El carnaval no acaba nunca

La ambición se disfraza de estirpe, la sangre de basura, el crimen de accidente, y el carnaval sigue su curso bailando por la calle

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Hablo del cotidiano, del carnaval de todos los días, de las comparsas de banqueros predicando contra el mal de la usura y el desahucio; de los patrones denunciando la codicia del lucro y las muertes que se cobra el infortunio; de las comparsas de machos censurando su asesina violencia.
Tal vez no sea una fiesta a la que estemos todos invitados pero el carnaval sigue su curso y bailan los dementes que administran la cordura que queda, los olvidos que ponderan la luz de la memoria, baila el verdugo que impugna la tortura y los canallas que ensalzan la virtud.
Bailan las comparsas que festejan de nuevo el milagro de los panes y peces, baila la paz aunque pierda la guerra, baila la muerte que alardea de ser humanitaria, bailan los fulleros que creen imprescindible el respeto a las reglas, baila la impunidad sobre la alfombra roja a la salida de cualquier Audiencia.
Bailan los demócratas debidamente homologados negociando el riesgo de las urnas, ajustando provechos y despachos, conviniendo si solos o en manada, concertando a quién debe sumarse, a quién debe excluirse, qué fiscal nos pueda afinar el caso, qué tribunal nos logre garantizar el fraude.
La ambición se disfraza de estirpe, la sangre de basura, el crimen de accidente, y el carnaval sigue su curso bailando por la calle.
(Preso politikoak aske)
Koldo Campos Sagaseta, Columna Cronopiando para La Pluma,3 de marzo de 2020

Editado por María Piedad Ossaba