimiento y conciencia de sí mismo. Eso quiere decir que somos animales capaces de diseñar nuestras propias vidas. El sujeto humano se constituye como tal en relación con lxs otrxs. Según la teoría crítica, el sujeto – además – se autoconstruye construyendo objetos. Por ejemplo, el burgués capitalista hace del dinero su fetiche. Pero así como hay sujeto de opresión, también hay sujetos emancipadores.

Un sujeto individual se constituye como sujeto social cuando interpreta y encarna el sentir y los intereses de su comunidad, ya se trate del o la mejor compañerx de curso o del o la vecinx más servicial del barrio.

En las democracias avanzadas, ese sujeto tiene la posibilidad de constituirse en sujeto de derecho.

Cuando tiene la voluntad y el poder de incidir sobre la realidad, se transforma en sujeto político, como ocurre con un líder o una lideresa (cada unx en su contexto, tanto Hugo Chávez como Berta Cáceres lo fueron)

Un sujeto político teje relaciones de poder (organizando frentes de lucha, o promoviendo infancias sanas en su comunidad) Desde una ética revolucionaria, dichas relaciones tienden a lograr el bienestar colectivo.

¿De qué modo? He aquí la diferencia entre la apelación al poder constituido o al poder constituyente. En el primer caso se optará por buscar un correlato entre la organización social y el poder institucional por la vía electoral, y en el segundo se elegirá construir poder popular independiente – de abajo hacia arriba y de la periferia al centro – a los efectos de ir prefigurando cotidianamente una nueva sociabilidad acorde a los valores de la sociedad en que se pretende vivir

Cuando a mediados del siglo XIX Marx y Engels escribían el “Manifiesto Comunista”, no cabía ninguna duda acerca de que el fermento revolucionario de la sociedad industrial que tenían a la vista era la clase obrera. Contemporáneamente, el revolucionario anarquista ruso Mijaíl Bakunin sumaba a eso el campesinado y todas las víctimas del sistema de opresión. En nuestros días, y avanzado el proceso de precarización laboral en el mundo periférico, el escritor argentino Miguel Mazzeo – uno de los más importantes intelectuales contemporáneos dedicados a reflexionar sobre las prácticas de los «nuevos movimientos sociales» –   se hace eco del concepto de pobretariado acuñado por Frei Betto, para definir al variado abanico de marginalizados y empobrecidos, quienes obviamente siguen siendo trabajadores pero que están cada vez más a merced de las fuerzas del capital.

A esta altura, cabe señalar que en nuestro país la desaparición de las grandes tradiciones políticas de masas del Siglo XX ha derivado en la emergencia de ese nuevo movimiento social del Siglo XXI que, eclosionando hacia el Argentinazo de 2001, recela de la centralización y de la delegación de autoridad, se resiste al control buscando autonomía, no necesariamente propone estrategias globales a la sociedad, y carece de un centro de gravedad aglutinante.

Las clases sociales, aunque golpeadas fenomenalmente por esta ola neoliberal, siguen existiendo, siendo el concepto de pobretariado una buena descripción del fenómeno de empobrecimiento generalizado, aunque no reemplaza la idea de lucha de clases como motor de la historia, sino que la complementa.

De clase obrera a clase trabajadora

Como señaláramos antes, durante el Siglo XX y bajo el paradigma metalmecánico, el marxismo caracterizó como sujeto político al proletariado industrial, y el peronismo al movimiento obrero organizado. En la transición entre dos siglos, el capitalismo productivo se convirtió en financiero. En consecuencia, el Sur Global vivió severos procesos de desindustrialización y merma de la afiliación sindical. Contratos “basura” sin prestaciones laborales, tercerización o subcontratación, deslocalización laboral, virtuales situaciones de esclavitud en muchos casos, retroceso en las ocho horas como jornada laboral universal, aumento del trabajo infantil, y sobreexplotación de la mano de obra femenina fueron algunos de los signos de la época. La consolidación de un sindicalismo empresario ensanchó la brecha con el sindicalismo combativo de base. Y el avanzado proceso de destrucción de nuestra economía también incrementó la tensión entre los trabajadores formales – que se volvieron más conservadores en defensa de sus empleos, dada la desocupación creciente – y los trabajadores informales.

