África en nuestra cultura

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Introducción:

A propósito del Día mundial de África y en medio de la lucha que sostienen esos pueblos hoy por la integración y contra el subdesarrollo, resultado de la explotación colonial y neocolonial que han sufrido durante más de 600 años, es necesario a modo de reconocimiento remembrar la significación del legado de este continente para la cultura cubana. Las cuantiosas riquezas de que se apropiaron las potencias coloniales del siglo XVI, a partir de la cacería y el mayor comercio de seres humanos que haya conocido la humanidad generaron los males de que padece hoy este continente mártir.

África es hoy una de las regiones más pobres del mundo a pesar de sus inmensas riquezas naturales por lo que tiene que enfrentar múltiples desafíos: económicos, políticos, junto al impacto del cambio climático, las migraciones, las epidemias como las del Ebola y ahora más recientemente la Covit 19 entre otros, a este territorio nos unen lazos solidarios y profundos lazos culturales por el amplio legado dejado cuyas múltiples manifestaciones son apreciables hoy en Cuba.

“… Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”[1] La cultura cubana está indisolublemente ligada a la historia de la nación, esta no existió siempre, sino es resultado de un largo proceso histórico, vinculado al desarrollo social, de ahí la estrecha relación: historia-cultura-sociedad.

El presente artículo tiene como objetivo valorar la importancia del legado africano en la cultura cubana. Pues constituye un acercamiento desde la Historia de Cuba a lo que representó la presencia africana en el proceso de formación de la nacionalidad y la nación cubana, que no siempre recibe un tratamiento adecuado en nuestros programas de disciplinas y asignaturas y por tanto influyen en la formación cultural identitaria de las sucesivas generaciones de cubanos.

Desarrollo:

Son múltiples los factores que inciden para afirmar que en la sociedad cubana de hoy persisten prejuicios, rezagos, lastres heredados de la sociedad colonial y republicana, racistas y discriminatorias, en nuestra sociedad se reproducen hoy prejuicios y estereotipos raciales negativos que amenazan con reinstalarse en la macroconciencia social, si bien fueron eliminados de los marcos institucionales y gubernamentales desde el triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959.

La marginalización que sufrieron los pueblos africanos en América desde los tiempos de la colonia, aún continúa latente. Su presencia y sus aportes no están incluidos en muchos de los programas de las escuelas; los centros de enseñanza superior no ofrecen, en todos los casos, cursos sistemáticos dirigidos al conocimiento de sus culturas en tanto baluarte en la historia, la cultura y la identidad de nuestros pueblos.

Nuestros planes y programas de Historia aun presentan un enfoque eurocentrista de los fenómenos y procesos históricos que se desarrollan en América y en Cuba, aún el negro y el mulato apenas aparecen en nuestros textos, careciendo de una historia social, que no debe desarrollarse al margen, sino como parte del proceso de formación de la nación y la nacionalidad cubana, reconociendo en su justa medida lo que aportó a nuestra cultura e identidad el continente africano, afectando la visión real del proceso histórico cubano y por tanto, las verdaderas raíces de nuestra cultura e identidad.

Por ejemplo cuando se habla del “descubrimiento”, “encuentro”, “choque” de culturas, solo se menciona al Viejo y al Nuevo Continente como si África hubiera estado ausente de este hecho, se omite que con Colón venían hombres de aquellas latitudes, porque ya en España y Portugal había presencia africana, así como, la enorme masa de negros esclavos que se introdujeron a lo largo de casi cuatro siglos de dominación colonial.

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Colón llevó esclavos negros en su segundo viaje a América

El legado humano y sociocultural africano en la formación histórica de nuestros pueblos es un complejo campo del conocimiento multidisciplinario, que merece ser estudiado con profundidad, por su altísimo nivel de significación, reconocer las marcas dejadas en nuestras culturas e identidades es esencial para el ser social americano y representa en la actualidad saldar la deuda que tenemos con África.

En la medicina tradicional, la magia, la religión, la música, la danza, en la oralidad, la ética, en las formas de cocinar, los hábitos alimentarios, los refranes, las leyendas, la preferencia por ciertos colores, en las ansias de libertad y las formas de resistencia a la dominación de la cual el cimarronaje fue la cuna, en los palenques, las sublevaciones esclavas,… encontramos huellas de las raíces africanas de nuestra cultura e identidad.

