Sobre el marxismo (sin ismos y con alma) de Francisco Fernández Buey y su Marx a contracorriente.

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(…a pesar/ de tanta vida deplorable, sí,/ a pesar y aun ahora/ que estamos en derrota,
nunca en doma)

Marx a contracorriente

Estructura: 1. Introducción  2. El marxismo sin ismos de FFB. 3. Marx a contracorriente.  4. Brecht y María Arnal.

1.Introducción: cinco observaciones.

1. No creo en el género conferencias. Intervengan cuando quieran.
1.1. Si les aburro, no lo duden: tarjeta roja directa y me interrumpo inmediatamente. La amarilla no es necesaria, mejor no usar este color.

2. Un matiz. Una nota de Jaume Grau, de 10.11.2018: “Cuando hace 200 años del nacimiento de Karl Marx, nos queremos preguntar cuál es la actualidad del «filósofo de la sospecha», del creador del sistema filosófico, político y económico que lleva su nombre; si la caída del muro de Berlín, y la posterior ofensiva desbocada del capitalismo más salvaje y desvergonzado, han hecho desaparecer la vigencia de su discurso revolucionario y emancipador». De la segunda parte, hablaremos en algún momento de esta tarde-noche. De la primera, de la que también hablaremos, a modo de apunte: FFB no pensaba el marxismo en términos de sistema filosófico, político y económico (como Marx: «Je ne suis pas marxiste»). Yo tampoco. ¿Qué era entonces el marxismo por él? Dicho rápidamente: una tradición filosófica de política socialmente transformadora. Con palabras de Manuel Sacristán de 1968 que a FFB le gustaba recordar: “El autor de este artículo [MSL] ha negado que pueda hablarse de filosofía marxista en el sentido sistemático tradicional de filosofía, sosteniendo que el marxismo debe entenderse como otro tipo de hacer intelectual, a saber, como la conciencia crítica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano

3. No sé ustedes, aunque puedo conjeturar sobre ello, pero yo creo y apuesto por el bilingüismo. Lo voy a practicar esta noche y les voy a hablar en bilingüe, en castelán y en catallano. Verán que nos entendemos sin problemas a no ser que busquemos-aspiremos a uniformidades-homogeneidades inexistentes o pensemos en términos del hombre-mujer unidimensional, un concepto usado por Marcuse, autor traducido por Manuel Sacristán hace muchos años, un filósofo (ambos en realidad) que, en mi opinión, crece y sabe mejor con los años.

4. Pueden oír esta intervención como un amplio comentario a tres textos, un poema y una canción. Los textos:
1. No se debe ser marxista (Marx); lo único que tiene interés es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradición que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan”, MSL, 1979
2. “Los ideales tienen extrañas propiedades; entre otras la de transformarse en su contrario cuando se les quiere seguir escrupulosamente”. Robert Musil, El hombre sin atributos.
3. “Luego conocí la clase obrera de una ciudad industrial, y comprendí lo que realmente significaban las cosas de Marx que había leído antes por curiosidad intelectual. Así me he apasionado por la vida a través de la lucha de la clase obrera. ¡Pero cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando nunca se había querido a nadie, ni siquiera a la familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se había amado profundamente a criaturas humanas individuales! ¿No iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante, no iba a esterilizar y reducir a puro hecho intelectual, a puro cálculo matemático, mi cualidad revolucionaria? He pensado mucho en todo eso, y he vuelto a pensarlo estos días porque he pensado mucho en ti, que has entrado en mi vida y me has abierto el amor, me has dado lo que me había faltado siempre y me hacía a menudo malo y torvo” (Antonio Gramsci, 1924)

El poema: “En la capital” de Erich Fried (un poeta muy del agrado de FFB).

“¿Quién manda aquí?”

Pregunté.

Me dijeron:

“El pueblo naturalmente”.

Dije yo:

“Naturalmente el pueblo

pero, ¿quién

manda realmente?”.

La canción: de don Enrique Morente y Lagartija Nick, ”Manhattan (First we take Manhattan)”

5. La 4ª observación es un chiste: Mafalda, los cafés, los 15 cuadernos de apuntes, el sofá, y la pregunta que le hace a su padre: “con detalle, sin presuponer mucho, papi, ¿qué tipo de marxismo es el marxismo de FFB?”. Como la respuesta sería larguísima. El padre de Mafalda tiene razón en su desesperación. Así, pues, yo no caeré en esta “tarea profunda y larga” y hablaré básicamente del libro, de Marx a contracorriente, con alguna idea complementaria, más general si quieren, sobre su marxismo sin ismos.

Empiezo por esto último, a título de ideas tentativas. Diez, doce de estas ideas.

Primera parte

Francisco Fernández Buey.

Franciso Fernández Buey

1. Sus maestros.
1.1. Solía citar a tres: Manuel Sacristán, Emilio Lledó y José María Valverde.
1.2. En el ámbito marxista, así lo señala en Marx sin ismos, Korsch, Rubel y Sacristán (yo creo que hay otros: Gramsci, por ejemplo; cierto Lenin también).
1.2.1. De Rubel: su marxismo libertario, su conocimiento real de la obra de Marx, su no hablar por hablar. Su heterodoxia sólida.
1.2.2. De Korsch: su pensar con cabeza propia, su saber estar en minoría, su lucha política desde los principios.
1.2.2.1. Interés por autores considerados izquierdistas de los años 20 como Pannekoek, Paul Matick, Karl Korsch, y el debate sobre los consejos de fábrica. Artículos recogidos en otro libro suyo, 1917 (Vilassar de Mar, El Viejo Topo, 2017).
1.3. Su mayor influencia: desde la propia tradición, como filósofo, como ciudadano comprometido, como activista político, como amigo, como colega: Manuel Sacristán.
1.3.1. Su curso de doctorado sobre “Ciencia y política en Manuel Sacristán”, 1994, Facultad de CEE de la UB.
1.3.2. Sus apuntes pendientes de publicar, muestran la penetración, el conocimiento de la obra y de la vida y la coincidencia de sus posiciones.
1.3.3. Sugerencia: vean sus trabajos sobre su maestro-amigo publicados en Sobre Manuel Sacristán, El Viejo Topo, Barcelona, 2016.

SOBRE MANUEL SACRISTAN: FERNANDEZ BUEY, FRANCISCO

2. Su marxismo no fue (no tuvo vocación de ser) un marxismo académico.
2.1. Que puede estar muy bien y puede ser muy interesante: tal vez, no aseguro, el caso de Michael Heinrich (que no conozco bien desde el punto de vista de su compromiso organizativo y, por lo tanto, puede estar totalmente equivocado; otro caso cualquiera serviría).
2.1.1. Pero no fue el caso de FFB.
2.2. FFB fue, en primer lugar, un luchador antifascista (SDEUB), un comunista democrático y activo hasta el final de sus días, y, en segundo lugar, marxista.
2.2.1. Y un gran profesor-maestro: no sólo para ganarse la vida.
2.3. Ilustración de su marx-com o mejor de su com-marx. En una de sus últimas entrevistas, acaso la última, hablando con Jaume Botey (que también nos ha dejado recientemente), FFB señalaba ya en su primera respuesta.

La primera cosa que querría decir es que a mí, lo de considerarme marxista o no, siempre me ha parecido una cosa secundaria. Aunque pueda parecer otra cosa desde fuera, no es mi asunto. También para Manolo Sacristán lo de ser marxista era tan secundario que en discusiones bastante serias que tuvimos con amigos y colegas Manolo quería considerarse fundamentalmente comunista. Yo también. Para mí, el marxismo es una historia de la que han salido muchas cosas. Siempre consideré que eso del marxismo había pasado a ser uno de los elementos de la cultura superior y que, para entendernos, había marxistas de derechas y marxistas de izquierdas. La línea divisoria de la lucha social y política en nuestro mundo, no pasa por ser marxista o no marxista. De estudiante [SDEUB] ya me encontraba más a gusto en las batallitas cotidianas con gente que no eran marxistas sino que eran anarquistas, cristianos o socialistas utópicos, que con los marxistas.
Creo que hay que hacer un esfuerzo por superar confesionalidades de cualquier tipo y caminar hacia una cultura laica tolerante, consciente de las dificultades, de lo que ha sido la cultura laica de izquierdas hasta ahora. Manolo tenía muy claro que uno de los problemas principales del marxismo es que nunca ningún marxista había dicho nada interesante sobre un tema tan clave para las personas como la muerte. Nuestras cosmovisiones, que se pretenden globalizadoras, no tienen explicaciones para casi nada de lo profundo, no sólo de la muerte, sino de casi ninguno de los grandes problemas de la persona, por ejemplo de la relación entre mi yo privado y mi yo público. Estudiar la tragedia de Gramsci podría ayudarnos a vislumbrar algo en esta línea.

No estoy tan seguro de que este apunte crítico final sea totalmente justo. Pero no es el asunto ahora. El asunto es lo señalado anteriormente: la línea divisoria de la lucha social y política en nuestro mundo no pasa por ser marxista o no marxista. Empero, conviene insistir, FFB fue un marxista-comunista o mejor, siguiendo su reflexión, un comunista-marxista hasta el final de sus días.
Esa fue su tradición esencial, el marxismo no fue algo marginal en su caso. De ninguna de las maneras.

2.5. Dicho mal… pero bien si queremos entenderlos: FFB fue un moralista sin Iglesia y sin pretensiones de Gran Hermano alienador-manipulador: quiso ser mejor y hacernos mejores; no sólo pensó sobre cómo ser mejor y cómo hacernos mejores.
2.5.1. Lo mejor de FFB no fue su obra, siendo excelente e importante, sino él mismo.
2.5.2. Casi como en el caso de su amigo, de Manuel Sacristán.
2.5.2.1. Hablo mucho de ellos. Me han hecho ambos. Han sido el mejor dueto marxista-comunista de toda la historia de la filosofía y política españolas (no excluyo aquí a Cataluña por supuesto; de hecho, ambos fueron dos filósofos catalanes, ambos aportaron lo suyo, que no fue poco porque fue mucho, muchísimo, a la cultura catalana entendida de forma no sectaria, no uniformista ni nacionalista). A la altura de Teresa Berganza/ Montserrat Caballé y Alfredo Kraus por ejemplo.

3. Marx-Gramsci o mejor Gramsci-Marx
3.1. Más que un marxista gramsciano, FFB fue, si se me permite la broma, un gramsciano con mucho conocimiento de Marx.
3.2. El marxista, incluyendo a Marx, sobre el que más escribió y al que, lo voy a decir sin muchas reservas, más amó.
3.2.1. No he dicho leyó, que también; no he dicho estudió desde siempre, que también; no he dicho admiró, que también; no he dicho tradujo, aunque también, sino que amó. Para él fue, como diría Tina Turner, “Simple the best” https://www.youtube.com/watch?v=FqDZOekUDzE.
3.2.2. Les recuerdo la traducción de su Leyendo a Gramsci al inglés, publicado por Brill: Reading Gramsci. Aquí puede verse uno de sus textos más conmovedores y deslumbrantes: “Amor y revolución”.
3.3. El mismo lo ha dicho en estos términos (de esa misma entrevista que antes citaba):

Para mí Gramsci siempre ha sido el marxista por antonomasia. Empecé a leer cosas sueltas en el 63, y a partir de conocer a Manolo de manera más sistemática. Siempre he considerado que Gramsci hizo una lectura de Marx filológicamente no adecuada, pero que gracias a esta lectura filológicamente no adecuada, hizo avanzar el marxismo. Por ejemplo, su noción de ideología es muy distinta de la de Marx.
Y por descontado lo admirable de Gramsci es su biografía. Que con sus características aguantara lo que aguantó, y lo aguantara con aquél talante moral hasta el final y el sentido del humor que tuvo pone de manifiesto que fue un fuera de lo normal. Todavía hoy en el curso de filosofía de las humanidades doy como tema una comparación entre Gramsci y Simone Weil, porque de todos los personajes del s. XX que he leído con pasión, son los que más me han impresionado, Aunque por otra parte son muy distintos. Probablemente si les hubiéramos puesto frente a frente en una habitación, que podría haber sido igual que Simone Weil coincidió con Trostski, habrían saltado chispas y no hubieran podido ni hablar, sin embargo, lo que pensaron, lo que hicieron, lo que escribieron, aun procediendo de tradiciones distintas y pensando con su propia cabeza, tienen muchos puntos de contacto.

