Comportarse como adultos de Costa-Gavras: una película comprometida estimable pero coja

Un protagonista olvidado, el pueblo griego

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Rosa Llorens

La película de Costa-Gavras tiene el mérito de volver a poner de relieve a Grecia y la catástrofe que vive desde hace casi diez años, y mostrarnos el verdadero rostro de las instituciones europeas. Pero es una película poco elaborada desde el punto de vista formal, y seguimos frustrados por el punto de vista adoptado.

“Y esto sucedía en tiempos muy antiguos”: desde el fracaso de la experiencia Syriza y el subyugamiento de Grecia, el silencio mediático  podría hacer creer que Grecia hubiera sido “salvada”, como anunciaban los sucesivos planes de “rescate” desde hace mucho tiempo (ni siquiera recordaba el nombre de Tsipras). De hecho, esto ocurría en 2015: la película narra la historia de los seis meses, entre enero y julio, entre la victoria electoral de Syriza  y la renuncia al programa para el cual había sido elegida.

Mientras que Grecia ya estaba en las garras de la Troika (Comisión Europea – BCE – FMI), una especie de tutor, o de Gauleiter [líder de zona del partido nazista en Alemania, NdlT] que se le había impuesto, Syriza afirmaba que quería liberarse del peso de la deuda y resistir a las dominaciones extranjeras. Es la batalla que va a llevar a cabo Yanis (Varoufakis -pero en las instituciones europeas, como en las empresas, llaman a todos y todas por su nombre-) contra el Eurogrupo (grupo de ministros de economía de los países de la zona euro). La mayor parte de la película se desarrolla en reuniones en las que supuestamente se negocian las condiciones de pago de la deuda griega; de hecho, desde la primera reunión, Yanis se enfrenta a un ultimátum secamente emitido por el Presidente del Eurogrupo, Jeroen (Dijsselbloem), y seguidamente, por el ministro alemán, Wolfgang (Schäuble), quienes, bajo una apariencia cortés, en realidad lideran una manada de lobos impacientes de echarle la zarpa al griego.

Esta intransigencia y brutalidad recuerdan a otras “negociaciones”: aquella en la que Hitler, en 1938, después de los acuerdos de Múnich que le dieron carta blanca, obtuvo del checo Edouard Bénès el abandono de la región de los Sudetes, antes de la invasión de todo el país, o la Conferencia de Rambouillet, en 1999, donde los occidentales querían que Milosevic renunciara a la soberanía de Yugoeslavia (tras su rechazo del ultimátum, las “negociaciones” dieron paso a una campaña de bombardeos que duró más de un mes).

Yanis pone de manifiesto la responsabilidad de Alemania por el ascenso del partido Alba Dorada, en un contexto de crisis económica y desesperación de la población ante la demolición organizada de los servicios públicos, y la drástica disminución de los salarios y pensiones (Europa preveía una reducción de dos terceras partes).

Se comprueba finalmente la opacidad en la cual funciona Europa: cuando Jeroen quiere excluir de la sala de negociaciones al ministro griego, este  cuestiona la legitimidad de la decisión y pide ver los estatutos del Eurogrupo: “No hay”, responde Jeroen: este órgano funciona efectivamente de manera informal, por lo tanto, como dice Yanis, toma sus decisiones de forma totalmente ilegal. Funciona además de manera autoritaria, como se queja Yanis, quien nos recuerda, de forma bastante ingenua, que las reuniones del Eurogrupo deberían ser un espacio de debate democrático.

Hay que agredecer a Costa-Gavras de mostrar la violencia latente, bajo las sonrisas oficiales, de Europa. Sin embargo, la película dispone de las facilidades del escenario, que retoma los trucos habituales de la película comprometida básica, como el flashback inicial, donde se nos informa inmediatamente de la dimisión de Varoufakis, antes de contarnos todos los acontecimientos que condujeron a esta decisión. Sobre todo, la película se vuelve rápidamente repetitiva. Es cierto que era necesario hacernos sentir el callejón sin salida en el que Grecia y su ministro estaban acorralados; pero tal vez había posiblemente maneras más sutiles que repetir hasta la saciedad los mismos argumentos y situaciones, a lo largo de las muchas reuniones que pasan -es la sola variación- desde Bruselas a Fráncfort o Riga, con algunas otras entrevistas en París y Londres.