Para entender el complejo proceso de formación de la nación y la nacionalidad cubana y por tanto de la cultura cubana hay que ir a las raíces del proceso histórico cubano, sus particularidades, sin excluir su relación con lo universal y regional. Para estudiar el legado africano con el requerido nivel de significación y actualidad hay que revelar los elementos históricos, económicos, sociales, psicológicos, lingüísticos, jurídicos, teológicos, éticos, estéticos del propio proceso de formación de la nación y la nacionalidad cubana.

Al señalar la necesidad de estudiar el legado de África dentro del curso histórico general del desarrollo, es preciso destacar, que no hay que verlo como añadidura a nuestros programas y clases, sino como parte integral del proceso de formación de la identidad cubana y latinoamericana. Al incorporar la raíz africana a la Historia se hará más comprensible el proceso de transculturación como proceso global que produjo además del crecimiento de las fuerzas productivas, una pluralidad de bienes culturales: lenguas, tradiciones orales, religiones sincréticas entre otros aportes no menos importantes.

Cierto es que América es una y diversa en su pluralidad, pues al abordar las raíces de nuestra identidad hay que destacar el papel jugado por todas las etnias que la conforman: aborigen, europeas, africanas, asiáticas en su conjunto y de la cual nuestro país no constituye una excepción. La esclavitud africana tanto en Cuba como en América tiene un denominador común: el negro africano convertido en esclavo que es una mercancía.

La expansión europea trajo nefastas consecuencias para el continente africano sus pueblos fueron obligados a convertirse en suministradores de fuerza de trabajo esclava, al saqueo de sus riquezas naturales que contribuyeron a la larga al triunfo de los imperios mercantiles y el establecimiento de los europeos en América, para más tarde financiar con el propio comercio de esclavos la revolución industrial.

Desde el siglo XV, los viajes de exploración de los portugueses por las costas africanas atlánticas y sus primeros contactos hicieron posible el transporte de africanos hacia el continente europeo, principalmente hacia la península ibérica, se calcula que anualmente fueron embarcados alrededor de 3 500 esclavos destinados en su gran mayoría al servicio doméstico, de esta manera, nació el negro cosificado, despersonalizado, sin identidad, convertido en mercancía. Estos se reprodujeron y alcanzaron un número significativo en algunas ciudades como Sevilla.

El fenómeno de la esclavitud en Cuba hay que asociarlo como en el resto de América al propio proceso de conquista y colonización. Hay evidencias de que en la tripulación de Cristóbal Colón vinieron enrolados negros, ya desde 1501 la Corana permitió el comercio de esclavos hacia el nuevo mundo y que los primeros cargamentos de negros procedían precisamente de Europa con destino a La Española y Nueva España, Cuba no es ajena a este proceso, podemos señalar que la entrada de cantidades importantes de esclavos comienza a partir de 1590 cuando se autoriza el fomento de la producción azucarera en los ingenios.

En esta primera etapa el negro esclavo es una fuerza supletoria de la indígena y complementaria en las actividades de conquistadores y colonizadores en las construcciones y los servicios.

Los negros se clasificaban en:

    • Ladinos: Aquello que conocían algún oficio o estaban disciplinados para el trabajo dentro de la civilización europea, conocían el español, provenientes fundamentalmente de España y Portugal.
    • Bozales: Los que provenían directamente de África no conocían el español y presentaban dificultad para hablarlo provenía de múltiples etnias y metaetnias. 
    • Negros horros o libres: Aquellos que habían comprado su manumisión según lo legalmente establecido, vinculados a la economía de los servicios.

Estos últimos fueron creciendo como sector productivo vinculados a la economía de servicio directamente relacionado con los oficios en el siglo XVII, los que llegaron en condición de esclavos habían comprado su manumisión y libertad, otros, ya libres ganaron la condición de vecinos y solicitaron incluso a los cabildos mercedes de tierra.