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3.4. Aquí hay varias sugerencias de tesis o investigaciones: El Gramsci de FFB; La Weil de FFB; “Un diálogo entre SW y AG en la mirada de FFB”.
3.4.1. Anuncio de un nuevo libro de FFB: “Sobre Simone Weil”. El título sería probablemente de su agrado: La conciencia radical de la desgracia.

4. Reflexiones sobre gentes de la tradición.
4.1. El caso de Valentino Gerratana, uno de los artículos del libro. No es el único, hay más.
4.1.1. A FFB le interesó el cine de Moretti, sobrino de Gerratana.
4.1.1.1. Un cinéfilo, degustador (y comentarista) del buen cine. Miren por ejemplo la presentación de su Marx sin ismos.
4.2. Una cita que les he leído antes seguía así:

Entre las personas que yo considero que me han influido mucho es Valentino Gerratana, por quien yo siempre he tenido mucho respeto, por una parte era un rojo que había estado desde el principio en la resistencia, no como tantos otros que se hicieron rojos después. Era muy fino en el ámbito de la historia de las ideas. En este libro que yo mismo traduje «Investigaciones sobre la historia del marxismo»es muy fino en tratando todos los temas, lo mismo cuando habla de Darwin o de Marx… y la edición crítica que hizo de la obra de Gramsci es excelente. Era un hombre nada simpático, muy serio, pero muy competente. En uno de estos congresos gramscianos, en el que precisamente estaba uno de sus hijos [creo que habla de Delio], el músico, que debería encontrarse incómodo ante tanta gente que pretendía conocer a su padre y él no lo había conocido, me impresionó mucho la manera respetuosa de Valentino de tratar al personaje. En estas ocasiones los biógrafos siempre tratan de poner “espléndidos…” y Valentino me pareció serio, discreto.

Valentino Gerratana el tercero de la izquierda, de pie, entre los gappisti romanos en 1944

4.2.1. El también era así: serio, discreto,.. pero con sentido del humor, entrañable muchas veces (especialmente con algunas personas; por ejemplo, con mi esposa-compañera que está aquí, entre ustedes, ella les puede explicar su forma de estar en el mundo).
4.2.1.1. De esa seriedad una anécdota que cuenta Juan Carlos García Borrón en España siglo XX. Recuerdos un observador atento, Barcelona, Ediciones del serbal, 2004, pp. 166-167. Estamos a principios de los años setenta del siglo pasado:

En un principio reparé en Fernández Buey por su calidad intelectual y su comportamiento estudiantil irreprochable, en un tiempo en que aquello no era lo más general (en ciertos casos, porque estudiantes conscientes estaban más por la protesta que por la disciplina académica, y en bastantes otros porque muchos se aprovechaban del ambiante general de rebeldía para frecuentar mas el ba que las aulas). Su papel de líder del proyecto sindical universitario solo lo conocí con motivo del encierro en los Capuchinos.
De modo muy coherente pero bastante inusitado iba a darme la muestra más decisiva de su seriedad escolar no en una clase sino en pleno transcurso de su activismo político. Andaba entonces con su entones novia, Neus [Porta, su futura esposa], también, por cierto, ex alumna mía en Montserrat, escondiéndose de la policía cuando nos encontramos en un establecimiento de comidas preparadas. Al lamentarse conmigo de que en su situación no esperaba poder presentarse al examen, le dije que con toda tranquilidad de conciencia yo podría calificarle como estaba seguro que merecía. Bastaría con que nos reuniéramos a hablar de su preparación en el lugar y momento que él considerase conveniente para su seguridad. Se me mostró cordialmente agradecido, pero dije con firmeza que no le gustaba la idea de recibir lo que de hecho sería un trato de favor, y que tampoco entraba en su concepto de lo que debía ser el estudio universitario una laxitud que en su acción política no debía admitir.

4.3. Como les decía, en el libro que comentamos se recoge el obituario que escribió tras el fallecimiento del editor de Gramsci: la misma profundidad, el mismo sentimiento, en otros casos. Por supuesto, en el fallecimiento de Sacristán, de José Mª Valverde, de Pietro Ingrao o de Lucio Magri, o cuando escribió sobre Mariátegui o sobre Guevara.
4.3.1. Están entre sus escritos más “directos al corazón”.
4.3.2. Otro ejemplo: el dedicado a Gregorio López Raimundo, el que fuera secretario general del PSUC y presidente del PSUC-viu, con motivo de la presentación de su último libro. Se conocieron así:

Conocí personalmente a Gregorio López Raimundo unos años más tarde, creo que en 1970 o 1971. Habíamos pasado por un estado de excepción durísimo, muchos compañeros habían sido detenidos, varios de ellos estaban en la cárcel y el PSUC pasaba por un momento delicado. Estábamos intentando reorganizar una comisión de formación de cuadros desmantelada por la brigada político-social y al mismo tiempo tratábamos de entender lo que había pasado en el mundo en 1968. Discutíamos mucho entonces sobre la situación real y sobre el futuro del régimen franquista. Yo entonces no estaba de acuerdo con la valoración que Gregorio hacía de nuestra situación (la del partido y la del régimen franquista) y tampoco con algunas de las cosas que la dirección del partido venía diciendo y escribiendo sobre lo que había de representar el doble aldabonazo del 68. Lo que oí en aquel primer encuentro con el camarada Gregorio no me gustó. Y tampoco me gustó lo que oí en algunas reuniones posteriores con motivo de la redacción del nuevo manifiesto-programa del PSUC. Pero supe entonces que lo que me habían dicho años atrás de la bondad de Gregorio López Raimundo era verdad. Y que esta verdad tenía que estar por encima de las diferencias políticas.

4.3.2.1. El énfasis dice mucho de FFB, sobre todo en sus últimos años. No eran solo palabras. Lo pensaba así, lo vivía así. En mi opinión, este punto es muy importante, mucho, para comprender bien el FFB poliético, el ciudadano comprometido que, sin partido-organización entonces, interviene, sigue interviniendo, en el ágora pública.
4.3.3. El texto anterior sigue así y es mejor incluso

En 1976, poco antes de la legalización del partido, dejé el PSUC. Los motivos no importan en este contexto. Lo que importa, porque es un recuerdo que se me quedó grabado para siempre, es que unas semanas después, yendo yo con Neus Porta, coincidimos en un autobús urbano con Gregorio López Raimundo. Fui a saludarle y a preguntarle, con cierto retintín, si habían recibido mi carta de despedida, dispuesto a iniciar la enésima discusión política. Recibí una lección que entonces no entendí bien. Gregorio me dijo que “no”. Y añadió que esperaba no recibirla y que, en cualquier caso, seguía habiendo muchas cosas que hacer y volveríamos a encontrarnos. Lo dijo sin acritud, con el mismo tono bondadoso de otras veces, como si nada hubiera cambiado.
Desde entonces he vuelto a coincidir con Gregorio López Raimundo muchas veces, ya sin nombres de guerra y una situación muy cambiada: en los inicios de Izquierda Unida, en Iniciativa, en Esquerra Unida i Alternativa y últimamente en el PSUC-viu. Mientras tanto, la cultura comunista se ha ido convirtiendo en una de esas cosas en peligro de extinción cuyo valor hay que explicar a los más jóvenes con calma y con paciencia para que no se pierda entre los horrores de lo que fue el estalinismo.
El mundo ha dado muchas vueltas, la mayoría de esas vueltas han hecho que muchas personas valientes perdieran los ideales que tuvieron y que muchas personas bondadosas se dejaran llevar por la melancolía del hemos sido mucho y no somos nada. Gregorio López Raimundo, a sus noventa años, sigue ahí, en todo acto contra la guerra y contra las injusticias, mostrándonos, con su presencia y su palabra, que la ética de la resistencia no tiene edad. Cuando hoy le veo y le oigo hablar de comunismo y alterglobalización pienso que tenían razón los amigos de ayer: valor y bondad. Se necesitaban entonces para resistir a la barbarie franquista. Y se necesitan hoy sencillamente para estar ahí y seguir diciendo lo que se es. Gracias, Gregorio, por seguir estando, por la compañía.

http://blogs.periodistadigital.com/imgs/20071118/lopezraimundo.jpgGregorio López Raimundo

4.4. Sugerencia: si alguien se quisiera aproximar al estudio del marxismo de FFB, podría hacerlo a través de estos escritos sobre filósofos y luchadores de la tradición.

5. Diálogo con los cristianos comprometidos.
5.1. Un texto influyente: el de Sacristán de 1968 para un libro que coordinó Jesús Aguirre: “El diálogo: consideración del nombre, los sujetos y el contexto”.
5.2. Sus relaciones con el mundo cristiano de base. Noticias obreras. Amistad a la larga con tres de estos cristianos socialistas y gramscianos los tres: Jaume Botey, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Rafael Díaz-Salazar.
5.2.1. Dirigió la tesis de este último. Escribió un prólogo cuando se editó como libro. Se cartearon además.
5.2.2. También con Alfonso Carlos Comín. Comentarios en Sobre Manuel Sacristán, edi cit.
5.3. Una de sus reflexiones, también de su conversación con Jaume Botey:

Totalmente de acuerdo. Te pongo un ejemplo: en el año 79 u 80, en la redacción de Mientras Tanto tuvimos una discusión sobre el tema de la miseria, el hambre, la calle. Empecé a plantear cómo veíamos y qué alternativa teníamos al problema de la pobreza en la calle. Es muy llamativo, ves en TV gente que le pregunta y usted qué hace cuando se encuentra a la entrada del metro de Madrid o de Barcelona una multitud de pobres que piden, ¿qué hace usted? Para mí, la definición respecto de «qué hace usted» es mucho más importante que la manifestación teórica de los principios ideológicos. Es decir, ¿qué hace un marxista ante esto? Pues puede hacer dos cosas, la primera, si es un leninista estricto, puede hacer lo que hizo el Lenin joven: «nada de dedicarse a la alfabetización de los campesinos, porque lo que nos interesa es profundizar las contradicciones que llevaran». La conclusión de eso hace tiempo que la sé, y Lenin cuando se estaba muriendo también: empezar a alfabetizar a la gente 20 años después, en condiciones mucho peores que las de 20 años antes y diciendo que no puede haber socialismo con analfabetos. Mi punto de vista es que no hay cultura laica que dé respuesta a los grandes problemas de la humanidad, la pobreza, la droga, la emigración, etc. ¿A dónde lleva una reflexión como esta?, pues a una consideración sobre los movimientos religiosos de hoy día: ¿por qué la religión, a pesar del momento tan reaccionario como el que hay, presenta tanto atractivo para tanta gente pobre?, pues porque por lo menos atiende los problemas verdaderamente graves para una parte importante de la humanidad. Igual desde la otra perspectiva, ¿por qué hay  tanto fundamentalismo en el mundo? Pues porque el fundamentalismo religioso es, si queremos lo podríamos llamar como lo llamaba Marx: «el suspiro de la criatura oprimida», ¡de acuerdo!  Pero hay momentos en los que atender el suspiro de la criatura oprimida es más importante que la duda eterna y evidentemente más que el poder establecido.

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Jaume Botey

5.4. Un ejemplo de filosofía y filosofar de la praxis.

El diálogo cristiano-marxista o el encuentro con Garaudy y otros que en el momento de la crispación representaban la corriente más dialogante, para mi no era un diálogo teórico, siempre fue como un diálogo práctico, ético-político. Así lo veía también Manolo. El diálogo es fundamental en el momento en que te estas encontrando cotidianamente con gente que tienen otras perspectivas y que a pesar de eso los sientes como hermanos. No se trata tanto de buscar argumentos para saber qué tenemos que criticar o como tenéis que defender la religión sino de buscar formas para trabajar juntos.

