Colombia: La canción del paro

El deber del gobierno, ante el descontento masivo, es el de garantizar el derecho a la protesta y atender las demandas populares. El paro nacional ha estado precedido de estigmatizaciones y bulos.

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La canción del paro nacional suena por valles y cordilleras, la conduce el viento (ese mismo que recuerda a Miguel Hernández: “vientos del pueblo me llevan…”), va de boca en boca, atraviesa calles y parques, está en el frufrú de la falda de la colegiala y en los ojos cansados del anciano sin protección. Sí, hay una canción del paro, de ese mismo que el 21 de noviembre se opondrá al denominado Paquetazo del Gobierno, a esas medidas arteras que pretenden hundir más las aspiraciones populares de trabajo, dignidad, pensión y salarios.

Esa canción del paro (como en una novela de Steinbeck) se canta en buses y en las esquinas, en colegios y universidades, en las oficinas y las fábricas. Y recuerda, por ejemplo, a una como la que sonó hace años, en septiembre de 1977, en el llamado Paro Cívico Nacional, que en rigor se trataba de una huelga general en la que participaron las cuatro centrales obreras de entonces y el pueblo se soliviantó contra el que la gente denominó el “gobierno de hambre, demagogia y represión” de Alfonso López Michelsen.

Ese de aquel histórico 14 de septiembre ha sido el más vasto paro cívico en Colombia. El gobierno y sus propagandistas lo tildaron de subversivo. Amedrentaron, como sucede hoy, a la población y señalaron a los convocantes como “perturbadores” del “orden público”. Macartizaron el pliego popular de exigencias y respondieron con represión a las justas demandas. Aquel movimiento se prolongó durante dos jornadas y se erigió como un estallido de inconformidad y resistencia frente a un gobierno dedicado a favorecer (como hoy) a transnacionales y sus intermediarios criollos.

Hoy no son muy distintas las motivaciones del paro, aunque la situación actual puede ser peor que en aquellas calendas. Colombia, según el coeficiente de Gini, es el segundo país más inequitativo de América Latina, después de Honduras y uno de los más desiguales del mundo. Reformas tributarias regresivas y antipopulares, oligopolios y carteles financieros, además del crecimiento del desempleo y el desmejoramiento en servicios de salud y otros, han convertido el país en un infierno para las mayorías.

Las motivaciones del paro tienen que ver con el recetario impuesto por el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y otros organismos, controlados por Estados Unidos, que ha empobrecido a la gente y le ha impuesto un régimen de exclusiones y miserias. Y el paro nacional está concebido como un ejercicio no solo de reivindicación del derecho a la protesta sino como un mecanismo de defensa contra el paquetazo oficial, de raigambre neoliberal, del gobierno de Duque.

Abundan las razones para indisponerse con un régimen de perversidades y atentados contra los intereses de obreros, campesinos, estudiantes, profesores y demás sectores de la población. Sí, el paro va contra las reformas laboral, pensional y tributaria, lesivas y causantes de miserias sin cuento para los excluidos de la fortuna, que son casi todos los colombianos.

El Comité Nacional de Paro, compuesto por organizaciones obreras, sindicales, sociales, en fin, ha dicho que el paro también es parte de un “clamor nacional” para que cesen los atentados contra líderes sociales, en especial los asesinatos de indígenas en el Cauca. “La caída del ministro de Defensa es una muestra de lo errático del tratamiento del orden público y la ausencia de garantías que protejan a la población civil”, advirtió en un comunicado.

El paro, en todo caso, es una respuesta a tantas humillaciones y exclusiones. Es consecuencia de los maltratos gubernamentales y de los despojos que se han hecho a las comunidades, a los descamisados. Es una protesta alineada con la justicia social y con la decisión de decir basta a tantos despropósitos oficiales. No es asunto de vándalos ni de conspiraciones internacionales, como quiere hacerlo aparecer la propaganda negra y las malhadadas declaraciones de los que siempre han estado del lado de los opresores y de los intereses de las arrasadoras corporaciones.

El deber del gobierno, ante el descontento masivo, es el de garantizar el derecho a la protesta y atender las demandas populares. El paro nacional ha estado precedido de estigmatizaciones y bulos. Sectores antidemocráticos han manipulado la opinión pública y tergiversado los objetivos de la movilización. Son declaraciones protervas y malintencionadas que buscan, con mentiras, desviar las aspiraciones de la gente de vivir en un país en paz, independiente y próspero.

“Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran…”, dice el poema del poeta español; “Todas las manos, todas. Todas las voces, todas”, cantan los versos de Tejada Gómez, y así muchas alas se van sumando a una demostración de dignidad, en la que crece la audiencia. La canción del paro vuela. Y como dijo León Felipe: “¡Aquí van todos! / Y aquí voy yo con ellos”.

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 20 de noviembre de 2019

Editado por Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

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