Sobre la procedencia de los negros llegados desde África existen más de 1.219 denominaciones de esclavos africanos y sus descendientes criollos. El 95,53% de los negros africanos provienen de África subsahariana. No voy a tomar a pie juntilla ninguna, solo voy a citar algunas de las etnias más significativas por su presencia en Cuba y entre paréntesis los actuales países de procedencia, aunque es preciso señalar que cada etnia tiene a su vez metaetnias que se diferencian: Arará (Ghana, Nigeria, Togo, Benín), Carabalí (Camerún, Nigeria y Togo, Congo (Congo, Zaire, Agola, Uganda, Gabón) Gangà (Guinea Bissau, Sierra Leona, Liberia, Senegal, Mali), Lucumí o Yoruba (Nigeria), Mandinga (Sierra Leona, Guinea, Liberia, Costa de Marfil, Senegal, Gambia) Macua (Mozambique, Tanzania, Sudáfrica, Madagascar, I. Reunión)

Fernando Ortiz uno de los más destacados etnógrafos cubanos, hace referencia a los llamados Negros Curros del Manglar: “Negros y mulatos originarios de Sevilla y peculiares de La Habana, se distinguieron por su lenguaje, vestidos y sus adornos (Camisa, pantalón, calzado, sombrero, pañuelo, aretes y anillos) por sus andares y su mala vida de crimen y valentonería, siempre armados de cuchillos, retadores, referteros y fáciles a las cuchilladas.” (Fernando Ortiz, Los Negros Curros, pág. 17) y se asentaron en la Habana de extramuros: Jesús María, Los Sitios, Atarés, etc.

La esclavitud significó para África el saqueo y la privación de su fuerza de trabajo más joven, frenó la posibilidad de progreso, los africanos traídos al nuevo mundo eran privados no solo de su libertad, sus espacios vitales cotidianos sino que fueron obligados a un proceso de deculturación. El desarrollo de la esclavitud en nuestro país como parte de América está fuertemente ligado al factor económico y dentro de este al desarrollo de la producción azucarera como resultado de su dependencia al mercado mundial.

Para tener una idea de la cantidad de negros africanos que entraron en Cuba entre 1512 y 1865 y su vinculación directa con la actividad económica, fundamentalmente la evolución de la producción azucarera pueden observar a continuación algunas cifras ilustrativas que facilitaran la comprensión del proceso histórico.

• 1512-1763————– 60.000
• 1789-1820————– 236.000
• 1820-1827————– 28.000
• 1827-1841————– 120.000 ( Datos tomados de fuentes varias)

La rápida multiplicación del ingenio y los cafetales hacia finales del siglo XVII, con dotaciones de esclavos más o menos numerosas hizo que España reforzara la política de control hacia la población negra, libre o esclava con nuevos recortes en su accionar social, adicionadas a las ya expuestas en las Ordenanzas de Cáceres de 1.574, éstas estaban encaminadas a subrayar y mantener las diferencias entre los diferentes estamentos sociales. El incremento del número de esclavos se debe a que Cuba ocupa en el mercado mundial su lugar como principal productor de azúcar con el estallido de la Revolución en Haití y la proliferación de la plantación cañera, se produce a la vez el auge de la sociedad esclavista y el esclavo es la fuerza de trabajo fundamental.

Para valorar la presencia africana en la cultura cubana es necesario abordar el proceso de la transculturación definida por Fernando Ortiz como un complejo intercambio cultural, que adquiere formas concretas de vida y repercute en todas las categorías del ser social, reflejadas en la conciencia social, en los aspectos económicos, jurídico, institucional, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico y demás aspectos de la vida cotidiana, se refleja en la conducta del hombre, en la forma y dirección de sus sentimientos, así como, en la integración de sus concepciones. La transculturación como proceso histórico lleva implícito la actividad material y la producción de ideas, representaciones y los sentimientos.

El africano conservó aquellos elementos culturales que le sirvieron de instrumento inmediato para relacionarse con los nuevos compañeros y le permitieran establecer nuevos nexos dentro de una estructura familiar diferente, servirse de nuevos medios de subsistencia y someterse a otros hombres que lo gobernaban, imponiéndole costumbres arbitrarias, al mismo tiempo, incorporaba recursos, modos de vida e instrumentos de trabajo que le eran extraños, pero le resultaban necesarios, pues posibilitaban resolver los problemas de las nuevas relaciones socio económicas en que estaba situado.

