Ha muerto Zaba
Anti-réquiem por una escoria

Ben Ali completó el trabajo iniciado bajo Bourguiba en 1972 con la promoción de la inversión extranjera y convirtió a Túnez en un sub-vilayato de la Unión Europea.

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Fausto Giudice

La noticia se conoció el jueves 19 de septiembre de 2019: Zine El Abidine Ben Ali falleció a la edad de 83 años.

Por fin. No duró tanto como su lugarteniente y sucesor Essebsi, pero aun así se mantuvo firme, a pesar de los repetidos tumores que le habían estado carcomiendo desde hace más de 20 años. En días como estos, el  infiel que soy, llega a esperar que realmente exista, este infierno con el que todos los creyentes nos amenazan. En ausencia de justicia humana, nos gustaría que una justicia divina existiera. Zaba, otra escoria muerta en su cama, entre sábanas de seda, con total impunidad, cuando debería haber muerto en la prisión de Mornaguia o en cualquier otro lugar de este mini gulag tunecino donde se consumen 30.000 ciudadanos y ciudadanas, un tercio de ellos por haber fumado un porro.

Si no ha sido el caso, esto es, una vez más, gracias a la diligencia de sus (gorilas, que, sabiamente asesorados por una embajada yanqui siempre en estado de alerta, los pusieron a él y a su smala (familia) en un avión en la mañana del 14 de enero de 2011. Esto fue sólo la repetición de un guion rodado, ya aplicado en febrero de 1986, cuando, simultáneamente, los cónyuges Marcos y Duvalier abandonaron los países que tenían bajo su bota, Filipinas y Haití, respectivamente.

En 1991, a petición de mis compañeros malienses, fui a Bamako, donde, en octubre de 1990, había estallado un movimiento de rebelión que prefiguró la Intifada tunecina. Todo comenzó con una operación policial de «desalojo» de los jóvenes vendedores ambulantes en los alrededores del gran mercado. Éstos no toleraron estas vejaciones y respondieron  a las porras y a los gases lacrimógenos de los tombos. Eso fue el comienzo de un movimiento donde las manifestaciones se sucedieron y crecieron a lo largo de las semanas, a medida que los grupos políticos clandestinos se movilizaban. Cuando llegué a principios de febrero de 1991, rogué a mis compañeros que intentaran derrocar al Sargento Moussa Traoré –  ¡un general autopropulsado, que llegó al poder mediante un golpe de Estado…el 22 de marzo de 1968!- mientras yo estaba allí. Se rieron y me dijeron que estaban haciendo lo que podían. Se rieron mucho más fuerte cuando, después de haber hecho un recorrido de reconocimiento alrededor del palacio presidencial, desde  las alturas que dominan la ciudad, y de haber constatado que sólo una ruta conducía hasta allí, les pregunté: «¿Tiene Moussa Traoré un helicóptero? ». «Sí», respondieron, «pero no puede volar», «le faltan piezas de repuestos», y añadieron: «Ah, ¿has pensado en ello también?» Era obvio: el día D, cuando la multitud estaba subiendo al palacio, el tirano no tuvo una ruta de escape.

Y fue así como las cosas se pasaron: el viernes 26 de marzo -el 22 de marzo, la represión dejó un saldo de un centenar de personas-, advertidos por mensajes codificados emitidos a las 6 de la mañana en la radio nacional («El Sr. Mamadou Sanogo anuncia su boda con la Srta. Aminata Diawara…»), los manifestantes comenzaron a reunirse para subir hacia el palacio. Un tembloroso Moussa Traoré, acompañado por su no menos temblorosa esposa Mariam, no vaciló ni un segundo cuando el Comandante de la Guardia Presidencial, el Teniente Coronel Ahmadou Toumani Touré, vino a decírselo: «Sr. Presidente, lo llevaremos a un lugar seguro». Y la pareja fue llevada a la prisión central. Condenado a muerte en 1993, su sentencia fue conmutada por cadena perpetua y fue indultado en 2002 por el Presidente Alpha Omar Konaré. Moussa Traoré llega a una pacífica vejez en una gran villa del barrio de Djikoroni-Para, en Bamako, donada por el gobierno de Malím. Y sus partidarios crearon el ubuesco “Movimiento Popular del 22 de marzo”…. Pero finalmente, fue el primer dictador africano en ser juzgado y condenado en su propio país. Sobrevivió a Zine Abidine Ben Ali, nacido como él en 1936.

La guardia presidencial tunecina no tenía a su cabeza un Ahmadou Toumani Touré y el helicóptero cartaginés se encontraba en condiciones de volar. Además, ningún manifestante tunecino tuvo el valor de tomar la dirección del palacio presidencial para atrapar al bastardo. Por lo tanto, él y su smala pudieron ir a  respirar los efluvios petroleros en casa de los Saud.

