Burda intromisión gringa en Colombia

Los Estados Unidos a través de sus mandamases interfieren en las desiciones internas de Colombia. Se inmiscuyen en la vida del país al que continúan considerando como su patrio trasero

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La detención domiciliaria del expresidente y senador Álvaro Uribe ha mostrado varias facetas sociales en el ámbito interno, donde, según encuestas y otras maneras de medir opinión, la expresión popular mayoritaria ha respaldado la medida dictada en derecho por la Corte Suprema de Justicia. El uribismo, que se desgañitó con amenazas de incendiar el país, arde en las llamas de la impopularidad y de su propia inquisición.

Y mientras las huestes —en trance de disminución— de los fanáticos del señor del Ubérrimo (que tiene ahora su enorme latifundio por cárcel, como lo señalan con guasa varios caricaturistas) desafinan con sus intentonas de desconocer la decisión de los cinco magistrados sobre la medida de aseguramiento, el presidente Duque (bueno, para ser precisos, el subpresidente) ha llamado, como cipayo subdesarrollado que es, a un alto funcionario gringo para que desbarre desde la metrópoli.

Mike Pence pide libertad para expresidente Uribe y lo llama ‘héroe’

El vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence, en otra aberrante intromisión en los asuntos internos de un país soberano, dijo, en una clara presión contra el poder judicial colombiano, que al encartado Uribe se le permita defenderse como “hombre libre”. No solo se trató de una petición extravagante, sino de una abierta injerencia. Bueno, que llame “héroe” a Uribe, un peón que ha sido de la política externa de Washington, no es extraño. Hay que recordar que este “héroe” (las mamás de Soacha, por ejemplo, no creo que estén de acuerdo con esa denominación) apoyó la criminal invasión estadounidense a Irak.

Pero qué descaro. Otra vez, en lo que ya es una tradición centenaria, los Estados Unidos a través de sus mandamases interfieren en las decisiones internas colombianas. Se inmiscuyen en la vida del país al que continúan considerando como su patio trasero. Y todo esto ante la servidumbre en este caso de un muy cuestionado presidente que ya en distintas ocasiones ha dado muestras de su obsequiosidad y postración ante el yanqui.

Y al tiempo que Pence babeaba con su palabrería burda e imperial, algunos uribistas ya se habían desgarrado las gargantas pidiendo constituyentes, eliminación de las cortes, referendos contra decisiones judiciales y, a través del fantoche que funge como primer mandatario, solicitaban la intervención del patrón Donald Trump en asuntos que, en rigor, no le conciernen. O sí: desde los ojos de la superpotencia, Colombia sigue siendo una neocolonia que hay que mantener como guardiana de los intereses de la Casa Blanca en la región.

Buenos oficios prestó el ahora detenido Uribe a los Estados Unidos y a las corporaciones transnacionales. En sus dos gobiernos lideró privatizaciones, autorizó bases militares yanquis y apoyó el bandidaje expedicionario de Bush a Irak, como único país suramericano que observó complacido esa violación flagrante de soberanía y agresión imperialista contra un pueblo. Larga ha sido, por demás, la política de sumisión ejercida por distintos gobernantes, desde los días, para no ir más atrás, del Respice Polum del blandengue Marco Fidel Suárez, que puso a los Estados Unidos como “estrella polar” para guiar su política de entrega. La misma fórmula que han seguido al pie de la letra todos los presidentes que desde entonces hasta ahora han sido en esta que la gringada todavía considera como una “república bananera”.

Decía que la detención de Uribe ha mostrado, de un lado, la decadencia del que en un tiempo también se le denominó el “emperadorcito” y, del otro, las ganas de su ya muy desplumado gallinero de interferir en la decisión soberana de la Corte Suprema de Justicia. Y como una especie de pataleo, por lo demás antipatriótico, el jefe de Estado, en vez de respetar la separación e independencia de los poderes, volvió a doblar la cerviz frente al amo extranjero.

Los conmilitones del expresidente prosiguen, aunque cada vez con más afonía, con sus pretensiones de desconocer el Estado de derecho. No se quieren enterar que han perdido cartel, que ya no influyen en la mayoría de gente. Tantas violaciones de derechos, tanto cercenamiento de reivindicaciones, tantas conculcaciones de conquistas laborales y de otra índole contra la población, hacen que al uribismo le espere un entierro de tercera, cuya defunción se verá en las urnas electorales.

Para miles de desplazados, para los que quedaron sin tierra, para los que perdieron hijos en aquella macabra faena de los “falsos positivos” o crímenes de Estado, el que un gringo por más vicepresidente que sea del imperio diga que Uribe es un “héroe” (una de las palabras que en Colombia se envilecieron, como probo, respetable, honor…), no deja de ser una burla al dolor de innumerables víctimas.

Es mejor, míster Pence, que deje de delirar y entrometerse. Y a su lacayo le mandan decir que no sea tan servil (es probable que le haya dicho a Mike, así en confianza, que Uribe le mandó saludes). Lo que sí parece seguir igual, con detención o sin detención del capataz, es el permanente besamanos de Duque a la patronal washingtoniana.

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 18 de agosto de 2020