Existía una creciente apropiación por parte del africano de una situación psico-sociológica que cortaba sus nexos con África, enfrentándolo a una cultura ajena que le llegaba fragmentada, restringida o viciada, las formas de conciencia social que forjaba al negro y sus descendientes quedaba siempre sometida a serios prejuicios. Es indudable que esta búsqueda de identificación, se transformaban los esquemas culturales euroccidentales que le llegaban al negro y readaptando los que aún le servían de África, produciendo una amplia gama de expresiones muy variadas en cuanto a combinaciones, así podemos encontrar desde poemas en lengua africana con rima y métrica castellana, oraciones y rezos en yoruba o el lenguaje de los Abakuá como incorporación de supervivencias africanas.

En la sociedad moderna se le llama sociabilidad al espacio en que se integran las relaciones interindividuales, teniendo en cuenta lo anterior, así los africanos, a quienes disgregaron, pues rompieron sus lazos familiares establecieron como primera forma de sociabilidad popular urbana y se integraron a través de las llamadas Cofradías y/o Hermandades Religiosas y los Cabildos de Nación, estos últimos, solo son privativos de Cuba, pues en el resto de América proliferaron las primeras. Estos existen en Cuba desde la segunda mitad del siglo XVI, Santiago de Cuba (1535), La Habana (1568) y más tardíamente en Matanzas, surgieron con una intención controladora por parte de las autoridades coloniales, constituyendo espacios paradójicos, pues al mismo tiempo que persiguen conservar la cultura y las tradiciones africanas, se afirmaba en ellos el cambio, se produce la mixtura, al evidenciar simultáneamente procesos de resistencia, adaptación y aparición de rasgos de una nueva cultura.

Las Cofradías por su parte agrupaban en su seno a negros libres y esclavos, africanos y criollos (pardos y morenos), van a constituir un espacio para potenciar los intereses colonialistas vinculados a la iglesia católica, se puede decir que en un primer momento, se parecen a sus similares blancas, es en ellas, donde se produce el sincretismo religioso, de un lado, los colonizadores permitieron las festividades de origen africano, la adoración a sus deidades africanas, pero a la sombra de los santos católicos como patronos de estas Cofradías.

Las funciones de estas sociedades eran múltiples, se relacionaban con el cuidado de los enfermos, el entierro de los cofrades difuntos, estas ceremonias eran complejas, costosas y sólo podían ser sufragadas por familias con apreciables recursos, realizaban otras acciones benéfico- asistenciales, como la atención a las viudas y a los huérfanos. Desde luego que también desenvolvían prácticas de carácter devocional que las caracterizaban, como la prestación de servicios litúrgicos o la mediación espiritual para redimir las almas del purgatorio, cuestión que constituía una de las principales preocupaciones de los fieles.

La primera de las Cofradías de pardos y morenos de que se tiene noticias es la de Nuestra Señora de los Remedios o Humildad y Paciencia (1598) establecida en el Convento de San Francisco, la virgen de los Remedios tuvo una importancia singular, pues más tarde fue la patrona de los Batallones de Morenos. Esta cofradía tuvo una larga duración pues existía aún a mediados del siglo XIX y es la responsable de la celebración de la fiesta tutelar el 9 de septiembre en Guanabacoa.

La segunda que se establece ya comenzado el siglo XVII es la del Espíritu Santo, fundada en la ermita del mismo nombre que había sido levantada por los negros libres en los primeros años del siglo XVII, luego proliferaron otras como: La Purísima Concepción, Nuestra Señora de la Soledad (1602), Nuestra Señora de la Caridad, Santa Ifigenia (1640, Parroquia de Santo Cristo del Buen Viaje, 1693), Nuestra Señora de Monserrate, Nuestra Señora de Regla, Nuestra Señora de las Mercedes, del Rosario, del Carmen, Corazón de María, Santa Rita de Casia, etc. Predominando santos negros y mulatos. También las mujeres estaban presentes en las cofradías, jugando algunas de ellas importantísimo papel como es el caso de: Juliana Reyes, Úrsula Lambert y María Isidora Bernabéu, pertenecientes a las élites negras y mulatas.