No obstante, Argentina es el segundo país con mayor cantidad de sindicalizados de Sudamérica, después de Uruguay. La estadística muestra que los trabajadores bajo relación de dependencia son 6.197.131 en el sector privado (1,1% menos que un año atrás) y 3.136.127 en la administración pública (0,7% más que doce meses antes) Un cuarto de los trabajadores están afiliados a un sindicato y representan el 40% de los asalariados registrados. En el sector público, el rubro con mayor cantidad de afiliados es Enseñanza y en el privado, Transporte y Alimentación.

Por otra parte, corresponde subrayar que el capitalismo financiero no modificó las reglas de explotación capitalista, lo cual mantiene vigente el debate acerca de si ha desaparecido el viejo sujeto social de la explotación capitalista.

De la economía de subsistencia a la Economía Popular

Así describe el sociólogo José Seoane, Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), el punto de inflexión entre el sujeto social que predominara durante el Siglo XX y el que irrumpe en el Siglo XXI: “Hacia fines de los años 90, la aparentemente inconmovible hegemonía conquistada por el neoliberalismo fue puesta bajo cuestionamiento por una diversidad de sujetos que signaron la escena política y la conflictividad. Surgidos de las profundidades de las selvas y sierras; de las periferias de los latifundios, circuitos comerciales y centros urbanos; desposeídos o amenazados por la expropiación de sus territorios, trabajos y condiciones de vida; estos movimientos – que desde algunos estudios se llegaron a considerar incluso una imposibilidad sociológica o circunscriptos a la demanda de inclusión – convergieron con otros urbanos; de trabajadores ocupados, vecinos, mujeres, estudiantes; para irrumpir en la ciudadela de la gobernabilidad neoliberal y abrir, en muchos de nuestros países, cambios sociopolíticos que, con diferentes intensidades, se distanciaron o confrontaron con las políticas del Consenso de Washington.

A la fecha, podría considerarse que la mayor parte de lxs trabajadorxs informales argentinxs responden a pautas de una economía de subsistencia subsidiaria del Estado, mientras que una propuesta consecuentemente anticapitalista debería apuntar a la autogestión de los recursos en manos del pueblo, fenómeno que, de concretarse,   se haría acreedor – con mayor rigor conceptual – a la denominación de Economía Popular.

Cabe puntualizar, a su vez, que si bien el movimiento obrero conserva considerable capacidad de movilización merced a sus estructuras gremiales y fondos, sus reclamos se han ido tornado cada vez más reformistas, mientras que los de buena parte del movimiento social – como los reclamos por tierra para vivir y producir soberanía alimentaria – tienden a expresar un mayor grado de radicalidad.

¿Sujeto único o plural?

A la hora de considerar al sujeto político en ciernes a partir de variables de clase, raza – como lo exigía el amauta  Mariátegui -, género, y edad, conserva vigencia  el interrogante acerca de si, por ejemplo,  las mujeres y disidencias , lxs ecologistas, y los pueblos originarios serían sujetos en sí mismos o causas de un sujeto superior y más abarcativo.

Sobre este particular existen opiniones encontradas. El investigador de la Universidad de Sinaloa (México) Robinson Salazar, por ejemplo, ensaya el siguiente argumento: “…el nuevo sujeto político se arma por asociación (convergencia) y no por síntesis, esto quiere decir que no es una alianza proactiva, con plazo perentorio ni basada en acuerdos para usufructuar recursos. Es un engranaje similar al de una mazorca de maíz, donde cada grano va dotando de significancia y sentido al sujeto político; no es una pieza ni la suma de ellas lo que da naturaleza al sujeto, porque negaría la participación de los otros, los reclamos agregados, la territorialidad de cada una de ellas, los tiempos políticos de las movilizaciones y el énfasis en la insumisión.

Señalemos por último que si la hegemonía no se da en lo material no se da en la subjetividad. La burguesía es hegemónica porque ha logrado mantener un sistema de producción que genera ideología y sentidos comunes, como señalara Gramsci.

Abundan los ejemplos: “La torta no alcanza para todxs”, “si gana el rico gana el pobre”, “el descontento político se canaliza por vía electoral”, etc.

Estudio de casos

Al cabo de la sucinta reseña encarada, y sin ánimo alguno de clausurar los debates que esta nota recoge y otros, también resulta pertinente interrogarse acerca de si en el sistema – mundo vigente  sería imprescindible que existiera un sujeto político global único, pasible de generar sobreentendidos tan holísticos como “proletarios del mundo uníos”. A propósito de ello, revisemos brevemente algunas experiencias contemporáneas de muy diverso cuño.

