Balada (gubernamental) para un loco

Restan dos años de gobierno derechista, y se teme que el país comience a derrumbarse social, política y económicamente si Piñera continúa afirmándose en la misma soberbia y clasismo que hoy le sirve de bastón.

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A este punto… ¿como calificarlo? Tozudez, despiste, demencia, mala leche, maldad, irresponsabilidad, vesania, soberbia, delirio… Las posibilidades son muchas. Arturo Alejandro Muñoz cree que es una actitud delincuencial… [Nota de Politika].

Afiche de Sergio Naranjo Ramos

Una buena amiga, cuando aún era soltera, se despachó un comentario en pleno asado junto al quincho una noche de sábado. Nos hizo reír a carcajadas, aunque hubo algunos varones que después tuvieron que dar explicaciones a sus cónyuges que se sorprendieron porque ellos conocían el lugar, y ellas no. Esa amiga contó muy suelta de lengua que un par de semanas antes había estado con su pololo de turno disfrutando de una noche de pasión en un “hermoso y moderno motel santiaguino, llamado “Toíto es Mío”.

Cuando logramos dilucidar que el nombre del motel era “Toi et Moi” nos dio un violento ataque de risa.

La anécdota es real, y viene al caso respecto de las inaceptables actitudes de Piñera en sus alocuciones públicas cada vez que se refiere al estallido social y sus consecuencias.

Durante 60 días chilenas y chilenos han copado calles, plazas y parques movilizados en defensa de sus demandas sobre pensiones y salarios dignos, educación, salud, defensa del medio ambiente, renacionalización de los recursos naturales y, por cierto, una nueva Constitución Política del Estado redactada por una Asamblea Constituyente. Acorralado, aislado y derrotado, el gobierno finalmente hubo de procesar parte de lo demandado por el pueblo, pero Sebastián Piñera, creyendo que está ejecutando una maniobra ’inteligente’, da a entender que tales demandas, junto al proceso constituyente, son ideas que emanan del Ejecutivo. Que son ‘sus’ ideas. “Toíto es Mío”, parece decir. Y provoca ira más que risa.

Es cierto que otros articulistas lo han asegurado, pero conviene –por sanidad política- reiterarlo. Lo de Piñera bordea ya las primeras áreas del desquiciamiento. El tipo está enfermo. No es normal ese nivel de mitomanía, egocentrismo y caradurismo en una autoridad que ocupa el cargo más relevante de la nación. Se permite pontificar respecto de los derechos humanos al mismo tiempo que su ministro del interior y el intendente de la Región Metropolitana cierran los ojos ante el brutal accionar de una policía que ha demostrado, hasta la saciedad, ser absolutamente incapaz de administrar su fuerza, utilizar el criterio y someterse a las órdenes de la autoridad civil.

Sólo un enfermo como él es capaz de burlarse tan bestialmente de la gente yendo a disfrutar de uno dos días de playa en el balneario de Cachagua, mientras Chile, de norte a sur, arde en protestas, marchas y, como siempre, en golpizas policiales. Lo hace a propósito, pues seguramente debe pensar que este país, de norte a sur, incluyendo a su población, responde al grito de “Toíto es Mío”.

No tiene ni el mérito de la novedad, toda vez que en el siglo diecinueve, otro esperpento derechista ultra conservador, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín, el terrateniente Eduardo Matte Pérez, aseguró que “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio“.

Esa misma arrogancia tiene don Tatán, sumada a un evidente trastorno mental que ya comienza a preocupar a los dirigentes de las tiendas partidistas que gobiernan junto a él. No puede estar en sus cabales quien se atribuya como éxito personal un asunto del cual siempre abominó –pública y reiteradamente- con indignada vehemencia.

En el momento de la derrota lo zarandea como si fuese un triunfo de su personal creación. Eso lo hacen solamente los desquiciados mentales… o los delincuentes políticos. No hay otra alternativa. El autor de esta nota se juega por la segunda alternativa. Piñera es, políticamente hablando, un delincuente con cierto grado de insania mental.

Somos gobernados por un individuo peligroso. Enfermo tal vez, pero peligroso. Un Piñera “piantao”, como reza el lunfardo recogido por Astor Piazzola cuando compuso su famoso tango-balada. La elección de sus ministros lo confirma. Nadie en su sano juicio político entregaría la cartera de Salud a un esperpento bolichero como Jaime Mañalich (“nuestro sistema de salud es el mejor del planeta”), ni la cartera de Interior a un chicuelo de escasas luces como Gonzalo Blumel, sobrepasado por el generalato de Carabineros y titireteado por especímenes de la talla de Jorge Burgos, Cristián Larroulet y el ‘converso’ Mauricio Rojas (fracasado ministro de Cultura llamado ‘el breve`, pues duró sólo 94 horas en ese cargo).

Desconoce Piñera (al contrario de la histórica frase literaria-periodística “sostiene Pereira”, del escritor italiano Antonio Tabucchi) que el país está al borde de la insurrección total, de la desobediencia civil, así como de posibles graves y sangrientos enfrentamientos.

Se resiste a aceptar que esta vez las fuerzas armadas no saldrán en tropel a protegerles el bolsillo a los integrantes del 1% más rico del país, como hicieron en 1973 pagando ellas –y sólo ellas- el total del costo golpista.

Por eso mangonea y presiona a Carabineros para que sus fuerzas especiales masacren a la población civil cada vez que esta desee manifestarse, movilizarse o protestar, y lo hace aprovechando la estulticia que caracteriza a varios generales de la policía uniformada, quienes han demostrado encontrarse a años luz de la capacidad de análisis político que poseen sus pares del generalato y almirantazgo de las fuerzas armadas.

Restan dos años de gobierno derechista, y se teme que el país comience a derrumbarse social, política y económicamente si Piñera continúa afirmándose en la misma soberbia y clasismo que hoy le sirve de bastón.

Si nuestra Constitución tuviera un acápite positivo (que no lo tiene) sobre el poder revocatorio a mitad del período de la respectiva autoridad, don Sebastián, hoy, estaría siendo enviado a paseo definitivo por el electorado. A Caburgua… o quizás al Seranil, en Benajarafe, Málaga (España), famoso centro hospitalario dedicado a tratar y sanar enfermedades mentales.

Así de mal estamos. ¿Usted no se había percatado? No contamos tampoco con una oposición efectiva. Sólo nos queda la esperanza… aunque ni siquiera tenemos una caja como la que administró Pandora. ¿Se da cuenta? Así de mal…

Arturo Alejando Muñoz

Editado por María Piedad Ossaba

Publicado por Politika25 de diciembre de 2019