Las autoridades coloniales evitaron la unión de los distintos grupos para que no pudieran comunicarse, el negro esclavo traído a Cuba no gozaba de ningún tipo de diversión más que la que él mismo podía proporcionarse, sólo le era permitido ocasionalmente cantar y bailar en barracones y plantaciones para mitigar el cansancio propio del agotador trabajo y la nostalgia por su tierra natal. Despojado de sus formas originarias de vida, tuvo que asimilar las impuestas por los colonialistas, integrarse a las nuevas relaciones sociales, las sucesivas generaciones creó nuevos elementos culturales en la realidad americana, pese a ello y como portador de un imaginario pudo conservar algunos segmentos de su cultura que lo distinguían del resto de la población.

Estos rasgos se pudieron manifestar y desarrollar abiertamente a través de los Cabildos de Nación, surgidos en Cuba a mediados de siglo XVI cuando ya existía cierta cantidad de negros horros o libres a quienes le fueron conferidos limitados derechos. Cabildo de Nación: “Agrupación de negros africanos pertenecientes a una misma nación o tribu entre cuyos propósitos estaba la ayuda mutua, el socorro en caso de enfermedad o muerte y mantener vivo el recuerdo de la patria lejana y perdida mediante la práctica de la religión propia, el uso del idioma, los cantos y la música”[2].

Para el siglo XIX existían en La Habana 109 cabildos registrados: 32 Carabalí, 26 Congos, 14 Lucumies, 17 Arará, 6 Minas, 6 Mandingas, con nombres tradicionales y religiosos. Los cabildos poseían una estructura que reproducía la de su metrópoli, tenían tres jefes que se denominaban reyes, capataces, mayordomos, aunque había también un jefe máximo de los tres, la mujer negra a diferencia de las blancas tenían múltiples funciones y gran poder dentro de los cabildos, llamadas reinas o matronas, virreinas, princesas, condesas o ninfas eran las encargadas de velar por las propiedades del cabildo (tambores, instrumentos musicales, astas, banderas, alhajas, vajillas, manteles, borlas, flecos, imágenes, muebles, casas, etc.) mantener la limpieza, protegerlos y atender su traslado, llevaban los libros, las deudas, además de las recaudaciones, destinadas fundamentalmente a socorrer a los enfermos, funerales, comprar la libertad de algunos compatriotas, etc. sus criterios eran escuchados y algunas llegaron hasta proponer capataces en condiciones especiales.

El cabildo constituyó para algunos africanos sobre todo los que poseían cargos espacios de poder minúsculos, pero efectivos para ganar prestigio e importancia, para ser elegido dentro de la dirección de los mismos, había que tener alguna solvencia económica, autoridad religiosa, la pertenencia a linajes destacados en sus tierras de origen y prestigio social, los esclavos eran mejor vistos que los criollos, no tenían derecho al voto y por supuesto menos a ser elegidos para cargos, las elecciones se realizaban en la fiesta del Día de Reyes y podían ser elegidos por dos o cuatro años, sobre ellos se ejerció determinado control político y social a través de diferentes formas, no obstante fue una manera de mantenerse cohesionados y mantener esencias de sus variados universos simbólicos, si bien en las cofradías se mantenían ocultos los símbolos religiosos y bajo denominaciones engañosas, se trasmutan los objetos, los cabildos fueron espacios abiertos para realizar ritos y ceremonias religiosas.

El Cabildo jugó un importante papel como vehículo conservador algunos factores culturales del negro: tradiciones, música, bailes, arte culinario y otros. El ejemplo más elocuente fue la adoración que el esclavo y el liberto seguían haciendo de sus dioses, enmascarándolos en fiestas y jolgorios que se popularizaron hasta ser conocidos por toda la población. Portadores de diferentes creencias religiosas influenciados por los credos musulmanes, católicos y copto-cristianos que ya eran conocidos en el continente africano, estos elementos africanos en Cuba van a recrearse, de esta forma, los Yorubas (Lucumí cubanos) van a aportar la Regla de Ocha o Santería, los bantúes, en la figura del grupo Congo, aportarán la Regla Palo Monte, no fueron estos los únicos pues hay otras como: Regla Arará, Elegbá o Dahomé, algunos especialistas sobre estos temas asumen a la Sociedad Abakuá dentro de las religiones afrocubanas.