6. La singular sensibilidad de su marxismo.
6.1. Las motas editoriales de mt.
6.2. Su praxis como ciudadano.
6.2.1. Su insumisión fiscal antibelicista
6.2.2. Su apoyo real a todas las causas de los y las desfavorecidas.
6.2.3. La escuela de alfabetización de Can Serra. Mediados de los setenta.
6.2.4. Sus conferencias: en cualquier lugar donde le pedían.
6.2.4. 1. Creía realmente en la idea de otra cultura, de una cultura alternativa, anticapitalista.
6.2.5. Su diponibilidad.
6.3. Su humanismo marxista: apuesta por los de abajo. No dejar a la gente tirada, la solidaridad real. Un ejemplo: su carta de 24 de enero de 1989 al entonces preso en Soria, Felix Novales, un ex militante de los GRAPO. De interés también por otros asuntos.
6.3.1. Recomendación: su prólogo a las memorias de Novales, El tazón de hierro. Lo hemos incluido en otro libro en construcción: “Prólogos”.

Querido Félix:
Recibí tu última carta en Barcelona durante las vacaciones de Navidad. No te he escrito hasta ahora porque estaba esperanzo el resultado de una gestión editorial para la eventual publicación de tu manuscrito. Hice la gestión con la Editorial Crítica a través de Josep Fontana. En este momento no he tenido todavía respuesta. El retraso se debe seguramente a que, mientras tanto, Mondadori ha comprado la Editorial Grijalbo (a cuya empresa pertenece Crítica) y, por tanto, están en un momento delicado en lo que hace a la producción. De todas formas, espero tener noticias de Fontana en los próximos días.
Hubiera seguido esperando si no fuera porque ayer me llamó por teléfono Aurelio Arteta, al que conozco desde algunos años, quien me dijo que había leído también tu manuscrito. A.A. opinaba que había que publicarlo cuanto antes y, con esa intención, se lo había pasado a Fernando Savater. Según A.A., Savater opinaba que la editorial adecuada (o, tal vez, la más a mano) para su publicación es El País. Yo no soy de esa opinión y así se lo dije a A.A., el cual va a verte, según creo, dentro de unos días.
Como no me gusta especular con los demás acerca de algo cuya decisión última te concierne a ti, quiero explicarte mi opinión. Que es ésta: un texto como el que has escrito es un testimonio que vale por sí mismo, no por la casa editorial que lo publique. Si he entendido bien lo que es actualmente tu visión del mundo, de la sociedad y de las relaciones entre las personas, habría que buscar una editorial “roja” (para entendernos), una editorial capaz de entender y valorar la autocrítica sin manipularla o convertirla en mera mercancía. Dentro de lo que hay, Crítica reúne, creo, esas condiciones. El problema, Félix, es que en este momento no puedo asegurarte nada.
Te diré ahora por qué no me gusta la editorial de El País: esa empresa ha hecho todo lo que estaba en su mano desde hace unos años para acabar con la cultura comunista en España (escribo “comunista” en un sentido amplio, no partidista). Y lo sigue haciendo. En los últimos tiempos ha añadido, a la caza del rojo, la caza del verde, del alternativo, etc. Tiene a su favor, en cambio, ser la empresa que publica el periódico más liberal (razón por la cual, no habiendo prensa alternativa, también yo lo leo diariamente). Esto último, es suficiente para mí, porque sigo pensando en una cultura alternativa, en una cultura de los de abajo.
La vida de una persona tiene, sin embargo, tantos matices, inflexiones, urgencias, necesidades y voluntades que en un momento concreto pueden ser determinantes que el “obra en forma tal que la máxima de tu conciencia pueda convertirse en ley universal” siempre me ha parecido un exceso rigorista. Dicho en plata: respetaré tu opinión al respecto. Lo que decidas hacer, bien hecho estará. Quería, no obstante, comunicarte mi opinión con la misma franqueza con la que se le comuniqué a A.A. para evitar cualquier tipo de equívoco en estas cosas.
No te he mandado la foto que me pedías por dos razones a cual más tontas: primero porque me daba un poco de vergüenza (tal vez absurda) la exhibición; después porque al regresar a Valladolid me di cuenta de que no teníamos aquí ninguna foto en la que estuviésemos Neus, Eloy y yo juntos. Esta última tontería puede acabar siendo una buena razón adicional para que nos hagamos una foto los tres aquí. Y después te la mandemos, claro.
[…] Hasta las vacaciones de Semana Santa estaré en Valladolid (calle Nicolás Salmerón… o Departamento de Sociología de la Facultad de Económicas,.. Un fuerte abrazo y hasta pronto.

7. Un marxismo ecologista, muy ecologista.
7.1. Nudo esencial en su filosofar desde finales de los setenta, sino antes.
7.2. Cambios en el ideario comunista. Sus artículos de m.t.
7.3. Su militancia en el CANC
7.4. Su permanente interés por Palencia, Valladolid y Castilla y León y por sus tierras de origen y los desmanes nucleares a los que estaban amenazados.
7.5. Su interés por el decrecentismo.
7.5.1. Uno de sus últimos artículos, presentación más tarde del libro de su amigo Jorge Riechmann: El socialismo sólo puede llegar en bicicleta.

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8. Marxismo y mirar desde abajo.
8.1. Desde abajo, desde los más desfavorecidos.
8.1.1. Filosofar desde abajo. Antología de Víctor Ríos y Jordi Mir Garcia en Los Libros de la Catarata, en la colección que codirigió con Jorge Riechmann: Pensamiento crítico.
8.1.2. Filosofando desde abajo. Documental de X. Juncosa.
8.2. Expresión brechtiana.

8.2.1. Su interés por la obra de Brecht. Desde casi siempre. Uno de los marxistas que más influenciaron en él. Véase el capítulo que le dedicó en Poliética.
8.2.2. Una sugerencia: elaboración de una antología de los textos que FFB escribió sobre el poeta y pensador alemán.
8.3. Desde abajo, una reflexión:

Ya hace muchos años que también en las discusiones así, con la gente en partido, yo decía que, en mi opinión, la clase obrera no iría al paraíso porque el camarada Marx les hubiera dado la entrada directamente, sino que también para ellos el paraíso había que ganárselo y que el hecho de ser obrero no presupone nada. Cuando el “obrerismo” era como categoría moral o cultural había que decir esto porque uno veía que había obreros tan hijos de p. como cualquier burgués, para decirle pronto y rápido. Pero hoy, cuando todo el mundo dice que ya no hay clase obrera y que eso se ha acabado, etc., quiero poner acento en lo contrario. No olvidemos que nuestro bienestar se fundamenta sobre la opresión de los últimos en todo el mundo y aquí con la inmigración. Es verdad que la clase obrera por el sólo hecho de serlo no va al paraíso pero todo es comparativo.
«Motores únicos de la historia» probablemente no los hay. Pero el asunto es ¿quién puede querer cambiar una situación de dominación, privilegio, de explotación y de opresión que no sean los miembros de lo que llamábamos clases trabajadoras? No se me ocurre. Ya sé que Touraine y otros empezaron a decir en los años 60 que había otros sujetos de cambio de la historia. Yo no he creído en eso y sigo sin creer. No me parece que los que están establecidos en el privilegio puedan ser motores de cambios importantes en la historia. No hace falta ser marxista para darse cuenta que eso no es posible.
Lo que pasa es que la clase obrera de hoy es una cosa radicalmente distinta de lo que hemos conocido desde el siglo XIX. Lo que sí pasa es que en comparación con un sistema-mundo en el cual ser explotado, tener trabajo, es un privilegio, lo que Marx decía o lo que decíamos los marxistas de la clase obrera hasta hace poco, cambia mucho. Porque el término de comparación entonces era una idea vaga del tercer mundo. Pero el punto de vista era tan eurocéntrico que no los veíamos como trabajadores como los de aquí. Ahora eso se ve de una manera completamente distinta.

9. Su marxismo y sus conocimientos de historia de la ciencia y de epistemología.
9.1. No fue un marxista analítico. Los criticó matizadamente: falta, escasa presencia, del continente historia.
9.1.1. “Marxisms Against the Current: Weighing the Decade of the Eighties” (con Carles Muntaner), Science and Society, vol. 58, nº 4, winter 1994-1995, pp.471-481. “Making sense of Elster” (con Carles Muntaner), documento de trabajo Monogramh 95-1 Lses/Nimh, publicado por el Department of Health and Human Services del National Institute of Health. Bethesda, Maryland (USA), 1996, 24 págs.(mimeo).”
9.1.1.1. También con Carles Muntaner: “Manuel Sacristán, Spanish marxist: Breaking the Pact of Silence”, Rethinking marxism, volume 10, number 2, New York (Summer 1998), pp. 123-138 [con Carles Muntaner].
9.1.1.1.1. FFB fue miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos.
9.2. FFB supo ver a Marx como un pensador en sus coordenadas históricas y desde un punto de vista informado, epistemológicamente hablando, también como buen conocedor de la historia de la ciencia.
9.2.1. Impartió cursos de historia de la ciencia en la UPF.
9.3. Ejemplos de su informada aproximación epistemológica a Marx.
9.3.1. Su concepción de la dialéctica.
9.3.2. Inexistencia de un “método marxista”.
9.4. Marx no fue para él un científico sin más, como Cantor, Hilbert o Newton por ejemplo. Hay mucha pulsión poliética en su obra. Decisiva en su interpretación.
9.4.1. Olvidarlo es cometer un grave error y olvidarse de su compromiso central desde joven.
9.4.2. No se debe (aunque se pueda y en parte se deba) leer Das Kapital como se leen los Elementos de Euclides, los Principia de Newton o Los principios de la aritmética de Peano.
9.4.2.1. Mejor: no basta con esa lectura “teórica” (necesaria sin duda).
9.5. Excursus: su interés por Einstein. Uno de sus temáticas centrales.
9.5.1. Lo consideró uno de los grandes filósofos del siglo XX.
9.5.2. Escribió mucho sobre él, desde finales de los setenta.

10. El coraje político de su marxismo.
10.1. Sin abandonar barcos en dificultades tras la caída del muro y la desintegración.
10.2. “Las virtudes del marxismo”, un texto de 1994, cuando casi todo el mundo decía que Marx era un perro muerto y que lo que tocaba era hablar de “Los defectos del marxismo”.
10.3. Un ejemplo: “1917 desde 1991”, noviembre de 1991.