INDEMNIDAZACIONES POR DESPIDO
Para los CEO, paracaidas dorados,
para los dictadores, oro en barras

Un día, un embajador yanqui, hablando con el presidente Truman, le dijo a propósito del dictador Trujillo, de Santo Domingo: «Es un nazi». «Sí», respondió el presidente, «pero nuestro nazi». Podría haber dicho lo mismo de Ben Ali. El muchacho de Hammam-Sousse había comenzado una carrera como supletivo de la policía francesa del Protectorado, participando en la represión de manifestaciones nacionalistas. Bajo el mando del partido en el poder tras la independencia, fue rápidamente puesto en órbita. Enviado primero a Saint-Cyr y luego donde el Tío Sam, aprendió todas las técnicas de inteligencia militar e hizo carrera en las fuerzas represivas, complementadas por misiones especiales, como cuando, fue nombrado embajador en Varsovia tras ser despedido de la Dirección General de Seguridad por no haber podido impedir el levantamiento de Gafsa en abril de 1980, se convirtió en el pequeño factor de la CIA encargado de transportar las ayudas organizadas por Washington, en coordinación con el papa polaco Woytila, al sindicato Solidarnosc*. Washington no lo olvidará.

En 1987, ante el auge de la protesta islamista y la incapacidad de Bourguiba para gobernar, Washington subcontrató al SISMI, la inteligencia militar italiana, el expediente del «golpe de Estado médico» para derrocar de manera blanda al Combatiente Supremo (Bourguiba). Su primera elección fue el general Habib Ammar, la misma edad, el mismo origen e incluso la misma promoción que Ben Ali. Pero en el último momento, llegó una contraorden de Washington a Roma: “Cambiamos de caballo, tomen a Ben Ali”. Un factótum obediente y no demasiado inteligente es mejor que un general politizado. Se rumora que Ben Ali, al enterarse de que había sido elegido para ocupar el lugar del Rais*, se había desmayado. El hombre era ciertamente emocional y no muy valiente. Ni siquiera un poco.

¿Cómo semejante idiota pudo estar al mando de ese Estado  durante 23 años? Esta es una pregunta que nos hacemos a menudo al examinar a muchos dictadores, y no sólo en África. La respuesta es simple: a través de la tecnología -Ben Ali había encontrado la manera de graduarse como ingeniero electrónico, sabiendo que uno de sus motes  era «Bachillerato menos 12»-, escuchando a los patrones, desde Washington hasta Bruselas y Berlín, y comprando las competencias de los que necesitaba, desde el sociólogo de izquierda tunecino hasta el plumífero italiano autor de libros a su gloria, tanto como a ministros, diputados, periodistas, etc., a quienes se les hacía regalos. Y por supuesto, redistribuyendo las migajas de la jugosa empresa familiar a los compinches.

Ben Ali completó el trabajo iniciado bajo Bourguiba en 1972 con la promoción de la inversión extranjera y convirtió a Túnez en un sub-vilayato de la Unión Europea. Legó una deuda inmunda que Túnez nunca podrá pagar, y que no tendría ninguna razón para hacerlo. Nos dejó un país donde los tomates ya no tienen el color ni el sabor de tomate, donde el aceite de oliva alcanzó un precio astronómico, donde la economía se gestiona a la manera de Cosa Nostra.

¿Va a ser enterrado en el país? No merece ni siquiera el destino de una de sus numerosas víctimas, Kamal Matmati, que murió bajo tortura y fue  hundido en el hormigón de un puente de Túnez.

En cuanto a su viuda, la deslumbrante Leila Trabelsi, que sigue siendo verde -sólo tiene 63 años, la edad de la independencia-, no me sorprendería que terminara su vida a la manera de Imelda Marcos, la viuda del dictador filipino -conocida como «Señora 5%» – regresó tranquilamente al país, donde ahora es una parlamentaria elegida democráticamente, y sigue llorando por sus quince abrigos de visón, sus 508 vestidos, sus 1.000 bolsos y sus 3.000 pares de zapatos confiscados después de la revolución de 1986.

NdlT:

Solidarnosc  (Solidaridad) es una federación sindical polaca, fundada en septiembre de 1980 y dirigida por Lech Wałęsa. De raíces cristianas, nació de las luchas obreras y campesinas por la libertad sindical, entendiendo esta como el poder constituir organizaciones independientes al Partido Obrero Unificado Polaco, que gobernaba el país, y en contra del gobierno comunista.

Rais o Raïs era un título aplicado a dignatarios de países árabes y gobernantes del Imperio Otomano y también a capitanes de buques piratas. En árabe moderno, designa el Presidente de la República.

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Original: Zaba est mort
Antirequiem pour un salopard

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala 22 de septiembre de 2019

Traducciones disponibles: Italiano Español