Cipayos a la colombiana

Colombia es uno de los países más inequitativos del mundo y el segundo más inequitativo en América Latina, después de Honduras…la “ayuda humanitaria” la requiere más Colombia que Venezuela

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Busco la palabra que mejor se acomode a la representación que va imprimiendo en los imaginarios de América Latina el “señor presidente” (nada que ver con la novela de Miguel Ángel Asturias) de Colombia y tal vez le quepa con propiedad la de cipayo. Para recordar no más, los cipayos eran soldados de la India, en el siglo XIX, al servicio de Gran Bretaña, Francia y Portugal. O quizá, más referido a asuntos de caballos y ya sabemos que en el país hay gente que los monta muy bien con un pocillo de tinto en la mano sin que se le derrame ni una gotita, le vendría mejor el de lacayo.

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Lo de cipayo, me parece, puede tener mejor resultado lingüístico, porque, además, según los diccionarios, está en la cuerda significante y significativa de quien cumple las funciones de compinche o secuaz a sueldo. Por ahí vamos. El caso es que, y se lo enrostró el jefe Trump, sin que el colonizado se estremeciera, ni mostrara siquiera una pizca de orgullo nacional, o de rabiecita, ni siquiera demostrara algún rechazo en la gestualidad, el hombrecito (sin que el diminutivo sea parte de una ofensa) apenas sonrió con levedad: buena parte de Latinoamérica, y en particular Colombia, sigue siendo el patio trasero (backyard) de Gringolandia. Y como tal, el “señor presidente” de un paisito en la esquina norteña de Suramérica representa bien el papelón de criado (ah, ¿no era pues cipayo?).

Y atendiendo las órdenes de la Casa Blanca, como aventajado monaguillo, el “señor presidente” creyó reencarnarse en él a no sé cuál libertador y se puso de valentón a proclamar guerritas e invasiones, a apoyar sin ningún recato por soberanías (cosas pasadas de moda, según el “simio blanco” de EE.UU. y las conveniencias de las transnacionales) y le dio porque ya era el “salvador” de la vecina república de Venezuela. Y entonces el “concierto humanitario”, con peleles y otros oportunistas de la cancionería, sonó con desafines en la frontera.

Ni siquiera una troupe de “enviados especiales” de barriadas medellinenses, que al parecer no recibieron instrucción adecuada para hacer bombas molotov, pudo tumbar al vecino dictador. Y el autoproclamado presidente venezolano, adiestrado por la CIA, prefirió salir de correría en avión militar de Colombia. Cómo han desprestigiado el circo.

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El “Venezuela Aid Live”, todo un fiasco, se tornó mofa colectiva. Y ni siquiera la voz disidente del ex-Pink Floyd Roger Waters pudo impedir que los cantantes (¿de dónde serán?) salieran a “asustar” a Maduro. El espectáculo “no tiene nada que ver con la ayuda humanitaria a los venezolanos”, sino con la decisión de la Casa Blanca de dar un golpe en el país bolivariano, señaló el músico inglés. Y advinieron los contragolpes. Al “señor presidente”, por ejemplo, le dijeron que Colombia necesitaba más “ayuda humanitaria” que Venezuela.

Y comenzó la argumentación. El Chocó está llevado del diablo (o del desgobierno y el desgreño administrativo), el hospital San Francisco está abandonado, los niños guajiros mueren de hambre y sed (en los últimos años van cerca de 10.000). Más que México, Guatemala, Honduras y Venezuela, Colombia es el país latinoamericano con mayor riesgo de una crisis humanitaria. Según Unicef, uno de cada diez niños sufre desnutrición crónica en un país en el que medra uno de los hombres más ricos del mundo y en el cual los bancos reciben desde hace años una “ayudita” del impuesto del “cuatro por mil”.

El catálogo de miserias sin fin creció. En los últimos 11 meses fueron asesinados en Colombia 162 defensores de derechos humanos y líderes populares, al tiempo que el país sigue naufragando en el mar de la corrupción oficial y privada. El desempleo aumentó al 12,8% y se sabe que el 55% de los trabajadores gana menos del salario mínimo. Y ni hablar de que el país continúa con el miserable récord mundial de tener la más alta cifra de desplazados internos, más de siete millones.

Colombia es uno de los países más inequitativos del mundo y el segundo más inequitativo en América Latina, después de Honduras. Es una nación cada vez más desindustrializada, en la que aumentan la pobreza, la inseguridad, la corrupción, la desnutrición… Y en la cual el “señor presidente” se complace en cumplir el indignante rol de lacayo-cipayo de Trump en la intención utilitarista y nada humanitaria de Washington de invadir a Venezuela. Tal vez, dirá él, es una manera de subir algunos punticos en las encuestas.

Todo parece indicar que la “ayuda humanitaria” la requiere más Colombia que Venezuela. Ah, y si van a hacer un concierto por los niños de La Guajira y del Chocó, no lleven tantos “chirretes” ni “valijas” a hacer molotov. Que mejor se tomen la gasolina, “señor presidente”.

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 5 de marzo de 2019

Editado por María Piedad Ossaba