Sin ninguna duda, éste va a ser el peor año del siglo para recordar la revolución rusa de octubre de 1917. Los hombres tienen una inveterada tendencia a reinterpretar una y otra vez los acontecimientos del pasado en función de lo que manda en el presente. También en esta ocasión ha ocurrido eso: los lodos que anegaron la URSS durante el verano de 1991 se ven ahora por muchos como una consecuencia directa de aquella polvoreda. La soberbia socialdemócrata del ya lo decíamos nosotros compite estos días con la jeremíada de los que pretenden borrar las propias huellas y con el oportunismo de aquellos otros que dejan caer vergonzosamente el nombre de comunistas. Por primera vez desde 1917 empieza a hablarse con simpatía de los Romanov incluso en ambientes que se llaman liberales. Es la prolongación natural de las conmemoraciones innaturales de la revolución francesa, en las que Mitterrand embelleció a los monarcas de 1789 para romper definitivamente con los jacobinos e ir preparando la Santa Alianza de este final de siglo.
Fue Alexis de Tocqueville, el gran teórico de la democracia moderna, quien escribió: “Cuando se las mira de frente, las revoluciones deslumbran y sólo vemos sombras. Para llegar a ver sus luces hay que mirar más allá: hay que saber qué había antes de que la revolución llegara”. La advertencia se refería, obviamente, a la revolución francesa; pero vale igual hoy en día para la valoración rusa de 1917. Las luces de aquellos días que conmovieron al mundo siguen resaltando sobre las sombras del terror y de la guerra civil cuando miramos con detenimiento el estado en que volvían de la primera guerra mundial cientos de miles de campesinos hambrientos, ávidos no sólo de pan sino también de una esperanza, de una palabra nueva. Para muchos esa palabra nueva fue: soviet. Esto explica que muchas cosas de las que pasaron el 7 de noviembre de 1917. Olvidar que detrás de aquella revolución estuvieron la guerra y el hambre generados por el zarismo, quedarse en la discusión sobre las formas de entonces o pretender que aquel mundo hubiera cambiado aplicando técnicas democráticas de intervención política que ahora empezamos a conocer, es una presuntuosidad monstruosa, mero verbalismo de gentes hartas que no han tenido que sufrir en propia carne la violencia del absolutismo, la humillación del pobre campesino sin tierra, las durísimas condiciones de trabajo del proletariado industrial.
[…] A pesar de todo, Lenin no alcanzó a ver la peor de las sombras: el asesinato de la mayoría de los compañeros revolucionarios de 1917. Para hacerse una idea de lo que debió ser aquella alargada sombra vale con un recuerdo: Svetlana Stalin tardó años en enterarse (a través de un periódico extranjero) de que su madre, la primera mujer de Stalin, se suicidó a consecuencia de que su marido la trataba como “un bruto animal”; durante todo ese tiempo creyó que su madre había muerto de un ataque de apendicitis, versión oficial (y familiar) del asunto. Otro ejemplo de que es, efectivamente, posible ignorarlo todo. Y no sólo en política. En lo más íntimo.
1991, cuando aquella experiencia histórica que se abrió en 1917 toca a su fin, es un buen momento para recordar la gran fecha reflexionando sobre las luces y las sombras de uno de los grandes acontecimientos del siglo. Renovar la tradición comunista, volver a cargarse de razones en esta ya milenaria lucha contra la desigualdad social, de la que la revolución de 1917 fue un hito inolvidable, así lo exige. Porque el arrepentimiento sigue siendo, en estos tiempos, un doble error; pero el borrar las huellas del terror estalinista en nada ayuda a los jóvenes que, en las desigualdades del mundo de hoy, quieran recoger, como otros lo hicieron hace 74 años, al viejo testigo.

11. Su enorme capacidad de intervención política
11.1. Su capacidad para mirar y ver (y para equivocarse como todos desde lueg): 1º de mayo de 1977, críticas a aspectos de la transición, papel de la socialdemocracia en España, nacionalismo catalán, tema otánico, apuesta antinuclear, críticas al irreal socialismo de la URSS, a la globalización capitalista, a la guerra-destrucción de Yugoslavia, etc.
11.2. El último ejemplo, el ejemplo el 15M.
11.3. Miremos lo que decía en RN tres días después de su irrupción, cuando aquello estaba en sus inicios, el 18M.

[…] No se ve la presencia de IU, o del PSOE por supuesto, en el movimiento por no hablar de los sindicatos tras la firma de la reforma de las pensiones. En su opinión, ¿esto va a significar un revulsivo en el mundo de la izquierda o estamos ante un movimiento que se va a esfumar después de las elecciones?
A mí me parece que va a ser un revulsivo. Tengo que decir que para mí es una alegría que haya surgido un movimiento así y que lo que me extraña es que no haya aparecido antes porque motivos para que apareciera un movimiento plural como éste, ciudadano, crítico, directamente crítico con el sistema político existente, cabreado con las cosas que se están haciendo, con la forma en que se ha abordado las cosas durante la crisis económica, etc., que no haya surgido antes es lo que verdaderamente me extraña.
Hay una cosa que creo que va a tener repercusión en los próximos tiempos.
Casi lo voy a decir en broma: hay una contraprueba de la importancia de un movimiento como éste que consiste en escuchar las declaraciones que van haciendo en estas últimas horas los responsables o representantes de partidos políticos, de sindicatos, incluso del Círculo de Economía. Lo que más me llama la atención de esto es que todos los que están siendo criticados por las personas que están presentes en las concentraciones van repitiendo que tienen algo en común con lo que están criticando las gentes.
Esto me parece que ya es un indicio de que va tener repercusión.

[…] ¿Y por qué cree usted que este movimiento, esta iniciativa, ha tardado tanto en irrumpir? ¿Cómo se explica la resignación que ha habido en este país durante estos años de crisis enorme y paro galopante?
Puedo intentarlo, puedo intentar buscar una explicación aunque sé que no es fácil.
Yo pensé, entre 2008 y 2009, que precisamente dadas las características de la crisis financiera, económica, cultural, medioambiental, etc. que se correspondía mucho con lo que estaban diciendo y criticando por otra parte los movimientos sociales, sobre todo el movimiento altermundista o alterglobalización, era como para extrañarse, justamente, de que hubiera esta especie de actitud resignada. Una cierta apatía.
Mi explicación va por el siguiente camino: yo creo que en los últimos tiempos hay una tendencia sociocultural muy amplia al conservadurismo en todo el mundo y que esto ha estado afectando a todas las generaciones de los últimos tiempos. Pero, en segundo lugar, creo que ha afectado mucho el hecho de que una buena parte de la gente crítica, rebelde, y que protestaba en los años anteriores ha puesto durante algún tiempo su esperanza en que la elección de Obama [2008] en EEUU iba a abrir realmente una nueva época. Esas ilusiones, esas esperanzas, se han ido perdiendo en los últimos tiempos a medida que la forma de abordar la crisis por parte de las capas sociales dominantes se corresponde tanto a los que estaban haciendo antes que casi parece un insulto.
Y finalmente, esto último, lo que está pasando en estos días, aparece como muy revelador. No se puede aguantar más. Es significativo que se emplee tanto la palabra “indignación”, que se corresponde con el título del panfleto de Hessel. Es verdad, había motivos para estar indignados y si la indignación no salía a la calle era fundamentalmente por la mezcla del aumento del conservadurismo sociocultural, miedo todavía mayor a lo que pueda pasar, y cierta esperanza o cierta ilusión en que el mundo podía cambiar algo a partir de la elección de Obama en Estados Unidos.

Me centro ahora, si tienen fuerzas y me siguen aguantando, en el libro, en este Marx a contracorriente.

III. Segunda parte

0. Un amplio arco de conocimiento y de tiempo.
1. El primero es de 1976 (“Los herederos de Marx”).
2. El último: de 2008.
3. Mucho Marx en la obra de FFB.
3.1. De hecho, ya antes, principios de los setenta, en sus aportaciones a la colección Hipótesis que codirigió con Manuel Sacristán. Por ejemplo, traducciones de Gerratana o un magnífico prólogo al libro de Charles Fourier, El extravío de la razón.

1. El título -MaC- es de Miguel Riera, del editor.

Miguel Riera

1.1. A los editores se nos ocurrían títulos mucho peores.
1.1.1. Una breve nota sobre Miguel y su relación con FFB.
1.2. Existía un proyecto de libro de FFB: “Marxismos después de Marx”. Estructura: I. Introducción. Por qué soy marxista. II. Herederos de Marx [El Viejo Topo, revisar comparando con cosas posteriores]. III. Sobre los marxismos de los años 60 [trozo de la tesis, el marxismo italiano, Althusser etc.]. IV. Marxismos contra la corriente [rehacer texto escrito en 1990]. V. Después del fin. Preguntas y respuestas sobre marxismos. VI. Apéndice 1: Marxismo en España [Sistema]. VII. Apéndice 2. La evolución del marxismo en España en el último tercio del siglo [Sistema].
1.2.1. Algunos de esos materiales están incorporados a nuestro libro.
1.2.2. No todos: por ejemplo, las partes citadas de su tesis sobre Della Volpe y el marxismo cientificista.
1.2.3. FFB habla de rehacer textos.

2. MaC es un libro “injusto”.
2.1. Recoge una parte de sus contribuciones a la tradición, a la comprensión de la obra de Marx. Una parte, sólo una parte.
2.2. Muchos artículos, notas y conferencias no han sido incorporados. Por ejemplo: “Nuestro Marx”, “Las virtudes del marxismo”, “Sobre la crisis y los intentos de reformular el ideario comunista”, “Las opiniones de Karl Marx sobre arte y literatura”, “Evolución de las opiniones de Karl Marx sobre Rusia”, “Marxismos e ideología”, “El marxismo ante la crisis de civilización”, “Al final de una historia, con sombrío optimismo”, “Volver a empezar”, “Una nueva izquierda para un final de siglo”, “Sobre la historia en los tiempos sombríos. A propósito de la reflexión historiográfica de Josep Fontana”.
2.2.1. Hay más. Bibliografía incompleta en mientras tanto, un año después de su fallecimiento, y artículos publicados en Discursos para insumisos discretos.
2.3. Las razones de nuestra reducción: editar un libro legible, manejable, no imposible, no superior a las 300 páginas.
2.4. Excursus: edición de las obras completas de FFB. Alguien abordará la tarea algún día. Mucho por investigar.
2.4.1. Lo mismo que ocurrirá, espero, con la obra de Manuel Sacristán.

3. Contenido de MaC.
3.1. MaC recoge textos poco conocidos del autor, difíciles de encontrar en algún caso, sobre temáticas poco frecuentadas, todos ellos trabajos, sustantivos pienso, que recogen las preocupaciones centrales del autor de Poliética sobre una tradición que siempre concibió plural y con diferentes y enriquecedores senderos.
3.2. No debería olvidarse, sería contradictorio con sus tesis marxianas más esenciales, que conviene leer estos escritos recordando el contexto en el que fueron elaborados. Conviene recordar, por ejemplo, el profundo (y acaso inesperado) desinterés por el marxismo en España en los primeros ochenta; las consecuencias que tuvo la caída del muro, la eliminación del socialismo irreal y la desaparición de la URSS; el giro a la derecha, muy conservadora en ocasiones, de una buena parte de la ciudadanía europea y de otras zonas del mundo; el muy denso conjunto que formaron los intelectuales ex, descomprometidos o comprometidos con otras causas (Colletti fue un ejemplo destacado); la destrucción del PCI y de una gran parte de la cultura comunista italiana; las dificultades del PCE, del PSUC e IU,… aunque también, en los últimos años, una vuelta (no completa) a Marx al inicio de la crisis y con ocasión de su 125 aniversario.

4. El trabajo del coeditor: Jordi Mir Garcia.

Jordi Mir Garcia

4.1. El gran discípulo de FFB.
4.1.1. Hasta el final de sus días. Estuvo con él, le cuidó y acompañó hasta el final.
4.1.1.1. También su hijo y sus hermanas, por supuesto, que apoyan cualquier iniciativa sobre su obra. Permitiendo siempre, sin poner nunca obstáculos.
4.1.1.1.1. Neus Porta, su esposa compañera, falleció un año antes. Por la misma enfermedad.
4.2. Los libros coeditados por JMG: Para la tercera cultura, 1917, Marx a C, Sobre Manuel Sacristán, Sobre federalismo, autodeterminación y republicanismo.
4.2.1. Libro a punto de publicar: “Barbarie y resistencias. Sobre los movimientos sociales alternativos”. Con textos de Sacristán y FFB.
4.3. También con Víctor Ríos en la colección “Pensamiento crítico”: Filosofando desde abajo.
4.4. A propósito: un apunte sobre la situación de los profesores asociados en la universidad.
4.4.1. Recuerdo del libro de FFB –Por una universidad democrática– y de su permanente compromiso con el movimiento universitario desde los años sesenta, desde su llegada a Barcelona en 1962.

