Samuel Moncada: Derrotemos la guerra colonial de Trump

Con la excusa de salvar a Venezuela, Trump tiene como objetivo destruir su población, Estado y territorio. Estamos a las puertas de una situación parecida a la de 1965 cuando la OEA sirvió como instrumento para invadir a la República Dominicana. Están usando un modelo similar a los empleados en Iraq, Siria y Libia.

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El proyecto colonial con que Donald Trump intenta reconquistar a Venezuela tiene varios componentes: una insensatez jurídica, un abuso de poder, un crimen de agresión y un golpe de Estado. Todo con el propósito de promover el caos y una intervención militar extranjera que destruiría no sólo la paz en Venezuela sino en toda la región.

 

El proyecto es un plan criminal que traerá dolor y vergüenza para satisfacer la codicia de unos pocos. Esta afirmación puede parecer exagerada y debe ser explicada, porque estoy seguro que los pueblos libres del mundo conocen el peligro que significa para Venezuela, y para ellos mismos, la agresión de Trump. Una reconquista colonial en Venezuela sentaría un precedente que afectaría a todos los pueblos del mundo.

Résultat de recherche d'images pour Trump niega a los pueblos su capacidad para legitimar a sus gobernantes

El primer gran problema es que Trump pretende, sin tener capacidad para ello, decidir quién es el gobernante legítimo de Venezuela. La legitimidad es la aceptación voluntaria de la autoridad sin la amenaza del uso de la fuerza. En el caso de un país, la fuente de la legitimidad sólo se encuentra en la ciudadanía que está bajo las órdenes del gobierno dentro de ese país y nunca en territorio extranjero. Trump quiere imponer la práctica de que es él quien decide el gobernante de cada país.

En las democracias, el pueblo es soberano y los gobernantes sólo tienen el poder que su pueblo les entrega. La soberanía popular significa que el poder reside en el pueblo y éste se lo entrega voluntariamente a los gobernantes a través del voto.

¿Cómo un Estado soberano puede aceptar que la legitimidad de su gobierno sea determinada por otros Estados que no tienen autoridad alguna sobre sus asuntos internos y que son jurídicamente sus iguales? ¡Imposible! Pero esta es la pretensión de Donald Trump.

¿Qué capacidad para generar legitimidad tiene un gobernante extranjero sobre un pueblo que no gobierna? Obviamente ninguna. La propia pregunta es absurda, un sin sentido. Sólo los nacionales de un país pueden generar la legitimidad de sus gobernantes, nadie más.

Cuando se plantea que Trump puede decidir quién es el presidente de Venezuela, se pide algo imposible por definición. Ese poder no está sus manos, ese atributo no le pertenece, es una facultad que no existe. Tal competencia es del pueblo venezolano y Trump secuestra la voluntad de millones de venezolanos que votaron el 20 de mayo para elegir al presidente.

El delirio de Trump es también un abuso de poder. Su gobierno sabe que está inventando algo que no existe en las leyes internacionales. Comete prevaricación porque viola la ley deliberadamente, la tuerce y manipula creando una ficción para destruir la soberanía de nuestro país.

La constitución de Venezuela en su artículo 5 señala:

“La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”.

Ningún poder extranjero puede determinar quien detenta el poder legítimo en nuestro país.

En Washington no se decide la legitimidad de nuestras elecciones

En el año 2002, el gobierno Estados Unidos decidió no reconocer la legitimidad del Presidente Hugo Chávez y reconoció al dictador Carmona como presidente “legítimo” de Venezuela. Igualmente lo hizo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA cuando llamó al dictador Carmona “presidente” ¿Cuál fue el impacto de estas acciones en Venezuela? ¡Ninguno! El pueblo de Venezuela sabía quién era su presidente, pues en Washington no se decide la legitimidad del poder en Venezuela.

En el 2005, el gobierno de los Estados Unidos declaró que no reconocía los resultados de las elecciones para la Asamblea Nacional de Venezuela alegando que la oposición no había participado en ellas. El efecto de la condena para la Asamblea fue nulo, porque en Washington no se decide la legitimidad de nuestras elecciones.

En el 2013, el gobierno de los Estados Unidos no reconoció el resultado de las elecciones para la presidencia de la República, el efecto de la condena sobre el Presidente Nicolás Maduro fue nulo porque no se decide en Washington la legitimidad de nuestras elecciones. En el 2018, el Gobierno de Estados Unidos hizo lo mismo y el resultado debe ser igual ¡En Washington no se decide la legitimidad del poder en Venezuela!