La insurrección urbana de Black Peoples Matter (EEUU)

Dicha organización fue fundada por tres lideresas de la comunidad afroamericana: Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi. Aunque Black Lives Matter se declara libre de jerarquías, ellas son el rostro más visible del movimiento. Su ideario tiene una filosofía transversal que une la lucha de los derechos civiles de la comunidad afroamericana al feminismo y la visibilidad trans.

Las comunidades latinas respaldan con entusiasmo las protestas de Black Lives Matter, al tiempo que ejercen presión para que se reconozca el racismo sistémico que también enfrentan.

En el surgimiento del movimiento, además de un componente racial, existe un componente de clase. No se debería  pasar por alto que el apoyo a las protestas por parte de organizaciones de derechos civiles, cuyas membrecías se obtuvieron principalmente de la clase media negra, ha sido muy limitado. La razón puede deberse a que, al igual que sus contrapartes blancas, los negros de clase media están interesados en aplicar medidas duras de lucha contra el crimen, para protegerse a sí mismos y sus propiedades de los delincuentes (negros o no) Por tanto, al darse casos de brutalidad policial desmedida e injustificada hacia delincuentes menores con un componente racista, estas asociaciones miran para otro lado. 

Indignados autoconvocados x redes: Del 15M a Podemos (España)

El 15M fue un movimiento cívico surgido a partir de la movilización convocada por varias organizaciones para el 15 de mayo de 2011 en España y algunos países europeos.

Si nos atuviéramos, por ejemplo, a los datos de Madrid, en primer lugar se podía observar que no había diferencias en relación con el género, había una participación equilibrada entre hombres y mujeres. Con respecto a la edad, predominaban los jóvenes (dos de cada tres tenían edades comprendidas entre los 20 y 35 años), si bien había 15 por ciento de personas entre los 50 y 68 años. Respecto a su posición en el mercado de trabajo, más de la mitad de los participantes tenía un trabajo remunerado y había un grupo importante de estudiantes (45%) No obstante, existía en la gran mayoría una preocupación por el desempleo. En relación con el nivel de estudios, la mayoría estaban en la universidad o eran egresados universitarios (67%)

Sus aportes en términos de organización política fueron recogidos en la estructura inicial de Podemos: La toma de decisiones desde las asambleas, la transparencia en las discusiones, el cuestionamiento a la democracia representativa y al sistema de partidos formaron parte de las estructuras, mecanismos y discurso político de ese nuevo partido. Como se sabe, esa fuerza – tan socialdemocratizada como oportunamente ocurrió en Grecia con Syriza – hoy forma parte de la coalición gobernante en su país, recibiendo severas críticas por parte de la izquierda anticapitalista.

Cóctel de viejas y nuevas tradiciones de lucha: La Primera Línea (Chile)

Así se denomina un colectivo de manifestantes, en su mayoría encapuchados o con el rostro parcialmente cubierto, dedicados a enfrentar físicamente a Carabineros de Chile en el contexto de las protestas chilenas de 2019/20. En palabras de uno de sus miembros, “se trata de disputar el poder de las autoridades”. Está compuesto por una variedad de ciudadanos individuales y organizaciones de base llamadas “clanes”, que carecen de autoridad central. Una amplia gama de espacios apoya a la Primera Línea brindándoles ayuda, alimentos y asesoramiento legal. Los miembros son de diversos orígenes, incluidos trabajadores, inmigrantes, estudiantes universitarios e hinchas deportivos. Estos últimos, así como muchxs pibes inorgánicos de barriadas populares entrarían dentro de la categoría clásica de lúmpenes, sin desmedro del efecto formativo que la acción directa produce en sus respectivas conciencias.

Los miembros de la Primera Línea tienden a asumir roles distintos, como portadores de escudos, lanzadores de piedras, extintores de granadas de gas lacrimógeno, honderos, punteros láser y medicamentos para gases lacrimógenos. ​ Entre estos, los punteros láser son los más numerosos y su función consiste en interrumpir la vista de la policía; sin embargo, hay casos en los que los punteros láser han derribado drones de vigilancia.