5. Un comunismo profundamente antiestalinista.
5.1. Desde siempre: yo no recuerdo ningún texto de FFB hablando bien o neutralmente de Stalin.
5.2. Las cartas, incluidas en MaC, entre Lorenzo Peña y FFB
5.3. El texto, empieza así

Barcelona, 11/VI/1990
Querido amigo: en nombre de la redacción de mientras tanto tengo que decirle que hemos leído su artículo «Consideraciones sobre el estalinismo” y hemos decidido no publicarlo en la revista. Siento no haber podido contestar su carta de mayo con la rapidez que usted nos pedía. El retraso se debe al hecho de que hemos sido varios los miembros de la redacción que hemos leído su ensayo y, como sabe, contrastar opiniones en estos casos lleva cierto tiempo. En cualquier caso, el acuerdo sobre esto en la redacción es unánime: no vamos a publicar artículos en defensa de Stalin ni del estalinismo. Nunca lo hemos hecho ni lo haremos.
Dice usted que una revista como la nuestra necesita el debate como algo imprescindible y que, además, tampoco faltarán redactores para replicar los argumentos contenidos en las «Consideraciones”. Opinamos que, en efecto, el intercambio de ideas y la controversia son esenciales para una revista como la nuestra. Solo que también pensamos que el debate sobre el papel de Stalin y la función del estalinismo está ya historiográficamente resuelto en lo esencial. Desde el punto de vista del socialismo entendido en un sentido amplio (lo cual incluye socialistas, libertarios, anarquistas y comunistas) los crímenes de estalinismo han hecho tanto daño como las actuaciones de las policías políticas de los fascismos y de algunas pseudodemocracias occidentales. Conocemos las circunstancias en que estos hechos ocurrieron […] Hay todavía un par de puntos más a los que nosotros damos mucha importancia y que han pesado al decidir no publicar su artículo en mientras tanto. Dice usted que la documentación que utiliza es conocida hace tiempo, que está a disposición de todo el mundo, que fue aceptada como verdadera hace años y finalmente arrinconada, olvidada o despreciada en el actual cambio de fase, cuando al parecer ya no hay historiadores favorables a Stalin. Eso es cierto. Y plantea un espinoso asunto, el siempre espinoso asunto de quién escribe la historia y cómo se escribe. En los años que van de 1976 a 1990 también nosotros hemos aprendido mucho sobre eso en este país. Pero también usted olvida algo gordo: pocas falsaciones de la historia son comparables a la realizada por Stalin y sus historiadores. Que toda la historia ruso-soviética había sido reescrita en clave justificadora del estalinismo es algo que se sabía desde hace tiempo, pero desde que en 1988 Gorbachov abrió los archivos de la III Internacional y los historiadores pueden manejar documentos que han permanecido secretos durante décadas empezamos a saber de verdad barbaridades que sólo algunos habían sospechado en relación, por ejemplo, con la liquidación de la dirección del partido comunista polaco por Stalin en 1937 o con ciertos aspectos de la historia del partido comunista italiano (no porque lo concerniente a las barbaridades estalinistas en esos partidos sea lo más grave, sino sencillamente porque es lo que primero ha salido a la luz). Es cierto, pues, que se está torciendo el bastón de la interpretación histórica, pero aún lo es más que la pseudohistoriografía estalinista lo había torcido previamente en el sentido contrario.
[..] Quisiera decirle, por último, cuál es mi convicción después de repasar recuerdos y materiales sobre un debate que, en mi opinión, sí que existió. Esta: la gran mayoría de las corrientes que han hecho algo práctico por el comunismo en el mundo desde la primera guerra mundial han ido llegando -con desfases temporales de cierta importancia, pero también inexorablemente- a la conclusión de que el estalinismo fue un gran hacedor de derrotas en el plano mundial. Muchos pensamos que fue así precisamente por la rapidez con que se adoptaron en la URSS los métodos de la industrialización capitalista; pero creo que todos, o casi todos, estamos convencidos -a diferencia de lo que usted piensa- que no puede haber un nuevo comienzo comunista sin llamar a las cosas por su nombre, sin llamar crímenes a los crímenes y derrotas a las derrotas.

6. Un marxista “adivino”.
6.1. Informado y alejado de pseudociencias.
6.2. Pero yo no, yo creo -¡es broma!- en gentes con “poderes de visión sobre el futuro”. FFB los tenía. Demostración: “Muerte del viejo marxismo y resurrección del difunto el día menos pensado del siglo XXI“ (1994)

Quisiera aclarar a los amigos de otras convicciones menos racionalistas que esta suposición mía no incluye una resurrección del padre fundador al tercer año después de la derrota, ni tampoco una resurrección del tipo de la del ave Fénix. No creo en esas cosas: ni en los hombres que se hacen dioses ni en las aves que resurgen de las cenizas. Para que el marxismo renazca los aficionados a Marx (que al mismo tiempo sean sensibles a la persistencia de la desigualdad social, del mal que son las guerras, de la injusticia que conlleva el capitalismo, de la depredación de la naturaleza en nombre del beneficio privado, de la alienación de los trabajadores y de los sin trabajo, de la discriminación de las mujeres, y de tantos otros horrores posmodernos) antes tendrán que aceptar: 1) que ha habido y hay varios marxismos y que alguno de ellos no sólo es inservible, sino despreciable; 2) que, como al cristianismo en el siglo XVI, al marxismo le está haciendo falta una buena reforma (en el sentido laico); 3) que el mundo que hoy hay que cambiar no es sólo Europa, como cuando vivía Marx (o mejor: como creía el propio Marx), sino los cinco continentes del planeta Tierra, por lo que los sujetos susceptibles de intervenir en el cambio, e interesados en él, no son sólo los trabajadores de las zonas industrializadas sino la gran mayoría de los excluidos y desheredados de este mundo nuestro.
Mi supuesto es que el marxismo que queda no es una ciencia sino una filosofía moral. Con esta filosofía moral se encontrarán de nuevo las mujeres del mundo que reflexionen sobre la persistencia histórica de la discriminación sexual; las mujeres y varones del mundo que piensen en las causas sociohistóricas de la crisis ecológica; los jóvenes, mujeres y varones del mundo que se pregunten por la persistencia del hambre y de las guerras en la época de la plétora miserable: las gentes sensibles, en suma, que decidan hacer frente a la alienación universal del final del siglo XX. Muchos de los hombres insumisos y de las mujeres resistentes que hoy buscan su propia identidad acabarán encontrándose con el marxismo como filosofía moral. El día menos pensado del siglo XXI.

7. Su materialismo histórico.
7.1. Distinción usual, ortodoxa, soviética pero no sólo soviética, entre el hismat y el diamat.
7.2. FFB no creía en ella. Yo tampoco.
7.2.1. No hay referencias en la obra del propio Marx con estas formulaciones.
7.2.2. Recordemos que fue lugar común durante décadas en la enseñanza de miles y miles de socialistas en todo el mundo: ciencia marxista = materialismo histórico; filosofía marxista = materialismo dialéctico.
7.3. Sea como fuere, la teoría (en un sentido débil, no fuerte, no hablamos de la teoría física de partículas) marxista de la historia, el materialismo histórico en términos tradicionales, ¿de qué iba en el caso de FFB? De esto (cito uno de los artículos del libro):

Marx dijo (en el volumen primero de El capital y en otros lugares) que aunque el capitalismo ha creado por primera vez en la historia la base técnica para la liberación de la humanidad, sin embargo, justamente por su lógica interna, este sistema amenaza con transformar las fuerzas de producción en fuerzas de destrucción. La amenaza se ha hecho realidad. Y ahí seguimos.

Marx dijo (en el volumen primero de El Capital y en otros lugares) que todo progreso de la agricultura capitalista es un «progreso» no sólo en el arte de depredar al trabajador sino también, y al mismo tiempo, en el arte de depredar el suelo; y que todo progreso en el aumento de la fecundidad de la tierra para un plazo determinado es al mismo tiempo un «progreso» en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad. Ahora, gracias a la ecología y al ecologismo, sabemos más de esa ambivalencia. Pero los millones de campesinos proletarizados que sufren por ella en América Latina, en Asia y en Africa han aumentado.

Marx dijo (en el Manifiesto comunista y en otros lugares) que la causa principal de la amenaza que transforma las fuerzas productivas en fuerzas destructivas y mina así las fuentes de toda riqueza es la lógica del beneficio privado, la tendencia de la cultura burguesa a valorarlo todo en dinero, el vivir en las «gélidas aguas del cálculo egoísta». Millones de seres humanos, en África, Asia y América, experimentan hoy que esas aguas son peores, en todos los sentidos (no sólo el metafórico) que las que tuvieron hace años. Lo confirman los informes anuales de la ONU.

Marx dijo (en un célebre discurso a los obreros londinenses) que el carácter ambivalente del progreso tecnocientífico se acentúa de tal manera bajo el capitalismo que obnubila las conciencias de los hombres, aliena al trabajador en primera instancia y a gran parte de la especie humana por derivación; y que en este sistema «las victorias de la ciencia parecen pagarse con la pérdida de carácter y con el sometimiento de los hombres por otros hombres o por su propia vileza». Lo dijo con pesar, porque él era un amante de la ciencia y de la técnica. Pero, visto lo visto en el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI, también en esto acertó.

Marx dijo (en los Grundrisse y en otros lugares) que la obnubilación de la consciencia y la extensión de las alienaciones producen la cristalización repetitiva de las formas ideológicas de la cultura, en particular de dos de sus formas: la legitimación positivista de lo existente y la añoranza romántica y religiosa. Ojeo los periódicos de ese inicio de siglo y me veo, y veo a los pobres desgraciados del mundo, ahí mismo, en la misma noria, entre esas dos formas de obnubilación de la conciencia: jaleando por millones a Papas o a Emires que condenan los anticonceptivos en la época del SIDA, matándose en nombre de dioses que dejaron de existir después de Auschwitz y consumiendo por millones la última inutilidad innecesaria mientras otros muchos más millones se mueren de hambre.

Marx dijo (ya de joven pero también de viejo) que para acabar con esa noria exasperante de las formas repetitivas de la cultura burguesa hacían falta una revolución y otra cultura. No dijo esto por amor a la violencia en sí ni por desprecio de la alta cultura burguesa, sino sencillamente con la convicción de que los de arriba no cederán graciosamente los privilegios alcanzados y con el convencimiento de que los de abajo también tienen derecho a la cultura. Han pasado ciento cincuenta años. Inútilmente se ha intentado por varias vías que los de arriba cedieran sus privilegios, pero todos esos intentos han fracasado.

[…]A esa mirada sobre el mundo desde abajo la llamó Marx «materialismo histórico». No hay duda de que desde entonces se han producido otras miradas, tal vez más más finamente expresadas. La pregunta que deberíamos hacernos, al menos los que estamos asombrados por lo que vemos ahora, es esta: ¿hemos producido algo que dé más esperanza a los que no tienen nada o, en el asombro, vamos a pasarnos?

8. El esperancismo
8.1. ¿Qué queda de Marx a día de hoy desde la mirada de FFB? De Marx queda, ante todo, su fundamentación racional de la esperanza de las personas explotadas y oprimidas, de las humillados y ofendidas, en un mundo de desigualdades que es, que sigue siendo, un escándalo moral insoportable. Esas personas saben o intuyen que, con sus palabras, “de todos los filósofos y científicos sociales del siglo XIX, Marx fue quien más contribuyó a razonar la pasión emancipadora y liberadora de los de abajo, de los que no tienen nada o casi nada”.
8.2. Quien más contribuyó, no fue el único. Aparte de Engels: Jean Jaurès, Rosa Luxemburg, Gramsci, Togliatti, Mariátegui, Guevara y tantos otros.
8.3. Queda el Marx de la ciudadanía pobre y proletaria o proletarizada in crescendo (precaria y maltratada también ahora) cuyas obras les han ayudado en todo el mundo a autoorganizarse y a pensar con cabeza propia, asunto éste sobre el que FFB nunca dejó de insistir.
8.4. Queda, pues, la filosofía moral y política desalienadora marxiana, que “sigue dando que pensar a las personas generosas”. Pasó a la historia el Marx científico puro, el Marx cientificista, el Marx de la supuesta superación y disolución de las utopías, el Marx objetivista, el Marx partidario de las leyes inexorables de la Historia, el Marx determinista. Queda, por supuesto, las inmensas conquistas de la historiografía que ha aportado, inspirándose en su obra y legado, investigaciones deslumbrantes y nuevos clásicos para siempre.
8.4.1. La escuela inglesa. E.P. Thompson, Eric Hobsbawm.
8.4.2. La pulsión poliética (también Pablo Ródenas) su marxismo.
8.4.2.1. Es consistente con su marxismo no académico.
8.4.2.2. Un ejemplo: el artículo que escribió para el 125 del fallecimiento de Marx, 2008. “Elogio de Marx en el 125 aniversario de su muerte. Está recogido en el libro, es la última entrada. Se abre así, antes les he leído algunos fragmentos.