El despropósito es tan grande que ahora Trump, para justificar la tiranía en Venezuela, se atreve a declarar a unos señores que se reúnen en Miami como el Tribunal Supremo “legitimo” de Venezuela. Para Trump, el grupo de Miami es la máxima autoridad en materia judicial en nuestro país y los que deciden los conflictos entre los poderes públicos e interpretan la constitución. ¿Ustedes creen que nuestro pueblo acepta voluntariamente la autoridad de esos señores en Miami? La pregunta ofende, pero esa es la supuesta capacidad que Trump cree tener sobre nuestro pueblo. Él cree que puede imponernos un gobierno títere desde Miami. No hay ley internacional que pueda sostener esto, sólo el desvarío de un gobierno supremacista que pretende pisotear la voluntad del pueblo venezolano.

“La potestad de administrar justicia emana de los ciudadanos y ciudadanas y se imparte en nombre de la República por autoridad de la ley”, artículo 253 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Promover a un grupo de impostores en Miami como un Tribunal Supremo es cometer un golpe de Estado contra la república venezolana. El gobierno de Trump lo hace impunemente, temerariamente. Lo mismo quiere hacer ahora con la Asamblea Nacional ¡Ya no sólo deslegitiman desde el exterior ahora relegitiman desde el exterior! Todo es tan falso, tan insultante, tan primitivo, como peligroso y criminal. Su manipulación jurídica y política pone en peligro la paz de Venezuela y de la región.

Las medidas coercitivas de Trump son una política de crueldad calculada

El segundo gran problema del gobierno de Trump es que quiere doblegar la voluntad del pueblo venezolano a través de la coerción. El artículo 20 de la Carta de la OEA afirma: “Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener de éste ventajas de cualquier naturaleza”.

La Naciones Unidas todos los años condenan las medidas coercitivas como violadoras de los derechos humanos, de la soberanía nacional, de la autodeterminación de los pueblos y de toda norma del derecho internacional. Sin embargo, el gobierno de Trump propone abiertamente castigos y agresiones dirigidas a fragmentar y debilitar los tres pilares de todo Estado como son su población, su gobierno y su territorio.

Los Estados Unidos han propuesto un programa de asfixia económica contra nuestro pueblo con el propósito de que el sufrimiento colectivo se manifieste en caos social. Esta agresión criminal cuenta con el apoyo del Reino Unido. El 28 de enero de 2019, Trump le robó al pueblo venezolano más de veinte mil millones de dólares, lo que representa un año de importaciones para el pueblo de Venezuela. Por su parte, el Banco de Inglaterra le robó a nuestro pueblo 1.200 millones de dólares sin ninguna explicación. El gobierno de Trump y el de Teresa May se comportan como piratas del siglo XIX que saquean los bienes de las naciones en la peor tradición de los imperios coloniales. Queda claro que estos dos gobiernos son agentes activos del sufrimiento causado a nuestro pueblo. Ellos son los principales violadores de nuestros Derechos Humanos.

Al máximo daño provocado lo llaman “crisis humanitaria” y pretenden aparecer como salvadores de una situación creada por ellos mismos. El proceso de destrucción económica es celebrado en Washington como un triunfo y usan al pueblo venezolano como rehén para doblegar la voluntad de nuestro gobierno.

Trump utiliza la crisis humanitaria como excusa para imponer un títere en Venezuela

Veamos el absurdo de la siguiente situación: Trump también declaró una crisis humanitaria y de seguridad en la frontera al Sur de su país para justificar la construcción de un muro. Regularmente Trump insulta y criminaliza a los migrantes y pueblos latinoamericanos con la política más racista que se conozca en décadas. Si los migrantes son un problema humanitario y de seguridad para los Estados Unidos ¿Invadirá Trump a los gobiernos de Guatemala y Honduras y desconocerá a sus gobernantes?

Lo más triste es que varios gobernantes latinoamericanos acompañan a Trump en su agresión contra Venezuela. No entienden que el lenguaje usado contra Venezuela es el mismo empleado contra ellos para discriminarlos. Lo más humillante de la política racista de Trump es que luego de insultar a todos los latinoamericanos extorsiona a un grupo de gobiernos para atacar a Venezuela.

Trump busca un Pinochet para Venezuela

El proceso de demolición de la República pasa por todas las operaciones clandestinas de subversión que intentan producir un golpe militar violento en Venezuela. El diario The New York Times denunció el 09 de septiembre como funcionarios de Trump se reunieron en varias ocasiones con militares venezolanos para derrocar al gobierno constitucional de Venezuela. Trump incluso afirmó públicamente que los Estados Unidos apoyaría un golpe de Estado en Venezuela.

