Israel: Corrupción y ocupación

Pero tampoco ellos comprenden que la ocupación degenera y son incapaces de retomar las conversaciones de paz y devolver los territorios ocupados a sus legítimos dueños.

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En una resolución que bien puede ser titulada de «dramática», la fiscalía nacional de Israel ha dictaminado encausar penalmente al primer ministro Benjamín Netanyahu, acusándolo de corrupción, soborno y fraude.  Si bien, a esta altura de los acontecimientos, Netanyahu sigue siendo inocente hasta que el Tribunal de Justicia falle lo contrario, pocos en Israel ponen en duda el hecho de que, después de 10 años en el gobierno, Netanyahu se ha corrompido, y con él importantes áreas de la administración pública.  

El caso Netanyahu es grave, pero más importante es tener presente que se trata de un eslabón más, en una larga lista de personalidades israelíes que han entrado en prisión, la mayoría acusadas de corrupción, y uno de ellos, incluso, por abuso sexual. Para quienes lo hayan olvidado dicha lista incluye al presidente Katzav, al primer ministro Olmert, al ministro de economía Hirshenzon, al ministro de interior Derhi, al ministro de salud publica BenIzrhi, e incluso al Gran Rabino Ashkenazi de Israel, Metzguer. En esta lista no incluiremos una extensa serie de parlamentarios y altos funcionarios, que los límites de un artículo no alcanzarían a abarcar.
Esta ola de corrupción es reveladora: habla de un problema estructural en la sociedad israelí, de un trastorno orgánico muy ramificado que ha contaminado desde el mismo despacho presidencial hasta la sede de quien debería enarbolar el mandamiento bíblico de ‘no robarás’.  El denominador común de todos ellos es la convicción de que todo les está permitido, que están por encima de la ley, la seguridad de la impunidad.
¿Cabe preguntar cuál es el origen de esta epidemia de corrupción? ¿Cuándo y dónde podemos ubicar la raíz de esta degeneración moral?  ¿De dónde proviene esa sensación, tan diseminada. de que todo nos está permitido?
Resulta ya trivial repetirlo, pero no por ello debemos dejar de decirlo: la madre espiritual de todos estos delitos se llama ‘ocupación’.  La ocupación degenera, ha manifestado el célebre pensador israelí Yshaiahu Leibowich, y sabía lo que decía. Toda la decadencia moral del país es producto inmediato, obligatorio e inevitable de 50 años de ocupación de los territorios palestinos conquistados en junio del 1967.  La corrupción es el subproducto del ejercicio de poder absoluto y autoritario ejercido impúdicamente en los territorios palestinos, que se han filtrado gradualmente en el DNA de la sociedad israelí.  El hecho de que las encuestas den a Netanyahu la posibilidad de volver a ganar las próximas elecciones demuestra que esta anarquía social no es propiedad exclusiva de la capa dirigente, sino que se ha diseminado en amplios estratos de la sociedad.  Al igual que toda contaminación ambiental, el declive moral no reconoce fronteras. No es posible comportarse como un brabucón en tierra palestina, pero mesuradamente dentro de los límites de Israel.  
El soldadito que durante tres años consecutivos de servicio militar obligatorio maltrata a la población palestina, difícilmente no maltratar´ también a su novia cuando sale de permiso.  Hace ya 50 años que Israel viola el derecho internacional en los territorios palestinos, permitiendo que soldados y colonos violenten impunemente los derechos humanos de la población palestina.  Una vez adoptado el habito de trasgredir la ley en los territorios palestinos, tarde o temprano la ley será trasgredida también con la población israelí.  Si bien estoy orgulloso de la valentía del sistema legal que enjuicia políticos corruptos, debo reconocer que Israel ha dejado de ser el país de la ética bíblica y ha transformado las tablas de la ley en las tablas de la ley del más fuerte.  

¿Cómo salir de este embrollo?  Dentro de 40 días habrá elecciones en Israel. Los dos partidos que se perfilan ganadores son el partido de Netanyahu, Likud, y un partido recién estrenado, dirigido por tres generales en jefe del ejército retirados y un civil de perfil oportunista, que lleva el nombre populista de «Azul y Blanco», (los colores de la bandera de Israel).  El laborismo, que fuera históricamente uno de los dos partidos dirigentes, se ha quedado por el camino, sin líder ni base política que lo mantenga. El partido de los generales, que tras la decisión de ayer del fiscal nacional mejoró sus posibilidades de triunfo, introducirá, sin duda, normas de comportamiento más cautas.  Sus candidatos no están contaminados de corrupción, y eso de por sí ya es elocuente. 

Pero tampoco ellos comprenden que la ocupación degenera y son incapaces de retomar las conversaciones de paz y devolver los territorios ocupados a sus legítimos dueños.  De modo que el panorama es tétrico: seguiremos en la agonía.  No se divisa salida posible porque el grueso de la población israelí ha sido sujeto de un lavado de cabeza tan agudo que prefiere territorios a vivir en paz.  De modo que podemos prever que, durante un plazo corto, no veremos, tal vez, a políticos entrando en la cárcel, pero a largo plazo también ellos caerán en la misma trampa, salvo que la presión internacional obligue a Israel a terminar con la ocupación. 

Meir Margalit مير مارغاليت מאיר מרגלית

Fuente: Tlaxcala, 10 de marzo de 2019

Publicado por Sinpermiso