Aunque hoy no se lea tanto a Marx como se le leía hace unas décadas, todavía las personas cultas consultadas en Inglaterra, el país en que vivió durante su madurez y en el que murió, siguen considerándole el filósofo más importante de la historia. Esto suena a paradoja. Primero porque, hablando con propiedad, como recordaba hace poco Toni Domènech, Marx fue más científico social que filósofo. Y después porque esa consideración choca con lo que muchos intelectuales encumbrados por los principales medios de manipulación de masas vienen diciendo en los últimos tiempos sobre el marxismo.
Pero seguramente también esta paradoja tiene su explicación: la mayoría de las personas cultas saben hoy que la filosofía se ha mundanizado, que el filosofar de nuestro tiempo es inseparable de la ciencia social y que Marx fue precisamente uno de los primeros pensadores en llamar la atención, ya en el siglo XIX, sobre la importancia de esas cosas. Se comprende, por tanto, que se valore su filosofar, aquella filosofía de la praxis elaborada por Marx en conexión con la economía, la sociología y la teoría política.
Además, para los nuevos esclavos de la época de la economía global (que, según estadísticas recientes, andarán rondando los cien millones), para los proletarios que están obligados a ver el mundo desde abajo (un tercio de la humanidad) y para otros cuantos millones de personas sensibles que, sin ser pobres o proletarios, han decidido mirar el mundo con los ojos de estos otros (y sufrirlo con ellos), el viejo Marx todavía tiene cosas que decir. Incluso después de que su busto cayera de los pedestales que para su culto construyeron los adoradores de otros tiempos.
¿Qué cosas son esas? ¿Qué puede quedar vigente en la obra del viejo Marx después de que renegaran de él quienes habían construido estados y partidos en su nombre?
Aunque Marx sea ya un clásico del pensamiento socio-económico y del pensamiento político, todavía no es posible contestar a esas preguntas al gusto de todos, como las contestaríamos, tal vez, en el caso de algún otro clásico literario de los que caben en el canon. Y no es posible, porque Marx fue un clásico con un punto de vista muy explícito en una de las cosas que más dividen a los mortales: la valoración de las luchas entre las clases sociales.
Esto obliga a una restricción cuando se quiere hablar de lo que todavía haya de vigente en Marx. Y la restricción es gruesa. Hablaremos de vigencia sólo para los que siguen viendo el mundo desde abajo, con los ojos de los desgraciados, de los esclavos, de los proletarios, de los humillados y ofendidos de la Tierra. No hace falta ser marxista para tener esa mirada, por supuesto. Bastaría con algo de lo que no andamos muy sobrados últimamente: compasión para con las víctimas de la globalización neoliberal (que es a la vez capitalista, precapitalista y posmoderna). Pero algo de marxismo sigue haciendo falta para que la compasión no se quede en jeremiada, para pasar de la compasión a la acción racionalmente fundada.
Para quienes así piensan, aunque no siempre tengan voz, Marx sigue tan vigente como Shakespeare o Cervantes para los amantes de la literatura. Y sus razones tienen. Voy a dar aquí algunas de las razones de estos seres sin nombre que, por lo general, sólo aparecen en nuestros media debajo de las estadísticas y en las páginas de sucesos.

9. Marx dialéctico.
9.1. Polisemia del término. Una posible acepción. Pensar observando contradicciones.
9.1.1. Aparte de conferencias, cartas donde desarrolla su pensamiento sobre este punto. Muy en la línea de Sacristán.
9.1.1.1.En “Nuestro Marx” por ejemplo. No recogido en el libro.
9.1.2. Un apunte: la dialéctica sería un proyecto de investigación y acción, una aspiración praxeológica, que intentaría el conocimiento de lo singular, de lo concreto, no de los universales, a partir de los conocimientos científicos, artísticos, prácticos, con vistas a su transformación.
9.2. Marx para FFB fue un filósofo, periodista, científico social y hombre de acción revolucionario, todo a la vez y junto, sin cortes o rupturas separadoras. Esto último, comentó en alguna ocasión, levantaba sospechas “en el mundo del idiotismo de los especialistas en el que todo parece estar permitido”, todo menos la visión global de conjunto y la declaración explícita “del punto de vista desde de el cual se piensa, se razona y se analiza”.
9.3. Es difícil, y acaso inconveniente, dividir en trozos un pensamiento de estas características. Si hubiera que hacerlo, FFB hubiera destacado seguramente “como economista, su teoría de la plusvalía; como filósofo, su crítica de las ideologías y de la alienación; como historiador, su monumental concepción materialista; como periodista, su olfato ante los temas de gran alcance; como político, su fundamentación del internacionalismo de los de abajo y su crítica de la política al uso”. Aunque en su caso, conviene insistir, todo es, al mismo tiempo, uno y lo mismo: estudio, reflexión, pensamiento, escritura, compromiso, organización y lucha por un mundo más justo, más humano, mucho más equitativo y más habitable.

10. Marx sin ismos.
10.1. Fernández Buey se preguntaba en el prólogo de su obra Marx (sin ismos) si se podía hablar de Marx sin ismos. Y venía a responder afirmativamente al argumentar que Marx fue crítico con el marxismo talmúdico. Hay serias dudas de que quisiera fundar algo llamado marxismo.
Pero a nuestro entender más importante que el saber si podemos hablar de Marx sin ismos es cómo hablamos de Marx y los marxismos. Y ahí FFB es una referencia. Su pensar Marx sin ismos, y todo lo que concibió, significa pensar sin las interpretaciones mecánicas que el propio Marx criticó en una parte del marxismo que llegó a conocer.
Su pensar sin ismos es un pensar riguroso, honesto, autoexigente y exigente, crítico y autocrítico, abierto por supuesto a la revisión y a las nuevas corrientes. Un pensar con la propia cabeza, algo que, como decíamos, siempre reivindicó e intentó promover.
10.2. En mi opinión, todos los materiales incorporados a este MaC son ejemplos de este pensar sin ismos.

Marx (sin ismos)

11. Una comunista no olvidada por él: Jenny von Westphalen.
11.1. La presencia de Jenny en la obra de Marx. ¿Qué hubiera hecho Marx sin Jenny? ¿Hubiera sido posible su obra?
11.1.1 Amor y Capital, de Mary Gabriel. Un libro que le hubiera gustado leer.
11.2. Sus cartas. Un ejemplo:

Al final tengo yo que desplumar un pollito con usted [Kugelmann]. ¿Por qué se dirige usted a mí de manera tan formal, incluso con “graciosa”, a mí, un veterano tan viejo, una cabeza tan cubierta de musgo en el movimiento, un compañero de ruta y de lucha tan honrado? Me habría gustado tanto visitarle este verano a usted y a su querida esposa y a Fränzchen, de las cuales mi marido no puede parar de decir tanta cosa amable y tanta cosa buena, me habría gustado tanto volver a ver Alemania después de once años. El año pasado estuve muy achacosa, y he perdido también, por desgracia, en este último tiempo, mucho de mi “fe”, de mi valor para la vida. Muchas veces me ha resultado difícil mantenerme de pie. Pero como mis muchachas hicieron un largo viaje –estuvieron invitadas con los padres de Lafargue en Burdeos- no se pudo hacer al mismo tiempo mi escapada, y ahora tengo, pues, la hermosa esperanza delante de mí, para este año que viene.
Karl le envía a su esposa y a usted los más cordiales saludos, a los que se adhieren sinceramente las muchachas, y yo le tiendo, a usted y a su querida esposa, desde la distancia mi mano.
Su Jenny Marx, ni graciosa ni por la Gracia de Dios.

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11.3. FFB fue sensible también a Jenny y a la relación de ambos.
11.3.1. Véase, por ejemplo, el primer texto incorporado a MaC, una biografía sucinta de Karl Marx dedicada a Neus y a Eloy Fernández Porta.
11.3.2. Palabras finales de su hermosa presentación del poemario de Marx que tiene a Jenny como inspiración esencial.

En cualquier caso, y siempre con la reserva que haya que hacer sobre la representatividad de lo que ha llegado hasta nosotros después de pasar un doble filtro (el del autor y el de sus familiares), parece que se puede concluir ahora que la antecrítica epistolar de Marx no iba desacertada. Fuera por carácter, o por sus estudios, o por las dos cosas a la vez, aquel joven estaba mejor dotado para la ironía y el epigrama que para la lírica, y mejor preparado para el discurso histórico razonado (incluso dramatizado) que para el relato fantástico o dramático, mejor para el trato directo con las ideas que para su concreción en imágenes poéticas. No deja de ser curioso constatar, sin embargo, hasta qué punto aquel joven Marx, idealista a su pesar, llegó a interiorizar la magia del romanticismo ambiental en una ciudad, Berlín, en la que no se sentía a gusto. Pues “mágico” y “mágica” son los dos adjetivos que más reiteradamente aparecen en sus poesías: arpa mágica, corazón mágico, tonos mágicos, mágicas formas, mágicas bendiciones, mágico don, barco mágico, mágico torbellino, mágica imagen, mágica existencia, etc., compiten reiterativamente en sus versos, como contrapunto de una realidad que se niega porque enajena y produce aflicción, con las románticas “oscuridades”, “valles neblinosos”, “tormentas y vértigos”, “despeñaderos que se levantan con estrépito”, “salvajes olas que rugen”, “arrecifes bajo el abismo de demoníaca alma”, “rugientes océanos” y “caudalosas estelas de fuego”.
Como ocurre tantas veces, su amor, el amor del Marx enamorado, fue más grande y más auténtico que la palabra poética que produjo. Pero también él se dio a la rima y buscó su música por amor. Y supo luego ironizar sobre el intento. Y también por eso, porque lo intentó y por la autoironía, supo hacerse amar y apreciar por los suyos. Los demás, con el tiempo y la distancia, le clasificamos y le calificamos. Al hacer ese ejercicio distanciado no deberíamos olvidar, sin embargo, que no somos nosotros los destinatarios de aquella pasión juvenil. Toda Jenny, de entonces y de ahora, sabe que “el tómalos, toma estos cantos” y el “para aplacar en ti gozo y dolor” abren expectativas eróticas que el crítico literario intelectualista sólo puede, en el mejor de los casos, sospechar. En esa convicción y en la simpatía por las Jenny (y por los Marcos Fonz que dedican su tiempo a estos amores de otros tiempos) baso yo, que ni siquiera soy crítico literario, el atrevimiento de presentar aquí este Marx olvidado.

Eso de “no soy crítico literario”, no está tan claro, más bien lo contrario.

11.4. Un apunte sobre la modestia. La principal virtud del intelectual. FFB tenía esa virtud.
11.4.1. Le salía de él: era ético sin esforzarse en serlo, de natural, como Tussy Marx, por ejemplo.

12. FFB como crítico literario.
12.1. Sí lo era (aparte de un amante de los libros) y, además, devorador de libros (con restos, con ganancias, con ideas en la cabeza).
12.1.1. Gran lector. Una de las claves.
12.1.1.1. Sus años de bachillerato: literatura rusa.
12.2. Ejemplos de esa faceta como crítico literario: MARX LEYENDO A HÖLDERLIN (1994), su presentación del Manifiesto Comunista (1997). Ambos en el libro.
12.2.1. Ejemplos de 1917: sus críticas de Chevengur y de Nosotros.

13. Interés por la historia de la tradición.
13.1. Ejemplos del libro, dos artículos: “Los herederos de Marx”, “Marx en España”.
13.2. Su interés por la historia en general.
13.2.1. Por ejemplo, en 1917, a la monumental obra de E.H. Carr.
13.2.2. No fue en todo caso una filosofía de la historia, no era eso el marxismo para él. Fue un filósofo con muchos conocimientos históricos que siempre defendió la importancia de la historia de las ideas, de la ciencia, de la historia social, política, económica, incluso de la historia natural, para saber a qué atenerse, para comprender.

