Brasil, como un cuento gramsciano

«¡Despierta, Antonio, se han vuelto locos! ». ¿Quién mejor que Gramsci para ayudarnos a descifrar el enigma brasileño?

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En mi primera juventud, hace medio siglo, un caso como el de Bolsonaro se habría solucionado bien y rápidamente: un comando de la guerrilla urbana lo habría ejecutado a él y a sus guardaespaldas con una ráfaga de metralleta, en el momento adecuado antes de la primera vuelta de las elecciones. Pero estamos en el siglo XXI, y la izquierda revolucionaria o lo que pasa por serlo  renunció desde hace mucho tiempo a la «horrible violencia», eligiendo el camino electoral, democrático, pacífico y todo lo que ello implica. Con el riesgo de ver caer a sus líderes abaleados uno tras otro y recibir los golpes llorando y reclamando justicia. Jair Messias Bolsonaro, el capitán matador de negros, maricas, mujeres y petrallas*, escapó a la muerte al hacerse apuñalar por un «desequilibrado». La historia nos dirá quizá que fue pagado por su víctima para lograr esta magnífica operación publicitaria que colocó al candidato alterofóbico en posición ganadora.

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Siguiendo las vicisitudes de la campaña electoral que desgarra a Brasil, sentí el deseo de gritar: “¡Despierta, Antonio, se han vuelto locos!”. ¿Quién mejor que Gramsci para ayudarnos a descifrar el enigma brasileño? He aquí una serie de observaciones  inspiradas en el gran espectáculo brasileño, a la luz de los análisis del jorobado sardo

1-El Partido de los Trabajadores obedeció al principio de Arquímedes de la política politiquera: cualquier partido de izquierda que sube la escala del poder, se desplaza hacia la derecha para convertirse en un partido de “centro-izquierda”.

2- El PT, en sus trece años en el poder, no tocó el sistema oligárquico, solo lo rasguñó y mejoró. No rompió ni con el productivismo extractivista, agroindustrial y patrimonial, ni con el chanchullismo parlamentario, creando simplemente alianzas monstruosas. No realizó ninguna reforma agraria real para satisfacer la sed de tierra de las masas desheredadas. Simplemente se limitó a redistribuir la renta petrolera de una manera un poco más equitativa. Lejos de acercarse al objetivo supremo – la abolición del trabajo asalariado y del Estado -, intentó hacer del Estado un buen padre que velara por su progenitura.

3-El PT entró completamente en la lógica del dinero, a todos los niveles. Monetizó su relación tanto con las masas populares como con los círculos oligárquicos de poder. En resumen, se ha dejado corromper por el sistema.

4-El PT abandonó todo deseo de educar a las masas, dejando esta tarea a las monstruosas iglesias evangélicas. Inicialmente dichas iglesias aprovecharon la destrucción de la teología de la liberación por parte del Vaticano. Ella pretendía devolver a los sacerdotes su papel de intelectuales orgánicos de las masas, con el evangelio en una mano, Marx en la otra y, por cierto, un fierro en el bolsillo (por si acaso….). Los teólogos católicos de la liberación han desaparecido, y se ha abierto un espacio formidable para los mercaderes evangélicos iluminados de todo tipo. Ahora son ellos los que hacen y deshacen las carreras de los políticos. Bolsonaro, un adepto de la Iglesia universal del Reino de Dios, ni más ni menos- es el ejemplo más completo de este «cristofascismo» del que hablaba Dorothee Sölle, la teóloga alemana, en los años 1970. En contraste con  los guerrilleros españoles de Cristo Rey de la época franquista o de los cristeros mexicanos de las décadas de 1920 y 1930, que eran católicos, los cristofascistas brasileños actuales son evangélicos a la manera gringa tropicalizada, en una palabra, adoradores bling bling de Mammón. Su éxito con los desheredados es similar al de los hijos de los guetos enriquecidos por  diversos tráficos y que regresan al gueto para hacer admirar su Ferrari y sus cadenas de oro macizo. Lo que hace babear a todos los pibes del gueto, que sólo piensan en una cosa: seguir el rastro del boss.