Esta monotonía da paso en las últimas secuencias, de manera poco convincente, a escenas alegóricas: así, cuando Tsipras, el nuevo Teseo condenado a sucumbir ante el Minotauro europeo, recorre los laberínticos pasillos de la sede bruselense de las instituciones europeas, o cuando su capitulación  se escenifica como un ballet, entre street dance (danza callejera) y tango, en el que los otros representantes europeos bloquean agresivamente su paso – coreografía tan mecánica como la alegoría es simplista.

Pero esta debilidad formal sólo refleja la debilidad fundamental de la película, la de su punto de vista. Costa-Gavras no se esconde de haber adaptado simplemente el libro de Varoufakis publicado en 2017, “Comportarse como adultos:  mi batalla contra el establishment europeo” (trad. Alexandre Casanovas López, Deusto ed.), que es un alegato pro domo, por lo tanto una visión parcial e incompleta de los acontecimientos: en el que justifica su estrategia de negociación a toda costa y las concesiones, que llevaron a la catástrofe de la firma del Memorándum de la Troika y a la reconducción  de la política liberal y europea de sometimiento (principalmente a Alemania) anteriormente dirigida por la derecha y el PASOK (socialdemócratas). Y las breves discusiones entre los miembros del gobierno de Tsipras no permiten abrir una reflexión crítica. Esto probablemente explica la parálisis del escenario: Era necesario mostrar a Varoufakis como una víctima, atrapada en la trampa europea. Lo mismo ocurre con Tsipras, quien también queda liberado de toda responsabilidad por la imagen del pez espada atrapado en el anzuelo, al final de una línea que el pescador alternativamente alarga y disminuye para agotarlo.

Para una discusión sobre las verdaderas intenciones de Tsipras y Varoufakis, y sus responsabilidades políticas, podemos consultar  un artículo de Éric Toussaint del CADTM, Comité para la abolición de las deudas ilegítimas: Crítica de la crítica crítica del libro Comportarse como adultos, de Yanis Varoufakis

Aun sin conocer las luchas internas de Syriza (Tsipras constituía su ala derecha), se lamenta la ausencia, en la película, entre Varoufakis y el Eurogrupo, de una tercera parte: el pueblo griego. Sólo aparece para aplaudir, cuando Syriza parece decidida a resistir, o a darle la espalda a Yanis, cuando la situación se oscurece, en todo caso siempre como espectador. Del mismo modo, sus sufrimientos (un tercio de la población griega se encuentra en situación de pobreza) siguen siendo muy abstractos: se recorre solamente, en coche, una calle donde todos los comercios han cerrado por falta de consumidores solventes. Y la inscripción final: “El pueblo griego sobrevive heroicamente”, no basta para colmar esta laguna.

La película es un recordatorio oportuno de  las amenazas que el neoliberalismo impone en  la soberanía de los Estados y en la democracia. Lástima que su rigidez y su estrechez de punto de vista no permitan realmente disfrutar el placer de odiar a los responsables europeos.

Lea también:

►Carta abierta de la ex presidenta del parlamento griego, Zoé Konstantopoulou al cineasta Costa-Gavras (en francés): “ Por supuesto, que como artista e incluso como Costas Gavras, usted tiene la libertad y el derecho de crear como usted lo desee lo que usted quiera. Pero no creo que tenga el derecho de presentar unilateralmente, adoptando el punto de vista de uno de los responsables y de una de las personas implicadas, acontecimientos históricos de tal importancia”.

Adults out of the Room (en francés), por Patrick Saurin, 15 de novembre  2019

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 10 de diciembre de 2019
Traducciones disponibles: Ελληνικά