14. La generosidad de su lectura marxista.
14.1. No era un ortodoxo de la lectura. Si no reúne diez o doce características centrales, las que uno señala, ya no vale, ya “no es marxismo”.
14.1.1. Nada de eso. Nunca.
14.2. El caso de la biografía de Francis Wheen. Su crítica esta incluida en el libro. Unos fragmentos:

Tal vez no sea ésta la mejor de las biografías de Karl Marx, pero es, desde luego, una biografía oportuna. A Francis Wheen, agudo periodista británico, no le turban en absoluto ni las décadas de historia de marxología, ni las larguísimas contiendas entre marxistas en las que «tu Marx tira de la barba a mi Marx» (Erich Fried). En un par de páginas introductorias, Wheen liquida con contundencia un montón de tópicos difundidos por detractores y discípulos.
Esa actitud tiene un peligro: despreciar, ignorar o pasar por alto unas cuantas cosas anteriores, de interés para la interpretación de la obra de Karl Marx. Precisaré. El Karl Marx de Francis Wheen no tiene pretensión académica; es un libro dirigido al gran público. Y, en ese sentido, sería puntilloso objetarle que haya prescindido de referencias detalladas a otras biografías anteriores, que no haya en él aparato crítico o que ignore olímpicamente el paciente trabajo de años de los investigadores rusos y alemanes que editaron la mayoría de sus obras. Sólo que, sin ser puntilloso, el lector culto e interesado en la obra de Marx seguramente considerará excesivo el que en un libro así, y a estas alturas, no se haga ni mención de aquellas lecturas que en su momento contribuyeron al mejor conocimiento histórico-crítico de los escritos de Marx. Pienso, por ejemplo, en Korsch y en Rubel, en Lifschitz y en Lukács, en Kägi y en Rossi, en Rosdolsky y en Mandel, en Krader y en Shanin, en Cohen y en Sacristán.
La referencia a estos autores probablemente le habría servido a Wheen para matizar su propia lectura de las principales obras de Marx y para profundizar en varios asuntos problemáticos que de ellas resultan. Pero, dicho eso -y aquí viene la cosa realmente notable- hay que añadir en seguida que la decisión de leer a Marx con ojos limpios, entrecruzando el relato biográfico con la reflexión sobre las contradicciones entre vida y obra escrita, le ha dado a Wheen un resultado excelente. Aunque su libro está un tanto descompensado por el énfasis que ha puesto en el «Marx londinense», es una biografía muy completa y atenta, que cumple la función que se ha propuesto: aproximar el hombre Marx al lector de este fin de siglo.
[…] Pero hay más. Incluso el conocedor de las anteriores biografías de Marx ha de reconocer que, en la mayoría de los asuntos controvertidos de la vida de Marx, Wheen acierta con el tono y con la forma. Pondré algunos ejemplos. Acierta cuando aborda el supuesto antijudaísmo de Marx y contesta negativamente a la pregunta de si aquel hombre era un judío que renegaba de serlo. Acierta cuando corrige la versión vulgar de la crítica de Marx a la religión («el opio del pueblo»), aclarando que su concepción era mucho más sutil y comprensiva, aunque en esto, como en otras cosas, le perdía su afición a la paradoja y al retruécano. Acierta en la forma de tratar la relación de Marx con Helene Demuth y el nacimiento de su hijo, Henry Frederik Demuth. Acierta en la interpretación de una de las relaciones intelectuales más controvertidas y poco conocidas de Marx, la que tuvo con David Urquhart, un excéntrico aristócrata escocés, reaccionario romántico, que compartió con él una rusofobia exasperada en la década de los cincuenta. Dice, finalmente, cosas muy sensatas acerca de la relación de Marx con Lassalle y de la relación de Marx con Bakunin.Y, además, aclara, con mucha sobriedad en este caso, otro de los puntos oscuros para la marxología: la verdadera relación intelectual de Marx con Darwin.
Hay, por último, en el libro Whenn un punto que me parece particularmente apreciable: su manera original, casi insólita, de introducir la lectura de El capital. Wheen empieza polemizando con las opiniones de Harold Wilson (el que fuera primer ministro británico), con Karl Popper, con Paul Samuelson o con Laszek Kolakowski, para sugerir a continuación que El capital no se tiene que ver como el resultado de una hipótesis científica, ni siquiera, hablando con propiedad, como un tratado de economía, sino que conviene leerlo como una obra de imaginación, como si fuera un melodrama victoriano o una inmensa novela gótica cuyos héroes están esclavizados y consumidos por el monstruo que han creado. Apoyándose en el crítico literario Edmund Wilson, quien un día alabó el talante satírico de Marx, Wheen va más allá. Compara El capital con lo mejor de Swift y lo relaciona, acto seguido, con una de las lecturas más apreciadas por el propio Marx: Tristram Shandy. He aquí su explicación: «Para hacer justicia a la desquiciada lógica del capitalismo, el texto de Marx está saturado, y a veces incluso anegado, de ironía; una ironía que se les ha escapado a casi todos los lectores durante más de un siglo».
Wheen exagera en esto, sin duda. Pero hay exageraciones sugestivas que incitan a leer a los clásicos de otra manera. He aquí un caso.

14. 2. Lo mismo en el caso de Una guía para entender a Marx, escrito de 2000.

Es, la de Reiss, una obra que informa suficientemente de la vida privada de Marx, de sus gustos y aficiones, de su evolución intelectual, del sentido que tuvieron los principales conceptos que Marx elaboró. Pero es también una obra que se pregunta por la evolución y la fortuna histórica de estos conceptos, que los problematiza a partir de lo que sabemos de ellos en sociedades ya muy distintas de aquellas que Marx conoció. Reiss sabe que varios de los conceptos que acuñó Marx son, desde hace tiempo, parte del bagaje intelectual del ciudadano culto de nuestras sociedades, pero, precisamente por eso, no escurre el bulto ante preguntas delicadas que hoy en día nos hacemos sobre el destino de algunas de las concepciones de Marx.
Tal es muy probablemente uno de los aspectos más interesantes de esta guía clara y sencilla: problematiza, explica y deja problemas abiertos, nuevos cabos sueltos, para que el lector pueda pensar por su cuenta en ellos o pueda discutirlos con quien crea saber más sobre ellos. Es, además, y eso se nota en cada uno de los capítulos, obra de un docente con experiencia y que se toma en serio su trabajo. Quiero decir: que no se dedica a adoctrinar a los alumnos (sobre Marx en este caso) o a proporcionarles una panorámica aseadilla para que luego puedan brillar en las incruentas contiendas intelectuales. Va más allá: acepta el reto de lo que se oye por la calle, lo tematiza, le da forma argumentable y sugiere líneas de reflexión sobre estos temas (ideología, trabajo doméstico, desarrollo de las fuerzas productivas, etc.) que vienen de otros libros más especializados o enlazan con ellos.

15. Su comunismo libertario.
15.1. Herencia del Sacristán último.
15.2. Fue una constante en él, no hay sectarismo, no hay una consideración sectaria del mundo anarquista.
15.2.1. Publicación en la colección Hipótesis de Antología ácrata española. Es el 7 de esta colección inolvidable de Grijalbo.
15.2.2. Conferencias impartidas en ámbitos libertarios.
15.3. Su texto sobre “Marxismo y anarquismo” que está incluido.
15.3.1. Traducido al alemán y publicado en Das Argument, una revista dirigida por Wolfgang Fritz Haug en la que FFB colaboró en varias ocasiones.
15.3.2. Un fragmento:

Dicho eso querría añadir enseguida que los motivos del desacuerdo que estuvieron en el origen del enfrentamiento histórico entre marxismo y anarquismo durante la Primera Internacional han caducado; que los motivos de fondo por los que chocaron Marx y Bakunin en la década de los setenta del siglo pasado hace mucho tiempo que quedaron superados; y también los motivos de fondo que enfrentaron a marxistas y anarquistas durante la guerra civil española. Quedarse en ellos, quedarse en aquellos motivos, no tiene sentido. O para decirlo con más precisión: poner esos motivos en primer plano sólo tiene sentido desde el punto de vista historiográfico […] Concretaré un poco más esta convicción mía. Tanto si pensamos en el debate histórico sobre la mejor forma de organización de los de abajo para su liberación (o sea, sobre si ésta ha de ser predominantemente política o predominantemente socio-sindical) como si pensamos en la controversia sobre centralismo democrático o confederación, o en el debate entre espontaneidad voluntarista y dirección consciente (que llega desde fuera de las clases trabajadoras), o el debate acerca de la extinción o abolición del Estado, o en la controversia entre Marx y Bakunin sobre la forma de entender la historia y la naturaleza humana (que es lo que está por debajo de la controversia sobre acracia o dominación de clase), en todos los casos la conclusión a la que me parece que hay que llegar es la misma: hace mucho tiempo que las posiciones sobre estos temas se han hecho transversales y no corresponden ya propiamente a posiciones exclusivas de organizaciones marxistas y de organizaciones anarquistas. Allí donde estos debates siguen estando en primer plano no hay apenas realidad social con la que enlazar. Y allí donde hay realidad social con una intención transformadora (en algunos de los movimientos sociales críticos y alternativos del mundo actual) lo que fue el ideario marxista y lo que fue el ideario anarquista (o libertario) se han ido fundiendo o casi.

16. Transformar el mundo sin tomar el poder.
16.1. Su lectura en positivo: sacar lo mejor del texto.
16.2. La heterodoxia de su lectura de Cambiar el mundo sin tomar el poder, John Holloway

16.2.1. A pesar de las críticas, que las formuló, no pone el acento en ellas sino en el pensar de forma distinta, a contracorriente, a riesgo de equivocarse, intentando nuevos caminos.
16.3. Su lectura (también esta recogido su escrito de 2003 en el libro).

Resumo lo dicho hasta aquí: en general, y discrepancias menores aparte sobre la pareja ciencia y revolución, simpatizo con la intención de Holloway.
No veo cómo compartir, en cambio, la expresión esa de cambiar el mundo sin tomar el poder que da título al libro. Y no lo veo por dos razones. La primera es que todo lo que Holloway dice al respecto en el libro es negativo o meramente declarativo de la voluntad. La segunda razón es que en el libro se acaba haciendo de la necesidad virtud, o sea, presentando como virtud lo que se argumenta como una necesidad.
Nada más empezar Holloway afirma que «no sabemos cómo cambiar el mundo», que lo que sabemos es que «no queremos tomar el poder estatal» y que «no nos queremos organizar como partido». Bien. Pero el primer saber es no-saber; el segundo saber es en realidad un querer; y el otro saber, la negativa a la forma partido, es otro querer, otro grito. La pasión tiene que ser razonada, y en eso estaremos de acuerdo marxistas y anarquistas: hay que argumentar el grito.
Más adelante, en el capítulo titulado «Más allá del poder», Holloway nos dice que «hay que romper el enlace entre revolución y toma del poder», para lo cual propone limitar la lucha a la construcción de un anti-poder, sin aspirar a ser contra-poder. Esta limitación es presentada como más radical que la tradicional lucha por crear un contra-poder. Pero en seguida la radicalidad da en un reconocimiento paradójico: por una parte se reconoce que eso es «el gran absurdo e inevitable desafío del sueño comunista» y, por otra parte y al mismo tiempo, es algo mucho más realista que la conquista del poder». Esto, dicho así, es jugar con las palabras: ¿cómo va a ser un desafío absurdo y radical el «realista» reconocimiento de que, en las condiciones actuales, no podemos plantearnos tomar el poder?
Plantear la pregunta acerca de la posibilidad de cambiar el mundo sin tomar el poder es, para Holloway, «oscilar (tambalearse, dice en la traducción castellana) al borde de un abismo de imposibilidad y locura». Y, sin embargo, nos dice, no hay alternativa a eso. Y no la hay justamente porque la revolución que se propugna ahora no es una revolución en beneficio de, sino un automovimiento que ni siquiera tiene necesidad de pensar en tomar el poder. Una revolución, dirá más adelante, sin líderes, ni héroes, en la que todos, revolucionarios ya, asumimos que lo somos en formas muy contradictorias y fetichizadas.
Finalmente, Holloway vuelve a repetir que no sabemos cómo hacer eso que se propugna y que este no-saber es propio de aquellos, como nosotros, que están históricamente perdidos porque el saber de los revolucionarios del siglo XX ha sido derrotado. Solo que, por suerte, nuestro no-saber de ahora es también el no-saber de aquellos que comprenden que no-saber es parte del proceso revolucionario. Es curioso que Holloway, que cita varias veces al subcomandante Marcos y que declara en varios momentos sus simpatías por el movimiento zapatista (a él, precisamente, le oí la primera referencia al zapatismo cuando casi nadie, en México, sabía qué era eso, lo que dice mucho de su olfato político-moral), no se haya acordado del agudo artículo de Marcos titulado «Nuestro próximo programa». Curioso y a la vez sintomático.

