El viejo Da Silva. Ruben Blades Live

Murió viendo el anochecer en su sillón, apretando el viejo anillo que su esposa le dejara “y por mucho que trataron, su mano abrir no pudieron…”.

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Cantautor: Rubén Blades
Género: Salsa
Album Maestra Vida, Segunda parte

Maestra obra: “Probablemente lo más anticomercial que se haya hecho jamás en el mundo de la salsa”, pregonó Rubén Blades en el año 1983, cuando lo entrevistaron y le preguntaron sobre el sentido del álbum de salsa más complejo y dramatúrgico que se haya producido en la historia. Así, ‘Maestra Vida’ es un compendio de situaciones y vivencias que parecen haber sido sacadas de los barrios más populosos y abundantes de América Latina. Un disco hecho con maestría y suprema sobriedad, sin dejar de lado el sabor y las exquisiteces que han hecho del latino la imagen de un tipo despreocupado y bohemio; pero que a su vez recorre los campos más tristes y deprimentes que puede experimentar un habitante de cualquier país subdesarrollado. 

Segunda Parte:

Epílogo: La última rola instrumental de la producción, pero que a su vez da inicio a esta, por demás triste y reflexiva, segunda parte. Ya no hay amanecer, ahora se viene el ocaso, y la melodía nos conduce a la voz de Quique Quiñones, quien, ya pasado de tragos, comienza a narrar el desenlace de cada historia iniciada en la primera etapa.

Carmelo, después (el viejo da Silva): el punto orgásmico de la tristeza, capaz de arrancar lágrimas a cualquiera que pueda sentirse en algo identificado, “Carmelo, después” narra la historia desgraciada de quien alguna vez fuera el muchacho más famoso y querido de la barriada; ahora sufriendo por la pérdida de la mujer de su vida, y con el profundo pesar de no saber nada de Ramiro ( su único hijo en prisión). Murió viendo el anochecer en su sillón, apretando el viejo anillo que su esposa le dejara “y por mucho que trataron, su mano abrir no pudieron…”. Hacia el final de la canción se escucha el pregón “juro que hasta la muerte no dejaré de quererte…”, dándole un final desgarrador, aunque algo esperanzador.

¡ Qué viejo se ha puesto el sol! pensaba el viejo DaSilva,
recostado en su sillón, despierto y soñando a ratos.
Contemplando los recuerdos entre el humo del tabaco,
en su humilde habitación de mobiliario barato.

De Ramiro no sé nada; ni una carta he recibido,
y aunque sé que es el destino que todos los hijos partan
no sé cómo olvidan tantos sacrificios compartidos
y se van buscando caminos, cuando el viejo no hace falta.

No hay cortesía o derecho para aquél que llega a viejo;
se nos trata desde lejos, con hipócrita respeto.
No me quieren dar trabajo y no me quiero mendigando.
Con el Seguro Social, pa’ vivir de a vaina alcanzo
y entre éstas cuatro paredes presiento la muerte llegando. (bis)

Qué vieja que está la tarde! pensaba el viejo DaSilva,
mirando las golondrinas desde la banca del parque.
A veces pa’ levantarme necesito que me ayuden,
y aunque avergonzado estuve, doy las gracias y camino,
y cuanto perro me encuentro la quiere coger conmigo. (bis)

Manuela, si tú vivieras, quizás tendría una esperanza
ay, Manuela, si tú vivieras, quizás tendría una esperanza,
pero estoy solo mi vieja! y ésta espera cansa,
es que estoy solo mi vieja y solo esperar cansa.

Qué vieja que está la noche! pensaba el viejo DaSilva,
y apretaba el viejo anillo, que Manuela le dejara;
y apretaba el viejo anillo, que su vieja le dejara.

Y alli mismo lo encontraron, en aquél sillón sentado, Muerto!
entre el polvo y los recuerdos, mariposas del pasado.
Y por mucho que trataron, su mano abrir no pudieron,
y por mucho que trataron, su mano abrir no pudieron.

Dios te bendiga Carmelo; a Manuela y a los viejos. (bis)

Editado por María Piedad Ossaba