5- Aunque haya aguado su cachaça, el PT sigue siendo una amenaza para el sistema, que ha decidido deshacerse de él, como lo hizo en 1964 con sus predecesores del movimiento obrero y progresista, los partidarios de Getúlio Vargas y Jango (João Goulart). El golpe de Estado fue entonces militar y los generales, coroneles y almirantes tardaron 20 años para realizar la limpieza política y social antes de cambiar los uniformes por trajes y corbatas y «restaurar la democracia», conservando al mismo tiempo el poder económico, compartido con viejos y nuevos oligarcas.

6- El PT, procedente de la clase obrera industrial del triángulo ABC, logró abrirse a las clases medias blancas urbanas, pero no a las masas rurales, a pesar del relevo proporcionado por el Movimiento de los Sin Tierra, ni a las masas urbanas desherdadas, principalmente negras y mestizas, de las favelas. Estas masas se mantuvieron en gran parte bajo la doble influencia de bandas armadas, como la Milicia de Río de Janeiro, un escuadrón de la muerte que se convirtió en un conglomerado empresarial todo azimut que sustituyó al Estado, basado en el modelo del Cártel de Medellín (Pablo Escobar se había pagado el lujo de construir 5.000 «viviendas sociales», lo que le aseguró su indescriptible popularidad) y las iglesias de los iluminados de Dios y otros Gladiadores del Altar, que tienen como una de sus tareas combatir los cultos de origen africano, considerados por ellos como meras  manifestaciones del demonio (que, como se sabe, es negro, con una cola bífida).

7- EL PT sigue siendo un partido de blancos, en un país donde una cuarta parte de la población es negra o mestiza. Y un partido de hombres, llegando incluso a negar el derecho a abortar a las mujeres, por temor a enemistarse con los iluminados de Dios, tanto católicos como evangélicos.

8- Bolsonaro tiene, bajo una apariencia de vacuidad y de nulidad, un programa muy claro, que le fue dictado por sus mandatarios Este programa debería alegrar a todo marxista, dado que tiene por objeto dar razón a Engels: «el Estado es una banda de gente armada». Terminado el Estado-papá benévolo petista, aquí está de nuevo el estado tío-pistolero en todo su esplendor. Excepta la voluntad de restaurar el monopolio estatal de la violencia, el resto debe externalizarse – lo llamamos « outsourcing » -, subcontratando a los Chicago Boys. Aplicaran las buenas y viejas recetas friedmano-thatchero-reagono-pinochetistas adaptadas al gusto actual, como en casi en todo el mundo, en el subcontinente y en otros lugares.

9- ¿Qué debería y que podría hacer el PT para ganar la segunda vuelta de la elección el 28 de octubre? Los analistas brasileños de izquierda son casi unánimes: «debe abrirse al centro», es decir derechizarse aún más. Creo que esto solo haría acelerar su suicidio político. La experiencia universal pone de manifiesto que los electores prefieren siempre los originales a las fotocopias. Las aguas del Jordán en las cuales este partido podría renacer, son las tierras de desherencia del Brasil profundo, el que aprendimos a amar, con Zumbi dos Palmares, Besouro Manganga,  Jorge Amado y su Gabriela, Glauber Rocha y su Antonio das Mortes, Luis Carlos Prestes y su columna, Carlos Marighella y su guerrilla urbana, Marielle Franco y su sonrisa desarmante.

10- En lo inmediato, por lo tanto, Fernando Haddad y Manuela D’ Avila deben dirigirse a los 30 millones de pobres que se abstuvieron de votar en la primera vuelta, para convencerlos de movilzarse el 28 de octubre, si no quieren sumergirse aún más en la desesperación. En lugar de girarse a la derecha, el PT debe, en una palabra, descender de la escala y sumergirse en el magma en fusión de las pasiones populares.

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Imágenes: murales del artista callejero Zoo Project (Bilal Berreni, 1990-2013) en Túnez

Original: Brésil, comme un conte gramscien

Traducido por María Piedad Ossaba

Traductions disponibles : Português/Galego  Italiano  

NdT

Petralla: neologismo para traducir la palabra brasileña petralha, formada por la contracción de petista (miembro o elector del PT) y metralha, chusma.