En el proceso de transculturación, la religión sufrió una sincretización; los africanos traspasaron los símbolos y cualidades de sus ídolos a similares cristianos, tomando de ellos también sus nombres. Ello dio lugar a las festividades de la santería o Regla de Ocha de origen Yoruba, dedicadas a Changó (Santa Bárbara), Ochún (Virgen de la Caridad del Cobre), Babalú Ayé (San Lázaro), entre los más conocidos. En las zonas rurales los negros efectuaban otras fiestas como las llamadas «de tambor». La más popular es la del Tambor Yuca, cuyo nombre lo toma de los instrumentos musicales que se percuten: la caja, mula y cachimbo, de origen Congo. Además del baile existían improvisaciones de solistas o «gallos» que eran respondidos por un estribillo cantado por el coro.

El día de la Epifanía del Señor, o Día de Reyes (6 de enero), fiesta de la liturgia católica, fue marco propicio para que los Cabildos salieran a las calles e hicieran un recorrido que finalizaba en el Palacio de los Capitanes Generales. El origen de este «Carnaval negro» ha provocado varias discusiones: unos opinan que los negros imitaron a la tropa que pedía el aguinaldo el día 6 de enero acompañados de pitos, tambores y cornetas, mientras otros entienden que festejaban al rey negro Melchor, santo que por ser de su raza habían adoptado como Patrono Celestial, origen compartido de las festividades de carnavales que se celebran en las distintas regiones hoy y que adoptan diferentes formas, además de otras festividades como es el caso de la Tumba Francesa en la región oriental del país.

La tradición oral africana llega a nosotros como forma de preservación y defensa de sus culturas, fue muy importante para trasmitir de generación en generación, sus conocimientos empíricos, formas de pensamiento y experiencias como parte del patrimonio inmaterial africano, a través de proverbios, adivinanzas, mitos y leyendas, como joyas de la sabiduría popular transmitidas de generación en generación, tan antiguas como la experiencia humana. Bajo el lenguaje simbólico, o abriéndose paso directo, como un puñal, se ocultan meditaciones profundas, valores abstractos. Ejemplos de alguno de ellos son:

• Los hombres mueren pero sus palabras u obras pueden vivir por siempre. (Ghana)
• Tiene el fondillo en un charco y sueña con melones. (Bereber)
• Alá le da fortuna a todo el mundo, menos al que se pasa la vida durmiendo. (Malí)
• El mono se puso la piel de jabalí, pero murió mono. (Gabón)
• Cuando la pantera está muerta, los perros se burlan de ella. (Bantú)
• Como el gato no está en casa, los ratones juegan.
• Dos toros no pueden vivir juntos en el mismo corral. (África del Sur)
• A pesar de sus cuatro patas, un perro no coge nunca dos caminos a la vez. (Congo)

Otros elementos de gran importancia aportados a la cultura cubana por la tradición oral africana son las llamadas leyendas, cuentos o patakies, vinculados fundamentalmente al imaginario traído por los africanos en relación a sus experiencias, sabiduría y deidades religiosas.

El cimarronaje fue la experiencia social más importante durante el periodo de la explotación esclavista, por lo que pudo significar para la conservación de elementos culturales africanos, como por haber contribuido a conservar la identidad del negro como hombre libre y como forma de lucha. La resistencia esclava es un tema de gran importancia por lo que aporta a la cultura cubana, pues el cimarronaje y las rebeliones esclavas fueron una forma de tenaz oposición de los africanos al sistema colonial.

El cimarronaje fue un reto permanente a la autoridad de los blancos y aunque se castigó fuertemente con penas que iban desde la castración hasta la muerte, fue la respuesta a la esclavitud como institución colonial. Los llamados palenques donde se asentaban los cimarrones estaban ubicados en lugares de difícil acceso, prácticamente inhóspitos como cañones, sumideros, pantanos, bosques impenetrables, que ofrecían grandes dificultades, peligros, esfuerzos para adaptarse y hacer una vida organizada, estos núcleos formados bajo determinadas circunstancias contribuyen a la creación de un sistema efectivo produciendo una cultura propia, guerrera, la cultura cimarrona. Esta forma de lucha más que la conservación de patrones culturales africanos propició una sincretización de ellos, se reunieron en el palenque africanos, criollos y cierto número de aborígenes supervivientes del sistema de encomiendas.