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) es un agente de la guerra contra Venezuela, repite fielmente el guión de Trump contrariando así toda ley internacional, su obligación de trabajar por la paz y su integridad como funcionario internacional.

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó en 1986, que no existe en el derecho internacional un derecho general de intervención parar apoyar a la oposición política dentro de otro Estado. Incluso, reconocer como representante legítimo de un pueblo a solo un sector de la oposición, constituye una violación del principio de no intervención en las relaciones internacionales. La Corte decidió esto nada más y nada menos que en el caso de agresión de los Estados Unidos contra Nicaragua1. Hoy quieren hacer lo mismo tanto en Venezuela como en Nicaragua.

El intento de magnicidio perpetrado contra el presidente Nicolás Maduro, el 04 de agosto de 2018, fue el primero en el mundo ejecutado con drones contra un Jefe de Estado. Fue organizado desde los Estados Unidos y Colombia, países que hoy protegen a sus autores. Es una realidad aberrante que para los presidentes Trump y Duque existe un terrorismo “bueno”: el que se usa contra Venezuela. Los medios de comunicación han silenciado este ataque terrorista que forma parte de las operaciones clandestinas para destruir la democracia en Venezuela.

Se trata de toda una estrategia para disolver la personalidad del Estado, fragmentar los poderes públicos, debilitar la gobernabilidad de la nación y destruir la paz social. Es la estrategia del caos y la destrucción.

La guerra colonial de Trump contra Venezuela es por el petróleo

El artículo 19 de la Carta de la OEA afirma:

“Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen”.

En total violación de este artículo llegamos a lo más grave: la guerra. Así lo expresó Trump, su Vicepresidente, el director de la CIA y el Embajador de Estados Unidos en la OEA. Así lo dijo el Embajador de Colombia en Washington y el actual Vicepresidente de Brasil.

A esta maquinaria de la muerte y la destrucción, se suma el Secretario General de la OEA como parte del complejo militar-industrial que tiene a la guerra como un negocio para la venta de armas y el despojo de los recursos naturales de Venezuela. Es un plan macabro que sirve para beneficiar a los intereses de las más grandes corporaciones de los Estados Unidos, tal como la ExxonMobil. El Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, ya aseguró que las compañías petroleras de EEUU tendrán como botín de guerra el petróleo de Venezuela. Es el mismo plan de guerra por petróleo usado en Iraq y Libia. Es sangre por petróleo.

La asfixia económica, la fragmentación de la unidad del Estado y el despojo de nuestros recursos naturales son las bases materiales de la atrocidad jurídica que representa la guerra colonial de Trump. No se trata de la democracia o la paz, se trata de la destrucción de la soberanía popular y nacional, de la anulación de la independencia de la nación y de la imposición de un tutelaje por medio de un gobierno títere sin raíces en nuestro pueblo y territorio.

Estamos a las puertas de una nueva fase de agresión, que intenta justificar la imposición de un gobierno colonial desde el extranjero con llamados a un golpe militar. Y lo peor es que, los autores e instigadores del crimen, son presentados como los salvadores que usarán sus fuerzas armadas para impedir la guerra en Venezuela.

Con la excusa de salvar a Venezuela, Trump tiene como objetivo destruir su población, Estado y territorio. Estamos a las puertas de una situación parecida a la de 1965 cuando la OEA sirvió como instrumento para invadir a la República Dominicana. Están usando un modelo similar a los empleados en Iraq, Siria y Libia.

Hacemos un llamado al mundo para que entienda el peligro que representa apoyar la desintegración del Estado venezolano, la aplicación de medidas coercitivas ilegales que violan los derechos humanos de nuestro pueblo y de la guerra que irresponsables traficantes de la muerte hacen con impunidad. Hoy es Venezuela mañana es Nicaragua, después cualquiera otro país del mundo.

En esta hora peligrosa sólo la unidad nacional puede derrotar las agresiones más brutales en los últimos cien años. Todas las venezolanas y venezolanos, de todos los partidos y creencias estamos llamados a defender nuestra soberanía, nuestro territorio, nuestra independencia y nuestro derecho a la paz. Frente a las amenazas colonialistas de Europa y Estados Unidos, nuestra generación tiene la responsabilidad de asegurar la segunda liberación de Venezuela. En nuestras manos no se perderá la República. Debemos derrotar la guerra colonial de Trump.

Samuel Moncada

Fuente: Gobierno Bolivariano de Venezuela, Ministerio del Poder Popular, 8 de febrero de 2019