Toma de tierras en Guernica: Invaluable experiencia del pobretariado (Argentina)

La de Villa Numancia – en la localidad de Guernica, Partido de Presidente Perón, Provincia de Buenos Aires – ha venido siendo la más vasta ocupación de tierras de los últimos tiempos, con alrededor de 2.500 familias (unas 10.000 personas) distribuidas en alrededor de 100 hectáreas. La composición social de dicho contingente – predominantemente integrado por jóvenes -, a grandes rasgos, consiste en laburantes, changarines, desocupados, y precarizados acogidxs al Ingreso Familiar de Emergencia, madres solas, y niños durmiendo bajo la más impiadosa intemperie. Alrededor de 540 personas cargan con causas penales. A lo largo de más de dos meses, apoyada por el Frente de Lucha y La Gremial de Abogados, la Coordinadora de Delegadxs Vecinales se ha movilizado intensamente y avanzado en su organización, sorteando el asedio de supuestos propietarios, sicarios del municipio, y jueces favorables al negocio inmobiliario, logrando además la solidaridad de toda la militancia consecuente y la atención – para mal o para bien – de medios audiovisuales, gráficos y radiales nacionales y extranjeros. Dicha pelea ha revelado como pocas el verdadero rostro de un Estado Nacional y Provincial totalmente fragmentados, sin visión estratégica, poder ni voluntad para ofrecer soluciones de fondo. Más bien, en todo momento – y pese a la reiterada oferta de planes de contingencia por parte de la defensa de los afectados – ha sobrevolado la pésima disposición de un funcionariato mejor dispuesto a comprar a los vecinos con espejitos de colores o amenazar con el garrote. Es más, si no fuera por el apetito por los cargos que demuestra la clase política, el Plan de Viviendas y Lotes que trae de los pelos el gobernador Kicillof bien podría haberse anunciado al día siguiente de su asunción, y no minutos antes del anteúltimo plazo de desalojo de la ocupación más importante del país, criminalizada por oficialistas y opositores en plena sintonía, toda vez que lo que pone en tela de juicio es justamente la propiedad privada, y el bajísimo techo de posibilidades de cambio que ofrecen los progresismos latinoamericanos. Aún así, cualquiera sea el desenlace final de dicha resistencia, ya resulta incontrastable que uno de sus seguros saldos será la consolidación de un activismo de base prácticamente inexistente cuando la misma se originó y un precedente de unidad en la acción por parte de las organizaciones intervinientes que será imprescindible atesorar para afrontar las luchas por venir.

A propósito de este tipo de luchas en curso – y del tema central del que se ocupa esta nota -, el abogado Roberto Perdía señala con acierto que “Los cordones periféricos de las grandes ciudades y los campesinos pobres del interior, con tierras que apenas alcanzan para sobrevivir, pueden ser una buena palanca para demostrar que hay otro tipo de vida. Ello, además, permitirá ir creando las condiciones y posibilidades de un sujeto social agrario. Éste debe ser capaz de protagonizar la necesaria reforma agraria integral que haga posible la restitución a la comunidad de aquellas tierras de las que ésta fuera despojada para transformarlas en mercancías al servicio de unos pocos dueños de todo. A ese respecto, cabe recordar que todas las experiencias no capitalistas surgidas hasta ahora en la historia se dieron en sociedades poco o casi nada industrializadas, con gran base campesina, como Rusia, China, Cuba, Vietnam, Corea, o Nicaragua.

En consecuencia, vamos a coincidir con el politólogo argentino Marcelo Colussi, cuando escribe: “Esperar la movilización de las ‘grandes masas proletarias’ para acometer una nueva toma ‘del palacio de invierno del Zar’… sería un dislate. La realidad impone que hoy la madera del posible sujeto revolucionario está dada por otra cosa: jóvenes desocupados de los barrios marginales, quizá muy próximos a ingresar en una pandilla, o madres solteras que sobreviven como vendedoras informales, quizá inmigrantes indocumentados o movimientos étnicos que reivindican su cultura ancestral así como sus territorios históricos de los que fueron despojados, campesinos sin tierra desposeídos de sus parcelas por los cultivos de agroexportación, habitantes de los interminables cinturones de pobreza urbana… Esa amplia sumatoria de descontentos y no un proletariado organizado sindicalmente pareciera ser hoy el verdadero fermento que puede encender procesos de transformación. Temáticas que algunos años atrás, no sin cierta cuota de dogmatismo, se veían como productos marginales (lumpen-proletariado), pasan a ser hoy la chispa que puede disparar cambios”.

Resumiendo, muchas cosas han cambiado desde la última ofensiva popular del pueblo argentino, pero la sentencia del Che permanece incólume: “El presente es de lucha, el futuro es nuestro”.-

Jorge Falcone

Editado por María Piedad Ossaba

Fuente: Blog de Jorge Falcone, 1 de octubre de 2020

Lea en la Pluma:

Argentina- Toma de tierras: la lucha de clases urbana

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