Estudio cualitativo de opinión. Perú, valores compartidos, sentidos comunes e imaginarios colectivos

La peruanidad se define por valores de esfuerzo: capacidad de trabajo, abnegación, sacrificio, responsabilidad, tesón…

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CELAG presenta un nuevo estudio cualitativo de opinión en la ciudad de Lima, con el objetivo de indagar en los valores, sentidos e imaginarios de sus habitantes.

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) ha llevado a cabo en agosto de 2019 un estudio cualitativo de opinión en la ciudad de Lima, Perú, con el objetivo de indagar en los valores, sentidos e imaginarios que conforman la mirada de los peruanos sobre sí mismos y sobre el país en el que viven.

El estudio se realizó mediante la técnica demoscópica cualitativa de Grupos Focales, que permite detectar los discursos que orbitan en torno a los temas de análisis.

La composición de los grupos estudiados fue la siguiente:

  • Grupo 1. Los reenclasados: cuatro hombres y cuatro mujeres de estratos D a C. De 40 a 55 años. Periferia de Lima. Zonas no acomodadas.
  • Grupo 2. Las mujeres populares: ocho mujeres de estratos E a D. De 30 a 55 años. Periferia de Lima. Zonas no acomodadas.
  • Grupo 3. Los jóvenes: cuatro hombres y cuatro mujeres de estratos C a D. De 22 a 25 años. Tres participantes universitarios. Zonas no acomodadas a semi-acomodadas.
  • Grupo 4. El fujimorismo en las clases populares: cuatro hombres y cuatro mujeres de estrato D a E. De 30 a 55 años. Simpatizantes de Fujimori y/o fujimorismo. Periferia de Lima. Zona no acomodada.
  • Grupo 5. Las clases más humildes: cuatro hombres y cuatro mujeres de estrato E. De 40 a 50 años. Zonas deprimidas.
  • Grupo 6. La clase media-alta: cuatro hombres y cuatro mujeres de estrato B. De 30 a 55 años. Zonas acomodadas.

La realización del estudio estuvo a cargo de Alejandro Fierro, Sergio Pascual, Gisela Brito y Óscar Navarro.

A continuación se enumeran los principales hallazgos:

  • La peruanidad se define por valores vinculados al esfuerzo: capacidad de trabajo, abnegación, sacrificio, responsabilidad, tesón…
  • El trabajo en sí es visto como el principal ordenador de la vida. Hay un reclamo generalizado de que este trabajo se realiza en malas condiciones, sin una regulación legislativa adecuada y con jornadas extenuantes que impiden la conciliación de la vida laboral y familiar. No obstante lo dicho, aparentemente no se constituye la identidad del trabajador, y aún menos se identifican concepciones de clase o colectivas (los trabajadores) basadas en esta identidad inexistente.
  • Se percibe que las generaciones más jóvenes crecen carentes de valores –en especial el respeto a los mayores- y proclives a caer en la delincuencia. Una de las causas que se identifica es, paradójicamente, la prioridad del trabajo en el día a día que sería un obstáculo para estar presentes en la educación de los hijos.
  • A pesar de la queja sobre la ausencia de unas condiciones de trabajo adecuadas, la salida individual simbolizada en la figura del emprendedor se impone, muy especialmente en los grupos jóvenes, clase media-alta y reenclasados.
  • Están ausentes o aparecen de forma muy tangencial en los discursos valores empáticos (solidaridad, bondad, generosidad, apoyo mutuo, confianza) o valores hedonistas (capacidad de disfrute, simpatía, sentido del humor).
  • La desconfianza hacia el otro aparece en el contexto de una sociedad individualista, competitiva y peligrosa –con la vida en la gran urbe, Lima, como máximo exponente de esas connotaciones negativas-. Algunos participantes resignifican esta desconfianza como un valor positivo, puesto que permite la supervivencia.
  • Subyace un sustrato de pesimismo e incertidumbre ante el futuro y una nostalgia hacia un tiempo pretérito presuntamente de mayor orden y respeto que, en lo referente al espacio, se concretaría en las provincias y sus habitantes. No obstante, esta mirada atrás es difusa y no termina de concretarse.
  • Se reconocen y asumen diferentes tipos de exclusión y segregación social: racismo, clasismo, machismo, intraxenofobia (del citadino al campesino)… La visión sobre estos comportamientos es contradictoria, tanto entre los grupos como al interior de los mismos (aceptación, negación, superación), pero lo cierto es que atraviesan las percepciones sobre la sociedad peruana.
  • Hay una demanda generalizada de orden ante esa supuesta pérdida de valores y degradación del tejido social. Se reclaman acciones que generen confianza y seguridad y hay un movimiento de refugio hacia ese pasado mitificado que se concreta en el rechazo o la incomodidad ante leyes progresistas en materia de educación o de género.
  • Se registran discursos propios de la antipolítica. La percepción generalizada es que el Estado –concepto que engloba, de forma difusa a Gobierno, políticos, partidos, instituciones y poderes públicos- no es capaz de garantizar el orden ni la provisión de servicios. El único fin de los que detentan el poder sería el beneficio propio a través de prácticas corruptas.
  • Las personalidades políticas apenas aparecen en los debates y, cuando emergen, es para ratificar con su ejemplo un argumento en contra de la clase política. Tampoco surgen acontecimientos presentes o pasados de la vida política.
  • La mirada crítica sobre un Estado al que consideran corrupto, débil e incapaz no presupone una posición antisistema. Por el contrario, se percibe una demanda generalizada de mayor presencia estatal, fundamentalmente en lo que se refiere a su papel como garante de oportunidades.
  • En los jóvenes está ausente la fractura generacional percibida por los adultos. El discurso sobre la pérdida de los valores que sostienen los adultos no emerge entre ellos, ni para corroborarlo ni para refutarlo. Problemas como el racismo, el clasismo o el machismo se consideran en fase de superación. Asimismo, denotan un impacto más profundo de conceptos individualistas, en especial en el apartado laboral con constantes alusiones positivas a la figura del emprendedor.

Descargar estudio completo

CELAG, septiembre de 2019