En Cuba la casi inexistencia de zonas montañosas no fue un obstáculo para que proliferaran los Palenques: se establecieron en: Guara, Cayajabos, Bauta Jaruco, Canasí, Guatao, Guayabal, Hanábana, San José de las Lajas, etc. Estos permitieron poner en práctica su creatividad, capacidad de adaptación y experiencia colectiva, recurriendo a la tradición ancestral, lograron crear sistemas defensivos sorprendentes, desarrollaron técnicas de guerra, utilizaron arcos, flechas, lanzas, garrotes y armas de fuego, a la vez, aplicaban técnicas al cultivo de la tierra y la cría de animales que le permitían el sustento y la vida cotidiana (tubérculos, mandioca, plátanos, arroz, calabaza, frijoles, maíz, etc.), verdadera ciencia empírica fue la farmacopea tradicional basada en plantas medicinales, no pudieron manufacturar, de ahí, su dependencia en cuanto a ropas, armas de fuego, utensilios y herramientas.

Ejemplo de ello lo constituye el palenque: ¨el Frijol¨, en la zona de Baracoa constituía en sí mismo una verdadera unidad económica, con fórmulas para el establecimiento de casas, trapiches, cañaverales, platanales, vegas de tabaco y toda especie de granos, como maíz, frijoles, arroz, etc. Los apalencados de ¨El Frijol¨ comerciaban con Jamaica y Haití a través del tráfico clandestino de balandros. En esa época intervenían contrabandistas italianos y hasta ingleses y hacían cambios con los comerciantes catalanes de la región, a través del propietario y mayorales de la cercana hacienda de Moa. A fines de 1815 refiere Callejas, los cimarrones apalencados en El Frijol, asaltaron el cafetal ¨EL Olimpo¨, propiedad de Ana Mesa de la Torre, viuda del Gobernador Quindelán, los asaltantes hirieron, robaron armas de fuego y víveres.

Las sublevaciones, rebeliones y motines de los esclavos por su parte también aportaron a la cultura cubana por el espíritu de rebeldía que caracteriza a los cubanos, se manifestaron tempranamente desde el siglo XVI, se tienen noticias que desde 1538 se sublevaron los negros en la región oriental, incrementándose a partir de la última década del siglo XVII, los primeros reportes de esclavos sublevados datan de 1533 y 1538, Ejemplo de ello son: la sublevación ocurrida en diciembre de 1616, en la zona de Sancti Spíritus y Trinidad, fue apoyada por negros libres y cimarrones, así como indios yucatecos radicados en esa zona, en 1731 sublevación en las minas del Cobre, los negros sublevados se unieron a los palenques en las lomas cercanas constituyendo un hecho muy notable pues duró muchos años, en 1801 se les reconoció la libertad por un decreto real.

Otros ejemplos de sublevaciones y conspiraciones donde intervienen esclavos, negros y mulatos libres que ocurren con posterioridad son: en 1795 la sublevación de esclavos en Puerto Príncipe, también en 1796 en Puerto Príncipe se descubre una extensa conspiración que involucra a varios ingenios de Trinidad, entre 1798 y 1799 motines de corta duración ocurrieron en los ingenios de Sebastián Peñalver en Mariel, Nueva Holanda de Nicolás Calvo en Güines y Antonio Ponce de León en Santa Cruz del Norte.

Las mayores sublevaciones esclavas ocurrieron en Matanzas entre 1843 y 1844, gran número de dotaciones cañeras se rebelan en los ingenios Alcancía, La Luisa, La Trinidad, Las Nieves, La Aurora, Santa Rosa, La Majagua y en el cafetal Moscú; seguidos del Acana, Concepción, Flor de Cuba y Arrastria. El más conocido fue el levantamiento del ingenio Triunvirato en las cercanías de Matanzas, por la participación de la esclava Carlota y otros como los lucumies Evaristo y Fermina esclavos del ingenio Acana quienes difundieron las ideas entre los esclavos para acabar con el sistema de oprobio, se comunicaban a través del leguaje del tambor.