17. Marxismo ecologista.
17.1. Asunto central desde finales de los años setenta. Lo hemos comentado antes.
17.1.1. Recuerdo de la primera conferencia que le escuché: F de Económicas de la UB. En 1979.
17.1.2. Ese día me suscribí a mientras tanto.
17.2. Alejado de todo desarrollismo; muy presente en él la idea de fuerzas productivas-destructivas; su racionalismo temperado en el nudo tecnocientífico.
17.2.1. Informado, muy bien informado, de las alternativas ecologistas y de los conocimientos científicos sobre el cambio climático.
17.3. Su crítica al libro de J B. Foster sobre La ecología de Marx se recoge en el libro, uno de sus grandes textos.

J.B. Foster sacar algunas conclusiones que chocan con las interpretaciones más divulgadas entre los marxólogos. Estas conclusiones son sustancialmente tres:
1ª Que en la obra de Marx hay algo más que algunos atisbos ecológicos desperdigados.
2ª Que el concepto de metabolismo o relaciones metabólicas (en alemán, Stoffwechsel, intercambio material) entre los seres humanos y la naturaleza es un concepto fundamental a lo largo de toda la obra de Marx; y que en la elaboración de este concepto está la clave para una lectura omnicomprensiva de Marx, o sea, para su comprensión no sólo como materialista histórico (que es el aspecto que han acentuado muchos intérpretes, desde el Lukács de Historia y consciencia de clase hasta Jean Paul Sartre pasando por Gramsci y los teóricos de la Escuela de Frankfurt) sino también como materialista dialéctico (es decir, como pensador materialista de la naturaleza en su despliegue dialéctico) que es a la vez un materialista práctico, un materialista de la praxis.
3ª Que la concepción marxiana de la naturaleza y la noción de metabolismo proporcionan una aproximación materialista y socio-histórica a los problemas que hoy llamamos ecológicos (por ejemplo: las consecuencias de la aplicación de la química a las tierras de cultivo; el problema de la contaminación de los ríos por vertidos de residuos urbanos e industriales; el asunto de la contaminación del aire de las grandes ciudades; o la cuestión de la sostenibilidad en general y del urbanismo sostenible en particular, etc.) mejor que las aproximaciones brindadas por la mayoría de los ecologismos de la segunda mitad del siglo XX.
Estas tres conclusiones tienen su punta polémica.
La primera la tiene en relación con aquellos autores (la mayoría) que vienen repitiendo desde hace décadas que Marx fue un “desarrollista” que tenía una noción del progreso (y particularmente del progreso de las fuerzas productivas) que no rebasa el horizonte de los ilustrados, y que se ha hecho inmantenible en nuestros días.
La segunda conclusión de J.B. Foster choca con todas las interpretaciones más o menos historicistas, hegelianas o culturalistas (Foster suele decir en su libro “idealistas” o “espiritualistas”) que han desdibujado el materialismo de Marx, desatendiendo sus intereses científico-naturales y en particular el vínculo que él mismo quiso establecer entre su concepción del mundo y la teoría darwiniana de la evolución.
Y la tercera conclusión polemiza con varios de los ecologismos del siglo XX (sobre todo con la llamada ecología profunda y con los defensores del ecologismo como “nuevo paradigma”), al argumentar que la cuestión central que hay que discutir, hoy como ayer, no reside en la contraposición entre antropocentrismo y ecocentrismo, sino en cómo fundamentar la idea de coevolución.

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J B. Foster

18. La utopía

18.1. La vindicación de la utopía en uno de sus últimos libros: Utopías e ilusiones naturales.

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18.1.1. La ayuda en la elaboración del libro de Neus Porta.
18.2. Varios de sus últimos artículos están dedicado al tema.
18.3. Hemos incorporado uno de ellos a MaC, de 2008: “Utopía realizable: oxímoron y paradoja”

Al final de la modernidad como al principio de la modernidad, pues: la utopía socialista juega con la ironía. Cierto: el tiempo y los desastres de lo que ha navegado durante décadas con el nombre de socialismo no han sido en balde. De eso sabían ya mucho Karl Kraus, Bertolt Brecht, Guy Debord y los situacionistas del 68. Y aquel Alexander Zinoviev que escribía Cumbres abismales. Y tal vez mejor que nadie la poeta polaca Wistawa Szymborska, quien, en un poema titulado precisamente «Utopía», caracterizaba ésta como isla en la que todo se aclara, donde cuanto más denso se hace el bosque más amplio aparece el Valle de la Evidencia; una isla que, a pesar de sus encantos, está desierta y de la que sólo se sale para hundirse irremediablemente en el abismo.

La experiencia de un socialismo que pretendió dejar atrás para siempre la utopía y se convirtió él mismo en «mala utopía» es una evidencia que hay que tener en cuenta cuando hoy se repropone la utopía socialista. La otra evidencia es que estamos en una época ultracapitalista en la que el pensamiento de los que mandan se quiere único y en la que vuelve a imponerse el poder desnudo. Si se juntan las dos cosas se entiende por qué hasta la utopía socialista del momento, cuando se hace irónica y adopta el oxímoron (que ha sido una figura característica de la poesía amorosa y mística), tiende a tomar la forma de la parodia, de la sátira, del sarcasmo que hace mella.

La reflexión de Marcos recoge una de las preocupaciones pre-políticas latentes en muchas personas activas en el movimiento altermundialista: volver a dar a las palabras su capacidad de nombrar con verdad. Y lo hace por el procedimiento de retorcer el discurso dominante para darle la vuelta como si de un calcetín se tratase. El oxímoron de Marcos es que los que mandan ahora nos están haciendo vivir una «globalización fragmentada». Y el programa que se esboza desde ahí enlaza con una vieja aspiración del socialismo: hacer la globalización verdaderamente global y cambiar su signo. El oxímoron sirve para mostrar que el capitalismo, en su fase actual, neoliberal, se contradice a sí mismo cuando afirma la globalización, lleva en su seno la serpiente de la contradicción.

Eadem sed aliter. Así la utopía vuelve a empezar.

19. Su humanismo (comunista).
19.1. Muchos ejemplos en su vida y en sus escritos.
19.2. Carta para Ramón Fernández Durán, un texto que escribió para su despedida.

Querido Ramón:
Tengo unas pocas cosas que decirte en este emotivo acto que hemos organizado aquí en Barcelona, en el barrio de Sants, para estar contigo, para acompañarte.
Son unas pocas cosas, pero sentidas; cosas, creo, de las que de verdad importan.
Lo primero que quiero decirte es que conservo muy vivo el recuerdo de la última vez que nos vimos, en un curso de verano, en El Escorial, organizado hace unos meses por amigos comunes de la revista Papeles.
Escuché allí tus palabras, la contundente, seria y documentada crítica del capitalismo global y de la sociedad hipertecnológica realmente existentes, que vienes desarrollando en tus últimos libros.
Y las escuché con la afinidad moral e intelectual de tantas otras veces. La verdad es que no habíamos coincidido físicamente tú y yo en muchas ocasiones durante estos años, pero puedo y quiero decirte ahora que siempre he seguido lo que decías en tus libros y lo que hacías durante los últimos años en Ecologistas en acción con gran identificación intelectual y moral.
Quiero que lo sepas. Y que sepas también cómo apreciamos todos, en aquel curso, tu valentía y tu decisión; cómo aprecié el cariño con que acogieron tus palabras y tu presencia los jóvenes asistentes; y cómo valoré las muestras de identificación y de solidaridad que allí recibiste, los abrazos de todos aquellos amigos comunes que te han querido y que te quieren. Este recuerdo nos acompañará ya siempre.
La segunda cosa que quiero decirte hoy es que he leído tu carta de despedida y que me ha conmovido en lo más hondo. Te diré por qué. Me ha conmovido tu carta por la lucidez, por la serenidad y tranquilidad con que nos hablas en ella de lo que más importa, de lo que apenas se suele hablar, de lo que más nos cuesta hablar: de la enfermedad, del hospital, de los cuidados necesarios, de lo que se siente en tales circunstancias.
Tu carta me ha llegado al alma sobre todo por el equilibrio y por la alegría que has logrado comunicarnos a todos en la despedida, por esa forma que tienes de abordar el más difícil de los momentos; por la manera alegre y serena en que nos convocas a todos los que te hemos querido a la fiesta, que no funeral, de Pelegrina. En suma, por la lección que nos estás dando. Una lección, Ramón, de las que no se pueden olvidar.
Y la tercera y última de estas pocas cosas que quiero comunicarte es que esta conmovedora carta tuya, tu lucidez, tu serenidad y tu alegría, pero también los sueños no realizados de los que hablas en ella, me han traído a la memoria unos versos del poeta Claudio Rodríguez que me permito ofrecerte, compañero del alma, porque creo que te harán compañía:
Es un poema que se titula “Lo que no es sueño” y dice así:

Déjame que te hable en esta hora
de dolor con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio,
el dolor es el huésped;
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que con vieja
sabiduría, diga: a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla la ola:
irremediablemente.

20. Brecht para (casi) finalizar por supuesto.
20.1. Dos poemas de uno de sus poetas preferidos, acaso el que más. Recogen bien su forma de estar en el mundo.
20.1.1. “Plaers”, “Satisfacciones” en castellano (en traducción, si no ando errado, de Vicente Romano, otro amigo suyo). Yo tengo en mente de la Feliu Formosa: “El primer esguard per la finestra al matí/ el vell llibre retrobat/rostres plens d’entusiasme/…”

20.1.2. Su coraje político en este otro poema de Brecht, traducido también por Vicente Romano pero que yo les digo en otta versión de un amigo y compañero suyo, Toni Domènech, que también nos ha dejado recientemente. Va por ustedes:

Con paso seguro marcha hoy la injusticia.
Los opresores se disponen para otros diez mil años.
El poder asegura: lo que es, persistirá como es.
Voz, ninguna llega, sino las de los dominadores
Y en los mercados, dice bien alto la explotación: Ahora
Llegó por fin mi hora.
Y entre los oprimidos muchos dicen ahora:
Lo que queremos, no ha de venir jamás.

Quien aún siga vivo: ¡que no diga jamás!
Lo seguro, no es seguro.
Lo que es, no persistirá como es.
Cuando los dominadores hayan hablado
Hablarán los dominados.
¿Quién osa decir jamás?
¿De quién depende que persista la opresión? De nosotros.
¿De quién depende su quiebra? De nosotros, también.
Quien haya sido derrotado, ¡que se levante!
Quien esté perdido, ¡que luche!
¿Quién detendrá al consciente de su situación?
Porque los vencidos de hoy son los vencedores de mañana
Y del jamás, saldrá el todavía.

He dicho “Brecht para casi finalizar” porque nuestro encuentro merece una canción para despedirnos completamente. Una “Canción total”, por supuesto, al marxismo le gusta mucho lo de las “totalidades concretas”. La de Maria Arnal y Marcel Bagés. Creo que a FFB le hubiera gustado, Sobre todo lo de “esta civililili…”

Temps constituents a Barcelona (17442997318).jpgMaria Arnal

Salvador López Arnal para La Pluma, Barcelona, diciembre de 2018

Editado por María Piedad Ossaba