El 5 de noviembre comenzó la rebelión en Triunvirato, junto a Fermina y Carlota participaron otras mujeres como: Filomena (Gangá) del ingenio Acana, Lucía (Lucumí) del ingenio Concepción y las criollas Carmita y Juliana, los éxitos obtenidos por Carlota y sus seguidores estimularon las dotaciones de otros ingenios que los secundaron en unión de los esclavos de los cafetales y fincas ganaderas próximas, como resultado de la tenaz persecución y el combate desigual con las fuerzas esclavistas, Carlota fue apresada y descuartizada en noviembre de 1843. Entre las conspiraciones donde participan los negros libres debemos destacar por su importancia: la Conspiración de Nicolás Morales en la región oriental en 1795 que involucró zonas de Bayamo, Jaguaní y Santiago de Cuba y la Conspiración de Aponte de 1812 la primera además que hay que señalar donde independencia y abolición de la esclavitud son objetivos esenciales.

Dentro de la cultura cubana existen supervivencias africanas como las expresiones musicales y la danza resultado de un complejo proceso de integración y presencia en nuestra sociedad: la rumba, el son, las comparsas, las parrandas y el otro nivel más elaborado e influido por la cultura euronorteamericana entre los que podemos destacar: danzones, boleros, criollas, mambos, chachachá, boleros y la música popular bailable mas actual, interpretada por conjuntos, orquestas y charangas, en sus antecedentes podemos incluir: el punto, junto a expresiones hispanas ya desaparecidas y la música oriundas de los grupos de origen africano con sus instrumentos rituales, mientras en la danza en la expresión corporal, pasos, ritmo y candencia podemos apreciar también la presencia africana.

En nuestra cultura los aportes africanos se han estructurado según las formas de vida de los diferentes territorios, determinada por la situación de las clases y por otros factores como son el ambiente, la ocasión y el momento que responden a modalidades de la vida cotidiana. Estas expresiones son cambiantes, se actualizan en la medida en que algunos elementos desaparecen, otros resurgen y otros se conservan mostrando la capacidad creadora de las masas, sin embargo, no todos los elementos culturales africanos en este contexto resistieron con la misma intensidad el colonialismo, según la situación socioeconómica en que fuera colocado el negro y sus descendientes encontramos fijación, dispersión, eclosión o enmascaramiento en el proceso histórico.

Por el apretado espacio y la síntesis necesaria del contenido para ajustarse a los requerimientos de este tipo de texto hemos omitido detalles y extensiones innecesarias y dejaremos para otros artículos la presencia del negro en los treinta años de lucha por la liberación nacional del siglo XIX en Cuba y la República Neocolonial.

Conclusiones:

La conquista y la colonización de Cuba por los españoles significó la desaparición de gran parte de la población nativa, gran cantidad de negros procedentes de África sustituyeron la fuerza de trabajo indígena, directamente vinculados a la explotación capitalista, por tanto la base del proceso de transculturación que se produce son las culturas nativa (aborigen), hispana y africana, aunque después existan otras influencias, asiáticas, francesa, etc.

Es de inestimable valor conocer y profundizar en los aportes africanos a la cultura e identidad cubana en el propio devenir histórico cubano. La población cubana se integró mayoritariamente con los descendientes de africanos y criollos en palenques, barracones, ciudades y pueblos, se conformó en los cultos sincréticos, las creaciones fundamentales, los oficios, las artes, los cabildos, el ejército y la lucha contra la dominación colonial, su profundo arraigo se mantuvo en la base de nuestra cultura.

En la fusión con lo español las culturas africanas sufrieron un impacto transformador produciendo formas sincrética nuevas, la propia dinámica del proceso transculturador toma los rasgos de mayor valor depositados en las tradiciones y costumbres en la que se conservan y actúan a manera de hilo conductor en la construcción de la identidad, estos aportes están revestidos de una fuerte dosis de rebeldía, de resistencia, a eso se debe que haya sido perdurable y homogénea a pesar de las diferencias etnográficas.

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Notas:

[1] Martí Pérez, José. Cartas de Martí, La Opinión Pública, Montevideo, 1889. Obras Completas Tomo 12, Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Pág. 301.

[2] Deschamps Chapeaux, Pedro. pag.54 “Los Ilustres Apellidos. Negros en La Habana colonial. María del Carmen Barcia. Edit. Ciencias Sociales. (2009)

Líliam Caridad Milián Rosales para La Pluma, 26 de mayo de 2020

Editado por María Piedad Ossaba